Diccionario de Teología Moral

Francesco Spadafora (Spa.)

NUEVO TESTAMENTO

Recursos

1. Los libros del N. Testamento. - El N. Testamento, complemento y realización del Antiguo, comprende los libros siguientes: en primer lugar van los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas, Juan; un libro histórico: los Hechos ‘ de los Apóstoles; 14 cartas de S. Pablo: 1 a los Romanos, 2 a los Corintios, 1 a los Gálatas, 1 a los Efesios, 1 a los Filipenses, 1 a los Colosenses, 2 a los Tesalonicenses, 2 a Timoteo, 1 a Tito, 1 a Filemón, 1 a los Hebreos; siete cartas llamadas católicas o canónicas: 1 de Santiago, 2 de Pedro, 3 de Juan, 1 de Judas, y un libro profético: el Apocalipsis.

2. La moral individual en los libros del N. Testamento. - Los principios, dados por el Redentor como norma para la conducta del cristiano, se conservan en los evangelios; las demás partes del N. Testamento, sobre todo las cartas paulinas, son un eco fiel de las enseñanzas de Cristo, sus comentarios y su desarrollo para la aplicación práctica. Estos principios se elevan por encima de la moral mosaica que Jesús completa y perfecciona (Mat., 5, 17) y de cualquier otra moral humana. Jesús pone como modelo de virtud y santidad al mismo Padre Celestial (Mat., 5, 48) y a sí mismo (Jn., 3, 15), invitando a todos indistintamente a enerar en su escuela (Mat., 11, 29 s.); y libera la moral de todo formalismo (cfr. Mat., 5, 20; 5, 7 ss.; Jn.; 4, 23 s.). Para los que quieren progresar más allá de fe$tos principios, Jesús ofrece los consejos evangélicos.

El primero (y sustancialmente único) de los preceptos generales es el amor a Dios sobre todas las cosas '"(Mat., 6, 33) y el amor al, prójimo (Mat., 5, 23 s., 44; 10, 37; Gál., 5', 14; I Cor., 13; Rom., 13, 8 ss.; 15, 1-6); es totalmente nueva la equiparación y la unificación de estos dos preceptos (Marc., 12, 28-34 y pasajes paralelos); así como es nueva la definición cristiana del prójimo. El amor de Dios quiere la obediencia a sus órdenes (Mat., 7, 21; 12, 50, etc.), la confianza plena en su providencia (Mat., 6, 25-32, etcétera); la oración, que sale del fondo del corazón (Mat., 6, 7 s.; 7, 7-12, etc.), la fe en Jesús (Jn., 7, 38; I Jn., 5, 1-4, etc.). Los deberes para con el prójimo son una parte de nuestra actitud filial con relación a Dios; y es parte principal, indicativa (Jn,r 4, 19-21); más aun, Santiago (1, 27) dice que la verdadera religión a los ojos de Dios consiste en cuidar de los huérfanos y de las viudas (precepto de la caridad) y preservarse puros en este mundo. El amor del prójimo tiene por corolario la tolerancia (Luc., 9, 49 s.), la benignidad (Sil., 4, 4 s.: ejercítese vuestra benignidad para con todos los hombres).

Y de aquí fluyen todas las demás virtudes (ibíd., 8-9; Rom.» 12, 9-21), el perdón de las ofensas (Mat., 18, 21-35), la limosna (Mat., 6, 2 ss.; Luc., 11, 41, etc.). De la caridad por consigo mismo, de la obligación de la salvación propia, se derivan la renuncia (Mat., 16, 24 ss.; Luc., 14, 25), la penitencia (Mat., 4, 17; Gál„ 5, 24, etc.), la vigilancia, la oración (Luc., 12, 25-53; Marc., 9, 28, etc.), la humildad (Mat., 18, 2-5; 20, 26 ss., etc.). El Verbo encarnado no es solamente nuestr o hermano, sino que declara que todo lo que hacemos al más pequeño de sus hermanos se lo hacemos a él (Mat., 25, 34-45; 10, 40 ss.; Marc-, 9, 37). «El que dió su vida por sus amigos» (Jn., 15, 13; cfr. Rom., 5, 6 ss.) nos mueve también a nosotros para que aspiremos a esta perfección del amor: «hacernos esclavos los unos de los otros por medio de la caridad» (Gál., 5, 13 ss.).

