LIBERALISMO
1. El individualismo doctrina del liberalismo. - El liberalismo ha tenido una preparación remota en el Renacimiento, en el humanismo, en el iluminismo, en el racionalismo y, finalmente, en el individualismo, del cual no es más que la aplicación práctica. En efecto, el individualismo tiende a exaltar el valor del individuo, su libertad individual contra la autoridad exterior, su propia actividad contra la actividad social, atribuyendo a la persona atributos que no tiene (v. Persona humana). Es cierto que hizo posible el desarrollo de muchas fuerzas individuales, pero al mismo tiempo causó la extinción de la unión interior, moral, supraindividual, y por consiguiente de toda la unidad orgánica social. En sus resultados fue un movimiento de desintegración, atomización, proclamando a los individuos suficientes en sí mismos (autarquía) y responsables sólo ante sí mismos (autonomía). La propia conciencia debiera ser el único criterio del bien y del mal. El individualismo se manifiesta principalmente en la religión, en la ética, en la política, en la economía.
El individualismo religioso rehúsa cualquier «credo» definitivo y cualquier sumisión a una autoridad religiosa externa, reivindicando la autonomía de la voz de la conciencia. El individualismo político se basa en el Contrato social de J. J. Rousseau (democracia formal). El individualismo social-económico procede de la teoría de Hobbes, el cual niega la ley natural social, en tanto que afirma que el hombre no es por naturaleza un ser social, sino un ser egoísta. Según el individualismo, por lo tanto, el individuo es la única realidad social, mientras que la sociedad no es sino una realidad derivada, dependiente del arbitrio humano. Estas teorías desarrolladas tomaron cuerpo gradualmente en la vida práctica, en las legislaciones, en las actividades económicas, en las instituciones, y se llamaron liberalismo.
2. Liberalismo como concepción de la vida. - El liberalismo sostiene, por lo tanto, la autonomía de la razón, que es elevada hasta la posición de árbitro de la revelación de la doctrina de la Iglesia. El liberalismo tiene una fe ilimitada en la potencia del entendimiento (inseparable del racionalismo de los s. XVII y XVIII), y niega todo lo que no se puede comprender con el entendimiento; significa, por lo tanto, la secularización de toda la vida pública. El Estado es neutral: él afirma la tolerancia para todas las corrientes de ideas, para todos los cultos; libertad máxima en la ciencia, en el arte, en la literatura, en el teatro, en la economía, etc. La Iglesia sostenedora de los principios de autoridad es expulsada de la escuela, de la injerencia en el matrimonio, etc. El liberalismo cree en la bondad esencial de la naturaleza humana y en su infinita facultad de evolución, así como en la armonía entre los individuos libres y sus intereses. Cuanto más amplia es la libertad tanto más fuerte es el progreso y el orden.
De aquí se llega a la ilimitada autonomía de la economía, ciencia, política, etc.
El liberalismo es, por lo tanto, antropocéntrico: pone al hombre como centro y fin, mientras que la libre evolución de sus facultades naturales es considerada como el sentido de la vida.
4. Liberalismo en la vida económica. - Lo que más impresionó a la masa durante el imperio del liberalismo fueron los principios y actividades desarrolladas en el campo económico. Decaídas las corporaciones el liberalismo proclama que el bien de la sociedad se puede conseguir mejor cuando el individuo autárquico y autónomo persigue únicamente sus intereses (laissez faire). De aquí la libertad de la producción, del contrato de trabajo, del transporte, del cambio, del mercado. Todo se regula naturalmente según la libre oferta y demanda, la libre producción y las necesidades, los rendimientos y los precios (v. Demanda y Oferta [Ley de la]). Esta forma capitalista liberal ha aumentado la producción en una medida insospechada, con progreso técnico enorme, creando así las posibilidades económicas para una población aumentada. Pero ya en la segunda mitad del s. XIX el liberalismo comenzaba a traicionar sus principios en el campo económico con la formación de concentraciones, monopolios (cartells, trusts, etc.) en el mercado del trabajo. Siguieron por reacción los sindicatos de obreros y de dadores de trabajo.
