COMUNISMO
1. Noción Apelativo de muchas corrientes doctrinarias, que tienden a hacer común la propiedad de los bienes económicos de producción y tal vez hasta los de consumo. El c., que se define a sí mismo científico y herético, es una forma desarrollada del marxismo, que, basándose en la concepción materialista del mundo, se propone llevar a la clase obrera (proletariado) a la lucha de clases contra los capitalistas para realizar con la violencia, por medio de la dictadura del proletariado, el nuevo Estado, sociedad perfecta, construida sobre principios económicos igualitarios, sin distinciones de clase. El término socialismo y el de c. vienen con frecuencia a coincidir y a entreverarse. Es casi imposible distinguir exactamente los dos términos y la historia del uno es a menudo también la del otro. Según Sombart, toda formación social reposa sobre la potencia, sobre la razón o sobre el amor. El socialismo, con la idea de un orden conforme con la razón, se distingue realmente del c., el cual denota una formación de vida en común según el principio instintivo de potencia. Otros distinguen el c. del socialismo por su respectiva posición frente a la propiedad.
2. Los sistemas comunistas y el movimiento comunista El punto de partida de las ideas comunistas en cualquier sistema es siempre el reparto de la propiedad, presentada como una exigencia absoluta para realizar un ideal de justicia. Este modo de presentarse da al c. el carácter típico de la «redención» y del «mesianismo».
Sin embargo, todos los sistemas comunistas se han esforzado por darse una doctrina más profunda, sacándola de la religión, de la filosofía o de la historia. De origen religioso son los sistemas medievales de los Cátaros y Albigenses en la Italia Septentrional y en la Francia Meridional; después la de los Pátaros en Lombardía. De origen filosófico son los sistemas de Platón en la «República» y de
C. Marx; mientras que las diversas «Utopías» de Tomás Moro, Campanella y otros son más bien de origen histórico. De todos estos sistemas sólo el de Marx ha hecho presa en las grandes masas hasta organizarse en un movimiento internacional, apoyado después de la primera guerra mundial por la Unión Soviética. El «Manifiesto de los comunistas» de 1848 es un documento capital para el socialismo moderno.
Sólo después de la primera guerra se efectuó la división neta del movimiento socialista: en socialistas y comunistas. Unos y otros están de acuerdo en que el proletariado debe llevar la economía capitalista a la comunista; disienten en la valoración de los medios y en el camino para llegar a este fin. Los socialistas han adoptado el evolucionismo; los comunistas, la revolución. Con la actuación del régimen comunista en Rusia el c. se hizo sinónimo de bolchevismo. Los partidos comunistas nacieron poco a poco en todas partes sostenidos y dirigidos por el partido comunista ruso y todos juntos formaron la Internacional comunista (III Internacional) o Komintern (1915-1943), abolida oficialmente a fines propagandísticos durante la guerra 1939-1945, para ser reorganizada en forma más moderna y más adecuada al objeto perseguido en la Kominform.
3. La doctrina del c. En el fondo está la doctrina marxista, pero con muchos retoques e interpretaciones de comunistas rusos y especialmente de Lenin. Los rusos comenzaron adoptando el marxismo bajo su aspecto objetivo científico, según el cual el socialismo debe ser el resultado inevitable del desarrollo natural de la economía capitalista. Pero siendo Rusia un país en un estadio de economía todavía rural principalmente, era necesario que para llegar al c. antes se desarrollase el capitalismo. «Todo el dinamismo de nuestra vida social parte del capitalismo», decía Plehanov. Los socialdemócratas rusos, que más tarde serán conocidos bajo el epíteto de «mencheviques», sostendrán que la revolución socialista estaba condicionada por el desarrollo de la industria capitalista, confirmando así el punto científico y determinista marxista. Esta impostación del problema determinará toda la lucha revolucionaria. Plehanov creía en la revolución social: la emancipación de los trabajadores dependerá de los mismos trabajadores y no de un grupo revolucionario, como pretendía Lenin, porque es necesario que la clase obrera esté preparada para la revolución y la dictadura.
Pero esta interpretación y aplicación en Rusia hubiera implicado una larga espera. Entretanto Lenin con sus pequeños grupos revolucionarios exaltaba y preparaba la «voluntad revolucionaria». Él era contrario a la interpretación literal del marxismo y sostenía que el socialismo puede ser actuado en Rusia sin necesidad del desarrollo capitalista y sin la formación de una clase obrera numerosa. Y de hecho la revolución bolchevique en Rusia será obra de una minoría. En general los marxistas «ortodoxos» rusos traían del marxismo conclusiones totalmente originales que ni Marx ni Engels hubieran podido aceptar. La obra de Lenin y del bolchevismo fue elaborar un marxismo ruso, que correspondiese al espíritu revolucionario ruso que tendía a la totalidad, a la integridad de toda la vida. Éste es y debía ser una filosofía, una religión, una concepción totalitaria de la vida. Los revolucionarios rusos habían sido siempre totalitarios y el marxismo ruso o leninismo había adoptado no el lado determinista, científico del marxismo, sino su lado mesiánico, religioso, creador de mitos, guiado por una minoría bien organizada.
