DEPORTE FEMENINO Y PROMISCUO
completo 1. ¿Puede y debe la mujer practicar los deportes? - Siendo el deporte una ejercitación personal, por la que se aspira al máximo rendimiento, se ha de responder que el deporte es preferentemente para el hombre. El deporte, creado por los hombres, es expresión de la fuerza física, psíquica y moral, preferentemente del hombre. En algunos países las mujeres, movidas por la emancipación, han querido competir también en este campo con los hombres; pero respecto de las fuerzas físicas, esto es imposible. ¿Y desde el punto de vista psicológicomoral? La mujer debe poseer sus virtudes propias y especialmente las que son necesarias para poder cumplir con su misión de madre o una de las profesiones convenientes a la naturaleza femenina. En 1935 el Episcopado de Alemania proclamó que las exhibiciones y las competiciones de las jóvenes y de las mujeres son rechazables: muchos se burlaron de estas palabras pensando que la Iglesia no era moderna.
El papa Pío XI, con ocasión del I Concurso gimnástico-atlético nacional femenino de las Jóvenes Italianas en Roma, en 1928, deploraba que en la ciudad santa del catolicismo, después de 20 siglos de cristianismo, se hicieran los concursos gimnásticos y atléticos de las jóvenes que en la Roma pagana habían sido excluidas de tales concursos, lo cual se encuentra en viva contradicción con las delicadas exigencias de la educación femenina. También el Episcopado Bávaro, en 1931, insistió en las normas ya dadas (4 octubre 1931), y otras similares fueron dictadas en 1934 por el Episcopado de Suiza (Die Schw eizer Bischöfe über moderne Sittlichkeitsfragen, en Die Winterthurer «Hochwacht», 21 Junio 1934, citado en Schönere Zukunft, 9 [1933- 1934], p. 1108). Los tiempos han requerido una suavización en estas normas; el deporte hoy se encuentra introducido aun en las escuelas; en ciertas formas ha sido hecho obligatorio incluso para las mujeres. La Iglesia no ha podido sustraerse. El papa Pío XII, en una de sus alocuciones, dice: «Nos hemos aprobado que también a la juventud femenina se le dé en sus propias organizaciones la posibilidad de una sana actividad deportiva.
En caso contrario, ¿en dónde se encontrarían algunas tal vez tentadas a ir a buscarlo? No se atreve uno a decirlo, pero demasiado lo comprendemos» (A los párrocos y predicadores cuaresmales de Roma, 8 marzo 1952). El problema que subsiste es; ¿qué deportes puede practicar la mujer? ¿Cómo los debe practicar? Se ha de recomendar ante todo la corrección en el vestido deportivo femenino, unida a la practicidad. No se trata de medir el centímetro, asunto en el que se ha de ocupar el sastre o la modista, sino que hemos de notar que algunas veces no se mantienen ni psiquiera las normas dadas por los reglamentos técnicos, tanto para el atletismo ligero como para la natación, lo cual es un indicio claro de poca moralidad. La Sta. Iglesia, para ser fiel a su misión, combate enérgicamente a los que quieren destruir la barrera natural de la castidad contaminando así moralmente a las futuras madres y a las futuras maestras de los jóvenes.
De aquí las normas de los Obispos de todo el mundo, de aquí la palabra de los Pontífices en sus discursos y encíclicas, de aquí las instrucciones de la Sda. Congr. del Concilio (AAS, 22 [19301, 27; cfr. H.
Michaud, Pour une théologie du vétem en t, en Revim apologétique, 64 [1937], p. 55-60), que condenan aquellos vestidos demasiado cortos o transpárenles o ponen de relieve el físico, ya que no se trata sólo del pudor, sino también del sentimiento estético y de la protección de la dignidad humana en general. Otro motivo que se ha de tener presente en el deporte femenino es el factor publicitario. El barón Pierre de Coubertin, renovador de los Juegos Olímpicos, hablando en la radio en 1935 sobre la Olimpíada, dijo que para él «el hombre que ganaba una competición era el verdadero héroe olímpico». Pero de la mujer añadía: «yo, personalmente, no apruebo su participación en las competiciones públicas, lo cual no significa que no puedan practicar una serie de ejercicios deportivos, pero no como espectáculo público».
De la misma opinión fue su sucesor, el conde Henry de B aillet-Latour; pero, no obstante su expresa opinión en contra, en la sesión del Comité Internacional Olímpico (a. 1900), la mujer participó en la competición de tenis; en 1908, en el tiro con arco, remo, patinaje artístico sobre hielo; en 1912, en natación; en 1924, esgrima, baloncesto y gimnasia; en 1932, patinaje de velocidad; en 1936, esquí. Cuanto más se difundía el d. femenino tanto más numerosas eran las voces que se alzaban contra las competiciones femeninas olímpicas. En la misma Sociedad Internacional de gimnasia se llegó a sostener por muchos el mismo punto de vista: la mujer no parece bien a la luz intensa de los reflectores para una excitada publicidad deportiva en el mundo, como ocurre en los Juegos Olímpicos. Y por esta razón, se decía, las mujeres pueden perfectamente participar en los juegos deportivos, pero se han de alejar de toda publicidad organizada. Este mismo freno ha ido cayendo poco a poco. Hoy la mujer participa con el hombre de la publicidad del deporte, lo cual es muy lamentable. 2. ¿Qué deportes se han de ejercitar?
