Diccionario de Teología Moral

Bonifacio Perović (Per.)

EDUCACIÓN

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1. Noción. - El hombre no viene a este mundo como un ser perfecto, hay en él muchas facultades que han de ser desarrolladas: individualidad, tendencia espontánea al conocimiento, a la experiencia, asimilación al ambiente, etc. La e. es un fenómeno fundamental del hombre, que lo guía en su tendencia a desarrollarse cada vez más. La e. es, por lo tanto, un medio para conseguir un fin elevadísimo que consiste en preparar el ser humano para el uso libre e integral de todas sus facultades, de las cuales le ha dotado el Creador, y en dirigir estas facultades al perfeccionamiento integral del ser humano. La e., por lo tanto, no es simplemente un adiestramiento profesional o técnico, ni tampoco el mero aprendizaje de las nociones escolásticas o científicas, sino la formación del hombre según su vocación. La e. debe hacer que las diversas facultades del hombre se desarrollen en un grado justo y se equilibren entre sí. Con la e. el hombre entra moralmente en la sociedad, participa de sus bienes intelectuales, morales y materiales; por la e. se convierte en deudor para con la sociedad y especialmente para con la familia.

2. E. y familia. - La familia tiene el derecho y deber natural a la e. de su prole. El fin primario y esencial de la familia es la procreación de la prole. Dado que la prole, hasta cierta edad, no está en condiciones de bastarse a sí misma, y que no tiene suficiente uso de razón, corresponde a la familia la función de cuidar del desarrollo de sus potencias intelectuales y morales con la e., ya que la naturaleza no pretende solamente la generación de la prole, sino también su desarrollo y progreso hasta el estado perfecto del hombre en cuanto hombre, o sea, hasta el estado de la virtud (Sum. Theol., I-II, q. 100, a. 5, ad 4; II-II, q. 101, a. 1 c.). La e. es obra necesariamente social, no solitaria, y como son tres las sociedades dispuestas por Dios en las cuales ha de desenvolver el hombre su actividad (dos sociedades de orden natural: familia y sociedad civil; y una de orden sobrenatural: la Iglesia), estas tres sociedades deben cooperar armónicamente para lograr un fin idéntico: la e. del joven para prepararlo a la vida.

La escuela puede ser el punto de unión de los diversos cooperadores en la e.: la Iglesia para conducir al joven a lograr su fin sobrenatural; el Estado para formar al ciudadano; la familia para preparar al hombre. La familia tiene el primer puesto: «instituida directamente por Dios para su fin propio que es la procreación y e. de la prole», tiene la prioridad de derechos (Pío XI, Divini Illius Magistri [31 diciembre 1929]: Denz. 2203). Este derecho natural de la familia sobre la e. ha sido elevado y perfeccionado por el hecho de que la familia ha sido elevada al orden sobrenatural con la institución del sacramento del matrimonio. Bajo este aspecto la e. no pertenece ya únicamente a la familia, que engendra el hijo a la vida natural, sino también a la Iglesia, que lo engendra a la vida sobrenatural. Ésta es madre que «engendra, mientras educa las almas en la vida divina de la gracia con sus Sacramentos y su enseñanza» (loc. cit.: Denz. 2204). Y como el matrimonio es una cosa sagrada que tiene por misión perpetuar el género humano destinado a servir, adorar y glorificar a Dios, la familia debe preparar a los individuos de modo que sean aptos para ser elevados a la vida sobrenatural.

La familia, por lo tanto, debe dar al niño el conocimiento y amor de Dios y alimentar convenientemente en él la vida sobrenatural. La pedagogía moderna ha puesto más en claro que hay un método de e. en la familia, que debiera ser aplicado incluso a la e. escolástica. Consiste en la espontaneidad, en el amor y en la colaboración del educando mediante la conversación espontánea, los ejemplos sugestivos, la penetración en el ánimo del educando, los hábitos, etc. 3. Misiones de la e. - En el educando se encuentran innumerables potencias latentes. Estas potencias tienden al infinito, esto es, a Dios. La e. debe estar al servicio del hombre, esto es, de su posición en el cosmos. La múltiple misión de la e. se pudiera precisar en estos tres sentidos:

a) Como ser natural el hombre encuentra su perfeccionamiento en el desarrollo de sus facultades en el mundo objetivo. Esto se efectúa por la acción recíproca entre el individuo y el ambiente. De una parte el hombre debe desarrollar sus facultades mediante el mundo objetivo; por otra ha de entrar en el mundo que lo circunda, en la civilización existente. La misión de la e. en este campo es inagotable y va desde la e. doméstica a la civil, económica, social, nacional, política, científica, artística, etc. Se ha de observar que la formación natural no puede quedar aislada, porque de otra manera se convertiría en un adiestramiento unilateral, sino que debe estar encuadrada dentro del objetivo de una e. general y humana.

b) Como ser moral el hombre encuentra su desarrollo en la libre sujeción a la Voluntad Divina. Esta sujeción en la e. se ejercita por medio del influjo recíproco entre el espíritu y la materia en el hombre. El espíritu debe tener preferencia sobre la materia y los sentidos, mientras que los órganos del cuerpo deben proporcionar al espíritu la posibilidad de obrar en el cuerpo y con el cuerpo. Esta e. del carácter moral del hombre perfecto no es algo separado, agregado, estante en sí mismo, sino que debe penetrar todo el espíritu y sus acciones, de modo que en concreto no hay ninguna formación moralmente neutra, ni siquiera en aquellas acciones que parecen las más alejadas de lo espiritual, como son el deporte o la instrucción técnica. Cualquier e. es para el hombre una creación espiritual.

c) En el presente orden providencial el hombre es elevado a la vida sobrenatural, llamado a la vida divina, a la vida de la gracia. Esta realidad se ha de tener presente en el campo educativo, especialmente por nosotros los católicos. El niño, el joven, que se educa está llamado a servir a Dios por amor, a unirse a Dios. El efecto educativo de esta vocación se realiza mediante el influjo recíproco de la naturaleza y de la gracia. Se han de penetrar las potencias naturales de la virtud de la gracia. Se trata, por lo tanto, de un tercer grupo de objetivos de la e. general: preparar el espíritu a la acción de la gracia, y al mismo tiempo por medio de las realidades palpables y sensibles llevar la gracia al hombre. Toda la formación social, cultural y ética quedaría manca si la aspiración hacia lo sobrenatural no fuese favorecida y desarrollada en la e.

4. Formas de la e. -

a) La concepción individualista de la e. considera como último factor de e. la voluntad madura del adulto. La relación fundamental de la e. es: educador-educando. Tiéndese hacia una consciente, querida y planificada e. de los jóvenes. La concepción individualista de la e. es tradicional. Pero, sin embargo, el educando no sufre sólo el influjo del educador, sino también de otros muchos factores y ante todo de la sociedad y del ambiente que lo rodea. Estas formas de influjo se califican como sociales. Investigarlas es el objetivo de la pedagogía social, en cuya obra la comunidad se considera como medio, no como fin.

b) La concepción social de la e. considera la comunidad como último factor de la e. Comúnmente existen ante el educador muchos educandos y ante los educandos muchos educadores. Unos y otros entran como miembros de la más amplia comunidad; los educadores como miembros de sus organizaciones profesionales, del Estado, de la Iglesia; los educandos como miembros de la familia, etc. Lo que para la pedagogía social representa una grave misión es el hacer que todos estos influjos sean coherentemente unitarios y educativos. La pedagogía social considera por una parte al educando en cuanto se encuentra en ciertos ambientes sociales y en determinadas condiciones; por otra parte se pregunta cómo estos ambientes podrán formarse y organizarse en sentido educativo. Per.

Bibliografía

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N. Forster, L'istruzione etica della gioventù, Torino, 1911 Durkheim, L'éducation morale, París, 1925 Lexikon der Paedagogik der Gegenwart, Freiburg i. B., 1930
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J. Viollet, Breve trattato sull'educazione, Alba, 1950
V. García Hoz, Cuestiones de filosofía de la educación, Madrid, 1952
D. Domínguez, Enquiridión de educación cristiana, Santander, 1949
A. González Álvarez, Filosofía de la educación, Madrid, 1955.

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