De la competencia se llegó a una lucha de predominio, a la verdadera lucha de clases, con las crisis cíclicas y el caos económico (fue típica la última crisis de 1929). Las características sociales del liberalismo (deshumanización, omnipotencia del dinero, etc.) suscitaron ásperas críticas por parte de los católicos y de los socialistas, aunque estos últimos no llegaron a superar el individualismo que forma la base del liberalismo.
5. La valoración del liberalismo. - El liberalismo en sí es un despertar general de la burguesía como reacción contra el absolutismo político. Es, pues, la lucha por la libertad, por el valor, el honor, el derecho de la persona humana, por la limitación de los poderes estatales, por el libre desarrollo de las fuerzas a punto de irrumpir en la vida. Pero la libertad de la persona no puede ser sin límites. A los derechos han de corresponder los deberes. No existe el individuo aislado, porque con todo su ser, el individuo es miembro de las múltiples comunidades sociales actuales, pasadas y futuras. En el liberalismo se ha exagerado el lado individual en detrimento del social; más tarde el comunismo caerá en el extremo opuesto. Todas las grandes palabras del liberalismo se han mostrado falaces, la libertad y la igualdad significaron esclavitud de millones de seres humanos. La tolerancia religiosa (v.) se convirtió en un anticlericalismo atroz, dando a todas las tendencias subversivas y a todas las pasiones derecho de ciudadanía y amenazando así las bases de la moral y de la sociedad misma.
El liberalismo ha demostrado claramente que la persona humana sin ayuda espiritual se hace esclava de la materia; tenemos una nueva prueba en el bolchevismo, evolución lógica y necesaria del liberalismo. El error capital, por lo tanto, del liberalismo es la ignorancia del misterio del pecado original y del misterio de la redención. Sin la obra de la gracia sobrenatural el hombre no puede ser bueno, como pretendía Rousseau. No hay, pues, libertad sin obligaciones, no hay derechos personales sin deberes sociales. Contra los errores del liberalismo se levantó hace ya más de un siglo la Iglesia. Recordemos el Syllabus de Pío IX (1864), las admirables encíclicas de León XIII (especialmente: Libertas, Immortale Dei, Rerum Novarum) y otros muchos escritos católicos.
6. Corolario. - Sometidos por más de un siglo al liberalismo individualista nos hemos habituado a identificar el liberalismo individual con el liberalismo en general. Últimamente han surgido varias personalidades autorizadas, particularmente Wilhelm Röpke, propugnando un sistema liberal no individualista que ha de ser, por lo tanto, distinto del liberalismo histórico del s. XIX. «Ellos —dice Röpke hablando de sus secuaces— no se apegan precisamente a la forma especial tomada por el liberalismo en la práctica y en la teoría durante el s. XIX, forma que al fin le ha desacreditado sin esperanza. Lo que únicamente les importa es el liberalismo en un sentido más general, impalpable y a través de los siglos siempre eternamente nuevo» (W. Röpke, La crisi sociale del nostro tempo). Este nuevo liberalismo no es sino una tentativa entre otras muchas para liberarse de los errores del liberalismo histórico y al mismo tiempo para rechazar el colectivismo y el totalitarismo político-cultural inseparablemente unido con él como evolución lógica. Per.
Bibliografía
G. De Ruggiero, Storia del liberalismo europeo, Bari, 1945
B. Croce, Storia d’Europa nel sec. XIX, Bari, 1932
J. Messner, Liberalismus, en Staatslexikon der Görres-Gesell., 1929 Wilhelm Röpke, La crisi sociale del nostro tempo, Roma, 1946; id., Civitas humana, Milano, 1947
F. Sardá y Salvany, El liberalismo es pecado, Barcelona, 1891
J. Donoso Cortés, Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, Madrid, 1949
L. Díez del Corral, El liberalismo doctrinal, Madrid, 1956.