Así un movimiento de base materialista sirve para testimoniar el poder de las ideas y de la voluntad. «Lenin hizo la revolución en nombre de Marx, pero no según Marx» (Berdiaev). Así la revolución comunista en Rusia, Yugoslavia, Polonia, Rumania, Hungría, Checoslovaquia se realizó en contradicción con la mayor parte de las afirmaciones de Marx sobre el desarrollo de la sociedad y contra la voluntad de la inmensa mayoría del pueblo. El mito del pueblo «mujik» de los Populistas, se transforma en mito del proletariado, pero en éste se produce una especie de fusión del pueblo ruso con el proletariado, del mesianismo ruso con el mesianismo proletario. El bolchevismo es más tradicionalista que lo que se cree, está ligado al proceso histórico originario de Rusia.
En efecto, con la actuación del c. en Rusia se ha producido una rusificación y una orientalización del marxismo.
4. La táctica de los comunistas El Komintern, organizado establemente en Moscú en el II Congreso mundial de 1920, tenía, según sus estatutos, el fin de luchar por la aniquilación de la «burguesía» internacional con todos los medios, incluso con las armas y con la creación de una república soviética internacional. El único medio para librar a la humanidad de las atrocidades del capitalismo es la dictadura del proletariado. El Komintern estaba constituido para organizar las acciones en común de los proletarios de todos los países. Los órganos a este objeto eran los congresos mundiales anuales y el comité ejecutivo con sede en Moscú. Éste representaba el «partido comunista internacional centralizado»; los partidos de los diversos países se denominaban «secciones», subordinadas a la central de Moscú. La afiliación al Komintern se sometía a varias condiciones. En particular junto a la organización legal había de existir otra ilegal para la propaganda entre los soldados, campesinos y otros grupos, además era obligación del afiliado apoyar a todo gobierno soviético, especialmente en tiempo de guerra.
En los tiempos de la primera postguerra, 1914-1918, los comunistas creyeron llegado el momento de la revolución mundial. Hubo estallidos revolucionarios en Berlín, en Munich, en Budapest, etc., pero pronto hubieron de darse cuenta de que se habían equivocado. Ya en el Congreso de 1921 se tendía a moderar la táctica revolucionaria, atrayendo ante todo a la colaboración a los obreros socialistas, separándolos de sus jefes (Frente de unidad). La táctica en aquella época consistía en combatir de frente al capitalismo, la burguesía, los gobiernos, los partidos y todo lo que no fuese de inspiración comunista. Esta táctica contra todos condujo a la supresión de los partidos comunistas en casi toda Europa. En el VII Congreso mundial (Moscú, 1935) se inaugura una nueva táctica, llamada del «Frente popular», esto es, colaborar en todas partes y con todos los que sobre una base democrática quisieran ponerse bajo la guía de los comunistas. La política de la «mano tendida» se ofreció hasta a los católicos. La consigna dada por Moscú no era ya lucha contra la burguesía, sino contra el fascismo.
Después de la segunda guerra se inició la tercera fase, menos ideológica y claramente imperialista, la llamada «democracia progresiva». En la primera fase los grandes comunistas europeos veían en el bolchevismo al libertador del proletariado mundial, no llegando a comprender que en la revolución rusa el mismo internacionalismo tiene un carácter autónomo y nacional. Stalin, poco a poco, depuró a todos los grandes comunistas, rusos e internacionales, que veían en el bolchevismo una causa común del proletariado mundial. El bolchevismo es la revolución rusa y todos los partidos comunistas no son más que las «secciones» de un partido ruso, exponente del imperialismo ruso. Si se admite que la revolución obrera del último siglo fue la revolución más justificada, entonces, siguiendo la evolución del bolchevismo, hemos de convenir en que el c. se ha transformado en un puro imperialismo ruso, no sólo político, sino también social y cultural, de manera que el bolchevismo no es otra cosa que una traición a la causa justa de los trabajadores. En estos criterios se inspira la política rusa para con los países sovietizados y la nueva organización comunista internacional, llamada Kominform.
Los últimos sucesos de la condenación del stalinismo y del culto de la personalidad, con la introducción de la dirección colectiva y de una ilusoria democratización del c. en Rusia, no son más que un cambio de táctica en la lucha tenazmente entablada para la esclavización en el interior y el triunfo del c. en el mundo entero. Per.
5. Condenación del comunismo El magisterio eclesiástico se manifestó ya en relación con el c. por boca de Pío IX (Enc. Qui pluribus , 1846, y Quanta cura , 1864; Syllabus , 1864); después, con León XIII ( Rerum novarum , 1891, y Quod apostolici muneris , 1878); finalmente, con Pío XI ( Quadragesimo anno , 1931, y especialmente Divini Redemptoris , 1937). En esta última encíclica disipaba la ilusión de una hipotética conciliación entre el c. y el cristianismo, que sin embargo ha sido defendida con mucha pertinacia incluso en tiempos muy recientes por cristianos de abierta mala fe, imaginativos o ilusos. De aquí la decidida posición del Sumo Pontífice Pío XII, anunciada ya en su radiomensaje natalicio de 1941 y 1942, reforzado en 1949-1950 por documentos de primera importancia. En su exhortación al clero Menti nostrae (1950), dirigiéndose a ellos Pío XII escribe: «Hay algunos que, frente a la iniquidad del comunismo, que trata de arrancala fe a los mismos a los que promete el bienestar material, se muestran vacilantes e inciertos. Pero esta Sede Apostólica con documentos recientes ha indicado con claridad el camino a seguir».