3. L a su p e r i o r i d a d m o r a l de l N. T e s t a m en t o. - Los dos dogmas de la paternidad divina y de nuestra fraternidad con Jesús transfiguran nuestras relaciones con nuestros semejantes. Para el judio el prójimo indicaba al israelita de nacimiento o de adhesión y excluía a todos los demás. Para Jesús (Luc., 10, 25-37, parábola del buen Samaritano) también ei enemigo hereditario es nuestro p rójim o: no hay límite ninguno al universalismo moral. El judaismo y la ética natural fundan la moral en el derecho estricto, en la rigurosa justicia conmutativa: concepción demasiado rígida, individualista. Jesús en la formulación del precepto de la caridad enuncia un nosotros en el que lo m ío se funde con lo tuyo como con otro y o; este reino soberano del amor no compromete la justicia, lím ite in fe rio r del amor. El judaismo dice: «lo que es odioso para ti no lo hagas a tu compañero» (Tob., 4,-15). Jesús prescribe: «lo que quieras que los otros hagan contigo, hazlo a ellos: esto constituye la Ley y los profetas» (Mat., 7, 2; Luc., 6, 31).

La primera fórmula se establece sobre el derecho de salvaguardar; la segunda, toda llena de amor, abre un campo infinito a la generosidad. 4, M o r a l f a m i l i a r y s o c i a l. - Jesús nos da además principios para la moral familiar y social. Funda la familia volviéndola a colocar sobre baseS tUvinas: asegura su estabilidad*, y establece la dignidad de la mujer, proscribiendo de un modo absoluto cualquier divorcio verdadero. Alaba la virginidad voluntaria del que la acepta con voto con miras al Reino de Dios (Mat., 19, 10 ss,;. I Cor., 7) y declarando que cualquier deseo de una mujer equivale a un adulterio (Mat., 5, 28). S. Pablo (Efes., 5, 22-6, 9) recoge estos principios y da sus determinaciones prácticas. La familia de Nazaret es el ejemplo radiante de la familia cristiana. Propiamente hablando, el evangelio no contiene una exposición sistemática de la moral social (cfr. I Cor., 7, 20-24); pero la sociedad, lo mismo nacional que internacional, no puede edificarse en la paz ni en la felicidad si no se conforma a los grandes principios cristianos.

La caridad cristiana ha transformado las costumbres, haciendo sentir su influencia en los diversos campos: evolución del derecho, legislación, progreso social, etc., hasta en la vida económica (cfr. Mat., 22, 21; Marc., 12, 17; Rom., 13, 1-7; I Petr., 2, 13-17 sobre las relaciones de la Iglesia y el Estado).

5. C a r á c t e r de la m o r a l n e o t e s t a m en t a - r i a. - El cristianismo no separa la moral y la religión: es Dios quien prescribe sus consecuencias prácticas. Más aún, en el reino de Dios, en este organismo de vida sobrenatural que es la Iglesia, las leyes no se proponen por de fuera; el fiel que se deja guíar de la gracia siente en lo más profundo de su intimidad un doble impulso (Rom., 6-7): el sentido de la conducta que ha de seguir, un impulso interior y una ayuda celestial que le da posibilidad para progresar (Rom., 8, 12-16). En resumen, todo se reduce a dejarse llevar de la corriente de amor que sale de Dios y a Él vuelve (Jn., 4, 13 s.; 7, 38). Estamos muy lejos de una moral dictada sólo externamente más todavía de una moral racionaZista y natural. Toda la conducta del cristiano ha de ser sobre las huellas del Padre Celestial, el cual da y se da en todo, desinteresadamente (J. Bonsirven). Spa.

Bibliografía

Bibliografía

J. B o n s i r v s n, L’évangile de Paul, Aubier, 1048, p. 300-303;
íd., Teología del Nuevo . Torino, 1952, p. 95-111.

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