JANSENISMO
1. Datos históricos. - El j. es una doctrina condenada por la Iglesia por sus afirmaciones teológicas opuestas a la doctrina ortodoxa. Toma* el nombre de su fundador Cornelio Jansens, obispo de Ypres (1585-1638), que recogió sus ideas sobre todo en el volumen A ugustinus, en el cual trabajó por más de 22 años y que fué editado despuEs de su muerte (1640). El 1 de agosto de 1641 la Sda. Congr. del Indice y de la Inquisición condenó 18 obras de C. Jansens, entre las cuales estaba el oposición, por cuanto que el j. parecía a algunos una forma de compromiso entre el catolicismo y el protestantismo, y a otros espíritus intransigentes les parecía la parte mejor de la reforma católica. Por este motivo siguieron nuevas condenaciones en la bula Jn em in enti de Urbano V III (16 marzo 1642), en las constituciones Cum occasione de Inocencio X (31 mayo 1053) y Ad sacram B. P e tr i Sedem de Alejandro V II (16 octubre 1656). Frente a estas condenas surgió una actitud polémica, con algunos caracteres de cisma en el monasterio de Port-Royal bajo la guía espiritual de Du Vergier de Hauranne, célebre abad de St. Cyran, y la legal de Antonio Arnauld.
En la polémica se mezclaron también Blas Pascal ( Las provin cia les ) y Pedro Ni colé, aunque muy pronto se retiraron. La polémica fué reavivada más tarde por Pascasio Quesnel con sus R éflexion s morales (1671), condenadas por Clemente X (1675); por el opúsculo Un caso de conciencia (que declaraba suficiente frente a la condenación de las proposiciones de Jansenio un silencio obsequioso), condenado también por Clemente X I (12 febrero 1702). Clemente X I renovó además las condenaciones de sus predecesores con la bula Vinearn Sanctam (Denz. 1350) (habiéndose opuesto las monjas de Port-Royal a la bula fueron dispersas y el monasterio derruido, 1710); la bula U nigenitus (8 septiembre 1713), recoge y condena 101 proposiciones de Quesnel, esto es, toda la doctrina teológica, ascética y moral del j. y excomulga a los rebeldes (partido de los apelantes : bula Pastoralis of/icii, 1718). Benedicto X IV renovó la condenación en 1756 con la bula U nigenitus. Los centros de rebelión que quedaron fueron la Iglesia cismática de Utrecht, el movimiento de convulsionarios de San Medardo, etc.
El j. se mantuvo sobre todo en vida por las luchas antijesuíticas, por la política galicana de la corte, por las controversias sobre la gracia y sobre los sistemas morales. En Italia la rebelión fué alimentada por dos cenáculos: en Pavía, centro de idas de Pedro Tamburini, y en Pistoya, campo de experiencia de Escipión Ricci, que dió vida al tristemente famoso Sínodo de Pistoya (1786), del cual se sacaron las 85 proposiciones condenadas por Pío VI con la bula A u cto - rem fid e i (28 agosto 1794).
2. Doctrina moral. - El j. desde el punto fondo se presenta bajo el aspecto de rigorismo. Disminuir la libertad, deprimir la naturaleza para exaltar la eficacia de la gracia es uno de los dogmas del j., al mismo tiempo que se inspira en un concepto de Dios como Señor severo y exigente. La espina dorsal del j. formada por la teología de la gracia, tomada también de Bayo» fué expuesta ampliamente por el mismo Jansenio, mientras que la moral sacramental es más bien obra de Antonio Arnauld y la praxis disciplinaria y espiritual encuentra su campeón en el abad de St. Cyran. Necesariamente para hacer una exposición moral, por sucinta que sea, es necesario recurrir a la doctrina de la gracia para despuEs descender a la síntesis sutil del acto humano hecha por Jansenio y sus secuaces. En la doctrina de Jansenio se parte, como de un presupuesto, de la distinción esencial entre el estado de inocencia y el de pecado y entre el influjo de la gracia en el uno y en el otro, excluyendo como imposible un £stado de naturaleza pura. La idea central M la alternativa irreductible entre la concupiscencia y la caridad : el hombre es atraído por un bien terreno celestial (deleefatio ’ Z>i¿tr LXJ.
La gracia es necesaria para hacer el bien y es necesariamente eficaz. 'Jansenio distingue la gracia de Adán de líai del hombre caído : son gracias intrínsecamente diferentes. La voluntad de Adán era plenamente Indiferente y la libertad era dueña de la gracia : despuEs del pecado, por el contrario, no queda más que la libertad de Ahora es la gracia la que domina, no yá la libertad. Primero hubo méritos huma- Ao#, ahora todos son méritos de Dios. Consecuentemente despuEs del pecado no existe ya la gracia suficiente, porque no es posible que la gracia suficiente se convierta en peido. .f Jansenio se esfuerza, por lo tanto, en demostrar que los teólogos no hacen otra cosa áüe repetir las teorías pelagianas. Las propiedades de la gracia tal cual existe hoy son : ser eficaz, omnipotente, tener una dulzura irresistible de atracción. Es la grafía u ictrix , fcoi'que vence todos los obstáculos. T ra h it quemque voluptas. ’ El bien no puede ser pensado, deseado, seguido sin esta gracia. La lucha entre las dos satisfacciones está en el origen de todas las b b t t x Es falso pensar, como dicen los filósoLos santos son impecables por la delectatio v ic tr ix .
