ESTUDIANTE
1. Deber del estudio. - Llámase e. a aquel que se dedica a la adquisición de una ciencia o de una cultura particular por medio de una forma metódica y disciplinada. El estudio es un deber para el cristiano, ya que no puede descuidar la ciencia ni la cultura para satisfacer las obligaciones de la vida, como hijo fiel de Dios. El cuidado del desarrollo de la vida intelectual es uno de los deberes del cristiano para con su propia personalidad. Este deber-obligación es esencialmente personal y varía por lo tanto de un individuo a otro, dependiendo de dos circunstancias principales: a) de la posición del individuo en la sociedad; b) del nivel general de cultura propia de la sociedad en que uno vive o habrá de vivir en calidad, p. ej., de técnico, médico, obrero, etc. Por esta razón todo joven e. debe considerar como deber estricto el de procurarse la cantidad de conocimientos de cultura y de habilidad técnica indispensable para responder a las exigencias de su profesión y para ser un miembro útil a la comunidad.
Por este motivo el que se presenta a una profesión sin la indispensable preparación no sólo peca contra los deberes que toma a su cargo, sino que es también responsable de los daños que de su insuficiente formación se pueden derivar. Será además culpa suya si la profesión no le da aquellas satisfacciones que podría esperar y que son indispensables para un trabajo eficaz y provechoso.
2. Instrucción religiosa. - V. esta voz.
3. Obligaciones particulares. - Todo e., además del deber personal del estudio como miembro de la sociedad, tiene obligaciones particulares también para con otros.
a) Para con sus padres o tutores que cumplen (como obligación propia y natural) con el deber de dar instrucción a sus hijos: el e. tiene para con éstos la obligación de la gratitud, del reconocimiento y también el deber de justicia por los gastos que hacen por él. Se haría por lo tanto culpable si frustrase los gastos e hiciese infructuosa la diligencia de sus padres para darle educación.
b) Para con sus maestros, los cuales asumiendo la responsabilidad ante los padres y el Estado de la instrucción de los jóvenes tienen derecho de éstos: 1) al respeto, que debe manifestarse sobre todo en las palabras y en la conducta interna y externa. Faltaría, por lo tanto, aquel joven que se burlase, calumniase o provocase a ira a sus profesores. Estos dichos o hechos pueden llegar a pecado grave si no son motivados por la ligereza, imprudencia o inconsideración; 2) al amor y obediencia, en todo lo que no vaya contra la ley de Dios y el dictamen de la conciencia cristiana.
c) Para con los compañeros, en cuanto que ninguno debe cooperar a la indisciplina escolar o impedir a otros el estudio y la asistencia a las clases, esparcir escritos o impresos contra las buenas costumbres, etc. Todo e. debe tener presente dos axiomas: a) el trabajo de la escuela (esto es, el estudio) no ha de servir a los padres o maestros, sino a sí mismo; b) el saber que no se nos da como don, sino como conquista. El estudio en cuanto tal no dispensa ni del precepto del ayuno ni mucho menos de asistir a la Sta. Misa los días de fiesta; ni da derecho a la lectura de cualquier libro (v. L ibros prohibidos) sin las debidas licencias; y aun en este caso prevalece siempre la ley natural y divina por la cual todos están obligados a huir y alejarse de las ocasiones peligrosas (can. 1405).
4. Conducta escolar. - Toda escuela es y debe ser una familia de la cual todos los miembros no forman más que un alma, un espíritu,· un corazón. Entre profesores y alumnos debe establecerse una corriente no sólo de instrucción, sino también de afecto, de calor y de luz, por lo cual la desatención y la indiferencia y pasividad absoluta constituye uno de los graves daños intelectuales y morales. La regla de la escuela por parte de los estudiantes debe ser la docilidad que comprende dos cosas que se suceden y se entrelazan: el responder y el escuchar.
a) Escuchar; pero para escuchar es necesario guardar silencio, que además de ser una virtud es también una fuerza. Silencio externo o físico, unido al silencio interno que se llama recogimiento, y es el más importante para la adquisición de la ciencia.
b) Responder honradamente, esto es, con dignidad, gentileza, buena gracia, exactamente todo lo que uno sabe acerca de lo que se le pregunta. Reflexionar sobre la pregunta y decir después sin precipitación ni vacilación y expresándose correctamente lo que uno sabe. Tar.
Bibliografía
G. Colonnetti, Dalla scuola alia pr o fessi one, Milano, 1945 A.
D. Sertillajíoes, La vita intellettuale, Roma, 1948
J. López O h tiz, La responsabilidad de los universitarios, Madrid, 1956
F. Sánc h e z-M a r ín, El intelectual católico, Madrid, 1953.