Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ESTUPEFACIENTES

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1. Premisas. - Se indican con este término aquellas drogas que obrando electivamente sobre el sistema nervioso producen estados de embriaguez y estupor, suprimen dolores, dan una sensación de vigor y de bienestar y producen otras manifestaciones subjetivas, por lo general agradables. El peligro, más aún, el daño gravísimo producido por estas drogas consiste sobre todo en el hecho de que, aunque las primeras veces se tomen con un fin sedativo y analgésico, se convierten rápidamente en una necesidad y muy pronto se crea un hábito, haciéndose preciso aumentar cada vez más las dosis, para obtener los agradables efectos de las primeras tomas o, finalmente, para evitar los trastornos de diverso género que surgen cuando se suspende el uso de la droga. Pero el abuso de e. — que como hemos dicho se convierte en una necesidad— produce alteraciones cada vez más graves, las cuales aunque varían algo según la droga que se use desembocan finalmente en una condición de grave caquexia, acompañada del decaimiento de todas las facultades mentales.

Por otra parte (y esto se ha demostrado recientemente sobre tejidos cultivados in vitro), con el tiempo muchos e. se convierten para las células del organismo en factor necesario, en ausencia del cual se alteran, justificando así el brote de diversos y graves trastornos de abstinencia (malestar profundo, temblores, inapetencia, insomnios, vómitos, crisis cardíacas, etc.) que junto con los trastornos psíquicos hace prácticamente imposible al sujeto abandonar espontáneamente la droga, más aún, le obligan a aumentar el consumo, remachando la cadena que fatalmente le amarra. Así se produce y estabiliza la llamada intoxicación voluptuaria, responsable de tantos sufrimientos, de tantos males, de tantos delitos.

2. Datos histórico-etnológicos. - El uso de drogas voluptuosas se remonta a la antigüedad y se ha desarrollado aun entre los pueblos primitivos y salvajes. Se puede afirmar que cientos de millones de hombres fuman o injieren opio (jugo obtenido del Papaver somniferum ), y otros cientos de millones, especialmente mahometanos, en sustitución del alcohol prohibido por las leyes coránicas, hacen uso del haschisch (obtenido de las flores y hojas de la cannabis indica). Esta última droga fué empleada también hace muchos siglos por los mejicanos y recientemente se ha difundido su uso por los Estados Unidos ( marihuana). En América del Sur otros millones de indígenas mastican las ' -hojas de la coca, mientras que los indios obtienen de una clase de acacia un polvo que introducido en la nariz determina una embriaguez tan fuerte que llega a producir un estado maníaco. k · En Europa los e. parece que fueron introducidos por los militares franceses que volc a n de la guerra de Indochina, donde aprend iero n a fumar opio y masticar haschisch.

Descubierta la morfina (1806), alcaloide del opio, éste fué casi suplantado por aquélla, de más rápido efecto y de uso más fácil después de la invención de la jeringuilla para inyecciones hipodérmicas. En 1880 Berkely, involuntariamente, al introducir el uso de la cocaína para desenviciar a los morfinómanos, dio origen al cocainismo, que se generalizó de una manera impresionante cuando de las inyecciones se pasó a la aspiración de la droga. Se ha de notar a propósito de estos dos últimos y más difundidos e. que los morfinómanos suelen iniciarse por razones terapéuticas, mientras que los cocainómanos son auténticos viciosos, de donde se justifica el dicho de que en el morfinismo se entra por la puerta del dolor y en el cocainismo por la del placer. Otras dos sustancias de origen sintético recientemente introducidas en terapéutica, y que la experiencia ha demostrado que pueden producir los nocivos efectos de las toxicosis voluptuarias, son la meperidina y el metadón.

Sin embargo, la experiencia ha demostrado que también estos fármacos pueden producir los nocivos efectos de las otras toxicosis voluptuarias.

El alcoholismo (v.) presenta muchas afinidades con las intoxicaciones voluptuarias; más todavía las presenta el eterismo, no raro entre los pueblos de lengua inglesa, debido a ingestión.de éter etílico (o éter sulfúrico) y que lleva bastante más rápidamente que el alcoholismo a graves alteraciones somáticas y psíquicas.

3. Datos clínicos. - Hablando de intoxicaciones voluptuarias o, con menos propiedad, de toxicomanías — ya que aquí el término mania no se entiende en su correcto significado (v. Distimia, Manía), sino como afición desordenada a las drogas tóxicas—, nos referimos sobre todo para los pueblos de raza blanca a la morfina y a la cocaína: los dos e. de mayor y más deletéreo empleo. Limitaremos también, por razones de brevedad, nuestros datos a estas sustancias.

a) M orfinism o. Mientras que el hábito de fumar el opio (China), o de comerlo (Oriente Medio y Turquía), o de beber láudano (que es una tintura de opio usada como estupefaciente sobre todo en Inglaterra) no va acompañado en general de graves alteraciones, el uso de la morfina, que es el alcaloide puro del opio (o el de la heroína, que es un derivado de la morfina muy en auge en los Estados Unidos), es nocivo en sumo grado. Al principio bastan pequeñas dosis para dar todas las ventajas de la morfina: no sólo cesan los dolores físicos, sino que se experimenta un estado de plácida euforia, la sensación de que todas las dificultades de la vida han desaparecido y en los intelectuales una facilitación del trabajo, que, junto con la profunda sensación de bienestar y descanso, inducen a perseverar en la toma del fármaco después de haber cesado en pocas horas sus efectos aparentemente benéficos.

