LIBERALISMO
Corriente doctrinal compleja, un poco proteiforme, que ha tenido interpretaciones y aplicaciones prácticas muy variadas, no fáciles de ser definidas. El concepto fundamental del liberalismo es la libertad concebida como emancipación e independencia para el hombre, de la sociedad, del Estado, de Dios y de su Iglesia.
Nacido del enciclopedismo, el liberalismo encuentra una justificación filosófica en el kantismo (v. esta pal.), afirmándose como naturalismo y racionalismo (v. estas pal.); pasa con la revolución francesa a la esfera social-política y se manifiesta como democracia a ultranza (pueblo soberano), como separatismo en las relaciones entre la Iglesia y el Estado (la Iglesia libre en el Estado libre), como indiferentismo en materia de religión y de culto, como abstencionismo del Estado en materia económica (dejar hacer a la iniciativa privada).
En la primera mitad del siglo pasado esta corriente peligrosa y errónea se llegó a infiltrar incluso en las filas de los católicos, tomando una forma más moderada e insistiendo especialmente en la separación de la Iglesia del Estado y en la amplitud de miras frente al espíritu de libertad. Es característico el movimiento católico-liberal francés, acaudillado por Félix de Lamennais, seguido fervorosamente por Lacordaire, dominico; por Montalembert y otros. Estos hombres, con la mejor intención, trataron de cristianizar el liberalismo, fundamentalmente enemigo de la religión revelada, pero todos sus esfuerzos fueron vanos.
La Iglesia tuvo que intervenir, primero para aconsejar y después para condenar.
Los principales documentos del Magisterio eclesiástico son: 1) La Encíclica Mirari vos, de Gregorio XVI (1832). 2) La Encíclica Quanta cura, con el Syllabus anejo de Pío IX (1864). 3) Las Encíclicas Immortale Dei y Libertas de León XIII (1885 y 1888).
En el Syllabus (v. esta pal.) se halla la condena explícita y detallada del Liberalismo en el terreno filosófico, teológico, social y político. De este liberalismo clásico se distinguen ciertas corrientes modernas de un tinte liberal atenuado.
León XIII, en sus dos célebres Encíclicas, confirma la condenación hecha en el Syllabus, sosteniendo vigorosamente los derechos de Dios y de la Iglesia frente al individuo y al Estado, que no puede desinteresarse del problema religioso, ni poner a la Iglesia católica en el mismo pie de igualdad que los demás cultos; pero, teniendo en cuenta las dificultades contingentes, no condena al Estado, que por razones de libertad de conciencia permite en su territorio, aun siendo católica la mayoría, el ejercicio de otras formas de religión. Tolerancia por necesidad práctica, semejante a aquella con que Dios tolera el mal al lado del bien en el mundo. Queda, con todo, intacto el principio de la Verdad y del derecho de la religión y de la Iglesia católica en sus relaciones con el individuo, con la sociedad y con el Estado.
Bibliografía
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D’Hulst, , Paris (Poussielgue);
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Sardá y Salvany, , Barcelona, 1884.