La federación femenina católica francesa de deportes en 1937 obligó a cincuenta mil jóvenes católicas a practicar todos los deportes, característicamente femeninos: baloncesto, balonvolea, natación, tenis y gimnasia. En 1937 en los Estados Unidos las jóvenes y mujeres católicas protestaron ante el Comité Nacional y condenaron los deportes que Perjudican la naturaleza femenina dallando futura maternidad, demostrándose contrarias incluso a las exhibiciones públicas en todo aquello que de algún modo rebaja la dignidad de la mujer, aprobando y promoviendo sin embargo la actividad deportiva correspondiente a la edad y capacidad, siempre que no se trate de records y de exhibiciones y organizando partidas entre las sociedades y cuidando además de la modestia cristiana en el vestido, el control y la dirección médica (Y outh Leaders loss-leaf noteboofc, Washington, 1937, p. 52-53).
En Portugal, en el Reglamento de la Mocidade P ortuguesa Fem inina, confiada a la Obra de las Madres para la Educación Nacional (OMEN), está establecido: que se excluirán las competiciones o exhibiciones de naturaleza atlética, los deportes nocivos a la misión natural de la mujer y todo cuanto pueda herir la delicadeza del pudor femenino» (P roblem i della G ioventii, I, Roma, 1941, p. 268-271). Se ha observado justamente que la onda rítmica que nace del alma penetra el cuerpo manifestándose también en rítmica del movimiento. Basándose en las experiencias, especialmente de las asociaciones deportivas católicas, se puede hacer un elenco de las disciplinas, y de los juegos deportivos que puede practicar la mujer y que tienen fundamento en presupuestos científicos: alpinismo; esquí, naturalmente sin saltos; canotaje; atletismo ligero; carrera; pero la carrera de velocidad con obstáculos, de medio fondo y de fondo está prohibida por los médicos. La joven puede practicar un salto moderado de largura y de altura, siempre que en ellos se guarde la modestia cristiana. El salto triple y con pértiga se ha de prohibir igualmente.
Pueden ser practicados: el lanzamiento de jabalina (600 gr. y 2*20 m.); lanzamiento de disco (1 kg.) y de peso (4 kg.); pero estos modelos deben ser de un peso correspondiente a la constitución femenina, ya que los mismos pesos olímpicos indicados son para algunas demasiado pesados, y se aconseja que se ejerciten con ambos brazos; la natación (excluido el trampolín); el tenis (con ambos brazos); el patinaje (excluidas las carreras de velocidad); la equitación, y el ciclismo (estos dos últimos bajo control médico). Los juegos deportivos: balonmano, baloncesto, balonvolea y hockey son aconsejables. Se le deja, pues., a la joven y a la mujer un vasto campo de disciplina y juegos deportivos, en el cual puede, con gran ventaja, no sólo equilibrar los daños producidos por la sedentariedad de la vida moderna, sino prepararse bien para su misión natural más elevada: la maternidad. 3.
Deporte promiscuo. - El deporte promiscuo se resiente de la perturbación, aunque sólo sea ligera, que puede proceder de la lujuria, ya que en el mejor de los casos no se puede conseguir nunca un juego perfectamente caballeresco; p. ej., la pareja mixta en el tenis, el balonvolea, si el hombre proporciona tiros difíciles a la mujer, incluso en el caso de que ésta juegue mejor, y además el mismo juego sufre en su elegante combatividad. Así también en el esquí y en el alpinismo la promiscuidad perturba, aun admitiendo que los individuos vayan correctamente vestidos, como en todo caso queremos suponer. Ésta es la opinión de muchos de los que practican y por lo tanto aman el verdadero deporte (no del simple espectador, por apasionado que sea, que quiere llamarse deportista), ya que las capacidades físico-psíquicas de los dos sexos son muy diferentes. La S. C. del Conc. en 1930 se dirigía a los mismos padres para que alejasen a sus hijas de los concursos gimnásticos, y para que en el caso de que se vieran obligadas a intervenir en ellos procurasen vestir con toda honestidad.
Si pensamos en la promiscuidad en los baños públicos, tanto en el mar como en el río o al aire libre, y añadimos también los deportes invernales con su alojamiento necesario fuera del hogar y los bailes, no es de m aravillar que la juventud no se eduque en la pureza, sino que más bien viva en una continua ocasión de pecado de lujuria. Pal.
Bibliografía
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