Bien pronto, por las razones ya señaladas, hay que aumentar las dosis y no tarda en presentarse el cuadro cada vez más grave del envenenamiento crónico: trastornos gastrointestinales con náuseas, vómitos, alternativas de estreñimiento y de diarrea; adelgazamiento progresivo, anemia; trastornos cardioneuróticos, miosis, parestesias, tremores, impotencia, insomnio; pérdida de la memoria, abulia, indiferencia y desinterés incluso por la familia y los asuntos propios; además una profunda alteración del sentido moral que no aparta al morfinómano de ninguna bajeza, con tal de conseguir las ampollas del alcaloide. En pocos años el sujeto queda reducido a un despojo humano, precozmente envejecido, trémulo, sin empleo, sin dignidad, con el cuerpo cubierto por cicatrices debidas a los frecuentes abscesos producidos por las inyecciones que el enfermo en los últimos estadios se practica introduciendo la aguja a través de las mismas ropas, para aplacar de algún modo el hambre de morfina que invade todo su organismo.

Sus energías supervivientes se dirigen exclusivamente a la busca de la droga y termina antes de tiempo su existencia por un repentino colapso cardiocirculatorlo (de abstinencia aguda) o atacado por la tuberculosis o por cualquier otra grave enfermedad a la que el organismo no estaba ya en condiciones de oponer resistencia ninguna.

b) Cocainismo. La cocaina es un alcaloide que se extrae de las hojas del erythroxylon coca (arbusto cultivado principalmente en la América Centromeridional). Su polvo se inhala para fines voluptuarios, como se hace con el rapé; esta inhalación es desde el principio motivada por intentos viciosos, nunca por razones terapéuticas. La primera toma de. cocaína determina una euforia, sensación de ligereza, de poder, de superioridad, fenómenos de excitación psíquica y sensual, ideación vivaz, expansibilidad, locuacidad, etc. Sigue un largo estado de profunda prostración física y mental que induce al sujeto a repetir la dosis. Continuando inhalando la droga, la depresión que sigue al

4. N o t a s t e r a p é u t ic a s. - El toxicómano no puede ni debe ser curado a domicilio, ya que las curas consisten — en último análisis — en la supresión, más o menos rápida, de la droga usada, y esta supresión determina siempre los ya mencionados trastornos de abstinencia, a los cuales un pariente demasiado compasivo, un amigo complaciente o, más frecuentemente, un interesado, movidos por las quejas o por el dinero d eí sujeto, fácilmente ponen remedio suministrando otra droga y frustrando de este modo los trabajos del médico. La cura se basa, pues, en la reclusión en un hospital psiquiátrico o en una casa de cura especializada; el personal sanitario habra de ser de probada incorruptibllidad y la vigilancia rigurosísima.

Deshabituar el organismo al estupefaciente, expeler los productos tóxicos eventualmente fijados en sus tejidos, hacer frente a los trastornos de la abstinencia (sosteniendo el corazón, calmando los nervios, etc.), son los fines del desviciamiento, que no está exento de dificultades y de peligros en los morfinómanos, mientras que es rápido y fácil en los cocainómanos, en los que suelen faltar periodo de euforia se hace cada vez más grave, por lo que el cocainómano se ve obligado a tomas cada vez más frecuentes y generosas; pero al mismo tiempo se verifica el rápido decaimiento general del individuo.

Alteraciones de la mucosa nasal (tumefacciones, inflamaciones, ulceraciones, epístasis), de la función digestiva (gastroenteritis, inapetencia, etc.) y cardiorrespiratorias (estaticardia, crisis anginoides, bronquitis subagudas y crónicas), trastornos nerviosos (midriasis, pérdida del olfato y disminución del gusto, tremores, impotencia, finalmente accesos epileptiformes) y sobre todo desórdenes psíquicos (evidentes desde el principio por la falta de criterio, el taquipsiquismo de tipo hipomaniacal y el decaimiento de la voluntad que se manifiesta en desórdenes de la conducta, en alucinaciones de diverso género, en delirios de persecución, de grandeza, de celos, etc.), son las miserables características del cocainismo crónico, que hace tomar a los sujetos el aspecto del tuberculoso y del loco.

