DEPORTE
completo
1. Noción. - La palabra d. procede del vocablo disport, anglosajón, y disport, francés antiguo, que significaban «dejar aparte el trabajo (o una ocupación seria) para ocuparse en el juego». Así el d. significó la diversión agradable, la recreación, después diversión procurada en la caza mayor, en la pesca, la participación en juegos, ejercicios, especialmente de carácter atlético al aire libre y también colectivos. To make sport era procurar la diversión, las exhibiciones de valor en el ataque y en la defensa, el juego o una forma particular de diversión, especialmente al aire libre, que contenía algún ejercicio; en el plural significaba las competiciones atléticas, como espectáculos de sociedad. De esta evolución histórica se llegó al concepto moderno de d.
2. Sujeto del d. - El hombre sujeto del d. tiene una triple vida: vegetativa como sustrato de la sensitiva, ésta a su vez sustrato de la vida intelectiva. Por el vínculo fisiológico que existe entre la vida vegetativa y la sensitiva comprobamos perfectamente su mutuo influjo. Los estudios de médicos y psicólogos muestran en efecto el gran influjo de la constitución física en las acciones humanas, tanto por el sistema nervioso central, médula espinal, médula oblongada y cerebro, de donde resulta que ciertas regiones de la corteza gris están ligadas bastante estrechamente con ciertos procesos psíquicos, como por la composición humoral, sobre todo glandular y hormonal, la cual obra a través de las facultades sensitivas sobre ei entendimiento y la voluntad. Más clara aparece la relación de la constitución física con las pasiones. El alma intelectual, que es la forma esencial del cuerpo humano, es la primera en la jerarquía de los valores; la sensación y la vida vegetal en cambio son operaciones orgánicas.
Para que esta jerarquía de valores quede a salvo en el d. como en toda la educación física, se trata de dar al alma un organismo fuerte y procurar una m ens sana in corpore sano; se trata no de hacer el d. por el d., de desarrollar el cuerpo por el cuerpo, sino el cuerpo por el alma, sin la cual el cuerpo es nada, como lo demuestra el cadáver inerte; pero también cuando el cuerpo está enfermo, el alma se resiente, porque ya no puede ejercitar bien sus elevadas funciones. Se trata, por lo tanto, de hacer que lo material sirva a lo espiritual. El d. es una ejercitación opuesta al trabajo profesional. Sin embargo, tal como hoy se va divulgando en todas sus categorías, es preferentemente espectáculo para la gente y trabajo profesional para el que lo practica.
3. H is t o r ia y o r ie n t a c ió n h is t ó r ic a de l de por t e. - Desde la venida del cristianismo, y podemos decir también desde el Antiguo Testamento, la cultura física tuvo una guía justa y fue la vigorización del cuerpo al servicio del espíritu. Para los griegos había sido solamente la armonía del cuerpo con el alma, pero una religión idólatra, como era la griega, en la cual los mismos dioses participaban de los vicios humanos, no hubiera podido llegar jamás a las grandes metas que la palabra eterna señaló al d. Mucho menos los romanos que en sus ludi y muñera y en las termas rebajaron el concepto de la moralidad a limites insospechados. Fué éste el momento de la renovación. El primero que dirigió sus ojos a las manifestaciones atléticas de los griegos fue San Pablo. Éste nos describe nuestra vida como una palestra de honestidad en que hemos de dar prueba de nosotros y merecer la corona eterna.
San Pablo, en la 1.a a los Corintios (9, 24-27), recuerda los juegos ístmicos en honor de Poseidón, que cada dos años presenciaban los corintios, donde los atletas de todo el mundo helénico mostraban su habilidad en la carrera, en el salto, en el lanzamiento del disco, en el pugilato y en la lucha. En la competición, observa él, todos corren del mejor modo posible, así emplean sus mayores energías, tanto las del cuerpo como las del espíritu, pero uno solo recibe la corona de la victoria. «Corred, pues — concluy e —, a fin de recibir el premio.» Otra alusión a los d. de su tiempo nos la ofrece San Pablo en la 2 / a los Corintios (4, 7-10): «pero nosotros poseemos este tesoro en vasos de barro, a fin de que la superioridad del poder sea de Dios y no de nosotros. Nos encontramos atribulados de todas formas, pero no oprimidos; vacilantes, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; abatidos, pero no extinguidos». La lucha o cualquier otro aspecto dé los juegos atléticos eran motivos usados muy a menudo para la decoración de los vasos de alfarería.
Es muy probable que el Apóstol, en el texto citado, haga alusión a los movimientos rapidísimos de la lucha, la cual se presentaba siempre tanto en los cuatro grandes juegos (Píticos, Istmicos, Ñemeos, Olímpicos), como en los provinciales. La prueba decisiva en el pentatlón era la lucha y por esta razón esta victoria era la más gloriosa. En la 1 / a Timoteo (4, 7-8) dice: «ejercítale en la piedad: porque los ejercicios físicos son útiles para muy poca cosa, mientras que la piedad es útil para todo, teniendo en su favor las promesas tanto para la vida presente como para la futura». c Es, pues, San Pablo adversario de los ejercicios físicos? No. La ascética de los atle tas es útil para todos, pero ésta no basta. Los ejercicios, como la carrera, la lucha, sirven en primer lugar para tem plar el cuerpo en la robustez y agilidad para poder adquirir el premio terreno, pero el cuerpo mismo es una cosa que pasa, tiene por lo tanto una utilidad limitada, mientras que la piedad (vida espiritual) es útil para todo. Desde entonces la Iglesia siguió siempre esta línea: elevar, ennoblecer cristianamente el concepto del d. Porque, ¿qué es el d. sino una de las formas de la educación del cuerpo? (v.
