DECÁLOGO
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1. Naturaleza. - D. (del griego δέκα = diez, y λόγος = palabra) es un conjunto de diez mandamientos morales propuestos en fórmulas muy breves y de gran sentido que encontramos reproducidas casi en la misma forma dos veces en la Biblia, a saber: en el Éxodo (20, 1-17) y en el Deuteronomio (5, 6-18). Fueron dados por Dios en el monte Sinaí (Arabia) al pueblo hebreo, escritos por Dios, por medio de Moisés, en dos tablas de piedra (Ex., 34, 27). En los textos que se conservan encontramos algunas variantes en el orden de algunos preceptos.
2. División. - La Biblia habla de dos tablas, pero no dice cómo estaban divididos los mandamientos en las tablas. Hay dos tradiciones. Una, según el número, habla de cinco y cinco; otra, según su contenido, los divide en tres y siete (o cuatro y seis), es decir, obligaciones para con Dios y obligaciones para con el prójimo. Decimos cuatro y seis porque en relación con la división del conjunto total hay también dos tradiciones. Se puede contar el precepto de reconocer y adorar a un solo Dios y el precepto de no hacer ni venerar estatuas e imágenes idolátricas como dos partes de un mandamiento único o como dos mandamientos distintos. En el primer caso se cuentan los diez mandamientos como acostumbramos a hacer nosotros y se termina con dos mandamientos relativos a los pecados internos (pecados de deseo). En cambio, en el segundo caso se tienen cuatro mandamientos correspondientes a las obligaciones para con Dios, de manera que el mandamiento de honrar a los padres es el quinto, terminándose con un solo mandamiento sobre los deseos, el cual comprende los dos bienes del prójimo, su mujer y sus posesiones materiales.
Este último modo de contar está en uso en muchas iglesias orientales y en Occidente entre los calvinistas y anglicanos. Los luteranos, como nosotros los católicos occidentales, siguen el orden de San Agustín. Cuando un calvinista habla de séptimo mandamiento se refiere a no cometer adulterio; en cambio, cuando lo hace un luterano se refiere, como nosotros, a no hurtar.
3. Valor. - Si exceptuamos la prohibición de hacer imágenes y estatuas y el precepto de celebrar precisamente el sábado como día del Señor, el contenido de los diez mandamientos pertenece a la ley natural. Repiten, inculcan, dan nueva autoridad a los preceptos que todo hombre conoce por sola su razón natural. Aunque Dios no hubiese dado el d. en el Sinaí estaríamos obligados a observar lo que contiene. Se trata de actos que son prescritos o prohibidos por ser buenos o malos, no son buenos o malos por estar prescritos o prohibidos. Pero la promulgación e inserción en la Biblia ha contribuido mucho a conservar la ciencia cierta y exacta de estas leyes importantísimas en sí mismas y fundamento al mismo tiempo de otros muchos preceptos morales que de ellas podemos deducir fácilmente. En las legislaciones de otros pueblos, primitivos o civilizados, encontramos huellas más o menos extensas del d. Ningún pueblo en conjunto tiene leyes morales tan perfectas y de tan alto espíritu como el pueblo hebreo.
Las ideas principales por las cuales el d. sobresale enormemente por encima de las legislaciones de otros pueblos son: el monoteísmo, la grandeza y santidad de Dios; la amplitud de la obligación moral que se extiende hasta a los actos internos y ocultos como el deseo. Dados a un pueblo determinado, no contienen ningún elemento nacional, sino que valen para toda la humanidad y para todos los tiempos, incluso después de la derogación de la religión hebraica, o sea bajo el Nuevo Testamento. El d. no es un resumen de toda la ley moral natural. Dividir la moral según los diez mandamientos es un método relativamente reciente y muy defectuoso. Da resultados poco satisfactorios aun cuando se recojan bajo los diversos mandamientos materias que no tienen con ellos otra relación que la de semejanza externa y a veces superficial, p. ej., tratar las obligaciones de los padres y junto con éstas las de los amos para con sus criados o patronos con sus obreros en el cuarto mandamiento. Para hacer un buen examen de conciencia es una preciosa ayuda la lista de los diez mandamientos, pero no basta con examinarse solamente sobre estos mandamientos.
Conocerlos de memoria, según el orden y explicación que encontramos en los libros del catecismo, no es ciertamente obligatorio en absoluto, pero sin duda pertenece al mínimum de cultura religiosa que debe tener un cristiano por inculto que sea en otras materias. Ben.
Bibliografía
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