Los cocainómanos mueren precozmente, o como consecuencia de un cocainismo agudo (en que el envenenamiento letal es efecto de la toma de una dosis demasiado fuerte de alcaloide), o por suicidio, o — al igual que el morfinómano— por enfermedades nacidas cuando el organismo, reducido a un estado de marasmo, no está ya dotado de defensas biológicas. los fenómenos orgánicos debidos a la abstinencia. Alguna aplicación de electroshock o algún día de sueño (v. Narcoterapia) facilitarán la deshabituación. Sin embargo, una vez obtenido el desviciamiento y logrado, incluso con curas físicas y reconstituyentes, un notable mejoramiento en las condiciones generales del sujeto que no se siente ya esclavo de la droga, no se puede hablar todavía de curación. De hecho son frecuentes las recaídas, especialmente en los cocainómanos (lo cual es comprensible dada su Indole y el ambiente en que viven ); y estas recaídas suelen estar en razón directa de la gravedad de la intoxicación precedente.

5. Comentarios ético-jurídicos. - Privarse sin motivo o con motivo puramente hedonístico del uso de las facultades superiores (entendimiento y voluntad) es gravemente ilícito (v. Drogas voluptuarias) y socialmente peligroso. Las leyes penales castigan con graves sanciones a los que, fuera de los farmacéuticos, productores y comerciantes autorizados, vendan o suministren sustancias estupefacientes, y castiga igualmente a los médicos que lo receten sin las formalidades especiales para esta clase de medicinas (R. D. 30 abril 1028). Cuando, se trate de drogas tóxicas o de estupefacientes se impondrán al culpable las penas inmediatamente superiores a las señaladas en los tres artículos anteriores (CPE, art. 344). En la ley relativa a vagos y maleantes de 4 de agosto de 1933, se establece que podrán ser declarados en estado peligroso sometidos a las medidas de seguridad de la presente ley (0.®) los ebrios y toxicóma nos habituales. En el cap. 2.a de esta misma ley se establecen (3.°) como medidas de seguridad, entre otras, las del asilamiento curativo en casas de templanza por tiempo absolutamente indeterminado; la cual se aplicará a los ebrios y toxicómanos habituales (cap. 3.° art. 6, n. 5).

Tr. Como quiera que la ley tiene muchos escapes, no creemos se aplique con la frecuencia que se debiera. Cábeles en esto gran responsabilidad a los farmacéuticos y médicos, por n a falsa compasión, por debilidad de carácter, por temor al escándalo una vez dado primer paso en la suministración o venta drogas, etc. Permítasenos ahora alguna sugerencia respecto de la conducta que en punto a toxico- /0*oía habrá de seguir el médico, el cual excluidos los casos de comercio clandestin o de e.— es el iniciador involuntario de muchos sujetos, introduciéndolos en los paraísos artificiales del opio y de sus derivados y sustitutos. En todas las aplicaciones de la morfina, que es el estupefaciente dotado de mayores cualidades analgésicas, téngase presente la facilidad con que puede instituirse un estado de hábito: úsese con la mayor parsimonia, y fuera de los casos de urgencia (hemotisis, cólicos graves, etc.) recúrrase a ella sólo después que hayan fallado los analgésicos comunes privados de propiedades estupefacientes; aun en este caso convendrá suministrarla sin que el enfermo se entere y con la máxima moderación.

Siempre que sea posible la inyección de morfina ha de ser practicada por el mismo médico, que de este modo quedará más tranquilo acerca de los riesgos de una incipiente habituación y podrá evitarlos mejor. Sólo en caso de enfermedades incurables y muy dolorosas el médico, cuando no sea indicado el recurso a la cirugía del dolor (v. N eurocirugia), podrá conceder la morfina con mayor amplitud, pero siempre bajo control vigilante en consideración al hecho de que la analgesia ayuda física y moralmente al enfermo y puede llegar a prolongar su existencia. Si el médico, por comprensibles razones de reserva y también de caridad, puede justificarse cuando no denuncia a un cliente en que reconoce una condición de toxicomanía, no podrá por ningún motivo darle jamás una receta de e.; de esta manera evitará el contribuir a ayudarle a caer en el desastre.

Más bien si se da cuenta de que el individuo se encuentra al borde de un colapso de abstinencia suminístrele él mismo la mínima cantidad de estupefaciente que juzgue indispensable para la superación de la crisis» después indúzcalo, amigablemente, pero con firmeza, a recluirse en un instituto para el desviciamiento, amenazándole si es necesario con la denuncia si no pone en práctica su consejo. Si todos los médicos siguen constantemente estas normas de honestidad la plaga de la morfinomanía (y tóxicos afines) podría sanarse a la vuelta de muy pocos años. Por lo que se refiere a los posibles delitos cometidos por el toxicómano, v. Alcoholism o. Riz.

Bibliografía

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E. BogaifELLí, Cuerpo y espíritu, Roma, 1051 J. Püig, Los estupefacientes, en Estudios (Buenos Aires, 1929). 19-28 R. G. pessagko, Problemas actuales de toxicomanía, en Rev. de Ciencias jurídicas y sociales (1949), 101-102.

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