C ultura física). Ahora bien, esta educación está en relación estricta con la moral. Los Padres Apostólicos continuaron usando el lenguaje deportivo sólo como simbolismo, pero bien pronto llegaron los Apologistas y combatieron la idolatría de los juegos griegos, los cuales, habiéndose convertido en cruentos en Roma, habían hecho del. atleta un gladiador y por lo mismo un homicida. Del militarismo romano y de la simplicidad bárbara nacen las bellas costumbres medievales y de una mezcla de recuerdos clásicos, endulzados pola fe cristiana, salió el caballero a quien la cultura física sirvió para ejercitarse en los torneos y en los juegos de las cortes medievales, evitando el hacer daño a su sem ejante; más aún, protegiendo a los débiles y a las mujeres. Así llegamos al humanismo. Los hombres doctos indagan en sus estudios el pasado del mundo clasico que el Renacimiento volverá a sacar a la luz. En aquel resurgir de las olvidadas concepciones paganas vuelven a florecer también las ejercitaciones físicas y los juegos, especialmente la pelota. Se descuidaron, sin embargo, los valores morales.
Vemos surgir entonces los grandes santos como Ignacio de Loyola, Felipe Neri y otros que se ocuparon de la educación de la juventud dando la importancia justa y precisa a los ejercicios físicos y a las competencias y juegos deportivos. Uno o dos siglos mas tarde, con Locke y Rousseau, la educación general, y por lo tanto también la física, se apartará del concepto religioso y en esta directiva se basará gran parte de las corrientes modernas. El cristianismo, proclamando la igualdad de todos los hombres, basada en su alma inmortal, combatió la crueldad de las luchas de los gladiadores y la vanidad y pasión desenfrenada por las carreras en los estadios, que no conferían ciertam ente la salud física a los concurrentes ni educaban tampoco su carácter ni el de los espectadores. Dejando aparte los d. en la antigüedad y acercándonos más a nuestros tiempos, el siglo xvm, que vió surgir la técnica y suplantar con diversas aplicaciones el trabajo del hombre con las máquinas, vió iniciarse también el gran desarrollo del d.; como sana actividad recreativa después del monótono mecanicismo del trabajo.
En la segunda mitad de este siglo comenzaron a formarse las prim eras asociaciones gimnásticas y deportivas. La gimnástica, como parte necesaria indispensable de la educación, entró también en las escuelas. Inglaterra con la F oot-ball League, fundada en 1888. inició el profesionalismo, el cual degenerará, especialmente en otros Estados, que no tenían la misma tradición deportiva» basada en el espíritu caballeresco. El d. cesa para muchos de ser tal y se convierte en una batalla, un espectáculo, un comercio y algunas veces en un exponente político con todo sus excesos.
4. Valoración moral. - Para otros aspectos, v. otras voces, como: Deportes peligrosos, D eporte fem enino y prom iscuo. Por lo que se refiere a los Justos limites de una sana cultura del cuerpo, v. Cultura física; por lo que se refiere a la promiscuidad en las competiciones, v. Educación, D esnudism o, Sexo; por lo que se refiere a ciertas formas de degeneración en las diversiones, v. A crobacia, D iversiones. Aquí tratam os de dar tan sólo una valoración moral de fondo, que no es difícil después de haber examinado históricamente la acción moralizadora del cristianismo en este sector. La gimnasia y el d. considerados en si mismos, además de vigorizar el cuerpo, constituyen a menudo un medio providencial de derivación de energías exuberantes que podrían desembocar en el mal y una sana terapia para temperamentos enfermos. Pero para que respondan a su fin y no contradigan a los intereses superiores del individuo es necesario que sean proporcionados a las condiciones físicas de cada uno, respeten las diferencias fisiológicas y ppsicológicas de ambos sexos y observen en todo, en el tiempo, en el modo y en la valoración, la jerarquía de los valores.
Se ha de denunciar ante todo la degeneración brutal que están sufriendo de algún tiempo acá algunos d. y el carácter combativo, la introducción de competiciones y de formas deportivas que tienen por único fin el solicitar los más bajos instintos del público (p. ej., las competiciones mixtas de hombres y mujeres), y también el papel cada vez mayor que se da en el d. al factor lucro, factor que ha reducido a los atletas a la condición de mercancía preciosísima y ha creado el «divismo deportivo». En los mismos ambientes deportivos, nacionales e internacionales, no siempre se ha asistido pasivamente al favor que han encontrado algunas formas y modalidades deportivas, que están dando a los estadios modernos un aspecto circense. Esta degeneración no puede menos de preocupar a todos, ya que falsea sustancialmente la misma definición o mejor la misma finalidad primera del d.: favorecer la formación integral del hombre, potenciando sus facultades psicomorales. Pal.
Bibliografía
L. Gedda, Lo sport, Milano, 1931 L. Fornas, C hristiana cultura corporis cultu speciali respectu ad modernum sport. N atura et moralitas, Roma, 1947 Pió XII, Discurso al Congreso científico nacional del deporte y de la educación física, 28 noviembre 1952
id., Discurso a los dirigentes de las Asociaciones deportivas italianas, 16 mayo 1953
id., Discurso a los dirigentes y miembros del Centro deportivo italiano, 9 octubre 1955 F. J. C o n h b lle, Honesty in sports, en American eccles. review, 127 (1952). 385-387 E. Orriols, El deporte ante la luz de la verdad moral Vich, 1951 A. se C a b tro Albarrán, Concepto pagano y concepto cristiano de nuestro cuerpo Salamanca, 1942.