Los demonios pecan, porque tienen continuamente el deleite v ic trix del pecado. La gracia es esencialmente un producto de la caridad y las virtudes no son otra cosa que amor de Dios (identidad entre gracia y caridad; entre caridad y virtud). Las mismas virtudes teologales no son más que formas de la caridad. La verdadera fe no existe sin la caridad. La esperanza misma existe implícitamente en el amor, porque todo amor tiende al bien ausente. Acerca «de la esperanza Jansenio distingue un doble tem or: filial y servil. El temor servil es vicioso como es viciosa la concupiscencia. Cuando S. Agustín y el Concilio de Trento admiten la licitud del temor servil hablan de la contrición perfecta. El temor servil es initium. sapientiae ., pero no sabiduría ; porque impide la acción externa y mueve al pecador a pedir a Dios el verdadero amor. En la concepción jansenista de la gracia difícilmente se encuentra lugar para el libre albedrío. Es la gracia la que da la libertad al hombre. Jansenio tiene un concepto negativo del libre albedrío, Este es una ausencia de esclavitud externa. Una acción está en nuestro poder cuando procede de nuestra voluntad; todo lo que es voluntario es también libre.
Es extraña al concepto de libertad la indiferencia previa. Debemos distinguir solamente entre necesidad interna y externa; la primera no quita la libertad, la segunda sí. El poder de hacer el mal no es esencial a la libertad. Ahora bien, cuanto más se conoce el bien menos se puede escoger entre los diversos bienes. Por lo mismo, Dios y los bienaventurados no son libres, aunque tienen libertad de elección entre diversas cosas, porque pueden hacer únicamente el bien. Ni la libertad de contrariedad ni la de contradicción son necesarias para la libertad.
De aquí se sigue la conciliación de la libertad con la gracia. La verdad no se encuentra ni en el tomismo ni en el molinismo. El tomismo tiene razón cuando afirma la gracia eficaz, pero esta gracia efica? no es otra cosa que el acto de voluntad. La gracia no espera el consentimiento de la voluntad, sino que lo produce. Gracia y obras buenas son sinónimos. Toda gracia obtiene su efecto.
No todas las gracias, sin embargo, son iguales y algunas parecen no tener efecto; unas están destinadas a producir.una veleidad, otras un propósito firme, pero la gracia es siempre hace más que fomentar la soberbia : es una gracia monstruosa, porque no produce Jamás su efecto. Si Dios no da siempre la gracia para que podamos cumplir con sus preceptos es para inducirnos a la humildad. Cuando £1 da la gracia obra un acto de misericordía; cuando no la da obra su justicia, porque el hombre, sin la gracia, no tiene derecho a la gracia.
a) No se puede hacer el bien porgue el libre albedrío es esclavo de la concupiscencia; la gracia, por lo tanto, es la liberadora de la concupiscencia. ·
b) Hay necesidad de cometer el mal; en efecto, sin la gracia todo precepto induce necesariamente al pecado en toda acción. Sin la gracia no puede existir tampoco la lucha, por lo tanto es necesaria la caída. Sin la gracia la misma victoria no puede estar libre de pecado, porque se lucha o por soberbia o por temor carnal. Luchar por la virtud, en cuanto tal, es un principio de soberbia : sólo la caridad es justicia, y da el poder de realizar el bien. La ley mueve al pecado no sólo porque aumenta la concupiscencia, sino también porque hace obrar por amor de sí. La sola ausencia de la fe hace que todas las obras de los infieles) sean, pecado. El infiel no puede tener ninguna virtud, no porque no pueda tener la repetición de actos, porque entonces tendría por lo menos el principio de la virtud, en tanto que todos sus actos ya tnchoatiue están corrompidos. De todo lo que llevamos dicho es fácil argüir, el j . : a) lleva al fatalismo teológico; b) humilla la justicia de Dios, en cuanto que la concupiscencia sería imputable a Dios; c) del fatalismo teológico es fácil pasar al determinismo psicológico, y de aquí a la destrucción de la libertad y por lo tanto de la imputabilidad.
En el plano de la moral sacramental los sacramentos para los jansenistas exigen demasiada perfección en los que ios reciben, por ser medios adecuados para sostener la debilidad humana, que tiende irresistiblemeñte al mal y que puede ser detenida en su caída solamente por la violencia de la gracia, ya que la naturaleza humana, despuEs del pecado original, quedó mutilada. Compréndese así el rigorismo en admitir a los sacramentos. No se ha de proponer ningún otro medio, sino hacer penitencia, esforzándose por asegurar, por su medio, la predestiana, según la doctrina jansenista, consiste totalmente en esto. Pal.
Bibliografía
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