Estos documentos, emanados de la Suprema Sacra Congregación del Sto. Oficio, son tres: un decreto general de 1 julio 1949; una declaración sobre los matrimonios de 11 agosto 1949; una advertencia sobre la educación de la juventud de 28 julio 1950. A) El decreto de 1 julio 1949 (AAS, 41 [1949], 33) declara: 1) que no es lícito inscribirse en partidos comunistas o darles apoyo, ya que el c. es materialista y anticristiano; 2) no es lícito publicar, difundir o leer libros, periódicos o folletos que sostienen la doctrina y la práctica del c., o colaborar en ellos con escritos, por estar prohibido esto por el can. 1399 del CIC; 3) los fieles que realizan los actos señalados no pueden ser admitidos a los Sacramentos; 4) los fieles que profesan la doctrina del c., materialista y anticristiano, y sobre todo los que la defienden y se hacen propagandistas de ella incurren automáticamente ( ipso facto ) como apóstatas de la fe, en la excomunión reservada de un modo especial a la Sede Apostólica (can. 2314). En particular respecto de los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía, se ha de observar lo que sigue.
Para la Penitencia, en los casos ordinarios, antes de ser absueltos los simples seguidores o fautores del c.: a) han de arrepentirse de sus acciones y manifestar claramente su firme propósito de abandonar el partido o de dejar de dar cualquier apoyo al c.; b) han de reparar además el escándalo dado a los demás según las circunstancias concretas y el juicio del confesor. Después de esto podrán ser absueltos. Para los demás excomulgados, por ser comunistas materialistas formales: a) si el confesor tiene la facultad requerida puede absolver al penitente; b) si el confesor no tiene la facultad especial, en caso urgente, según la norma del can. 2254, § 1, puede absolver, imponiendo al penitente la obligación de recurrir antes de un mes a la Sda. Penitenciaría, bajo pena de reincidencia. Si este recurso es moralmente imposible, entonces según el § 3 del mismo canon el confesor puede absolver según las normas previstas para los excomulgados después de haberle impuesto una penitencia saludable. Para los moribundos, v. Peligro de muerte. En relación con la Eucaristía, si se trata de comunistas públicamente conocidos, no se les puede administrar, antes de su retractación, la Sda.
Comunión ni pública ni privadamente; si son ocultos y vienen públicamente se les puede dar; si son ocultos y lo piden ocultamente, se les debe negar. B) Declaración sobre los matrimonios. El matrimonio tiene un carácter especial, por ser ministros del sacramento los mismos contrayentes, por lo cual el Sto. Oficio ha dado a este propósito una declaración especial (AAS, 41 [1949], 427). Sobre los matrimonios de los comunistas, además de esta declaración, se ha de recordar una decisión de la Pontificia Comisión para la interpretación auténtica de los cánones del CIC, 30 julio 1934, que equipara a los inscritos en una secta ateísta a los inscritos en una secta acatólica ( qui sectae atheisticae adscripti sunt vel fuerunt, habendi sunt quoad omnes iuris effectus etiam in ordine ad... matrimonium ad instar eorum qui sectae acatholicae adhaeserunt vel adhaerent ). Considerado todo esto en orden al matrimonio, éstas son las conclusiones que se han de sacar: 1) para los ateos militantes que constituyen núcleos especiales en las filas de los comunistas, existe el impedimento de religión mixta, no en cuanto comunistas, sino en cuanto ateos, según la citada respuesta de la Comisión.
Para los demás comunistas no existe este impedimento, pero; 2) los que profesan la doctrina comunista materialista y anticristiana deben prestar las cautelas, como los acatólicos ( ad instar acatholicorum ) (can. 1062). Los matrimonios se han de celebrar sin ritos sagrados y fuera de la iglesia (cáns. 1102-1109, § 3). Puede el Ordinario en algunos casos moderar la ley, pero nunca permitir la celebración de la Sta. Misa.
El párroco sólo puede hablar en forma de catecismo. 3) Los que no profesan la doctrina, pero se han inscrito en el partido o favorecen el c., se hallan excluidos en orden al matrimonio por el decreto de 1 julio 1949, pero para su matrimonio, en virtud de la Declaración de 11 agosto 1949, se requiere la observancia de los cáns. 1065 y 1066, esto es, se ha de tratar con ellos como con pecadores públicos o adscritos a las sociedades condenadas. 4) En ambos casos el párroco no puede asistir a las nupcias de los comunistas, sino después de haber consultado a su Ordinario, que puede permitir la asistencia, cuando exista un grave motivo y juzgue que se haya provisto suficientemente a la educación católica de la prole y a la remoción del peligro de perversión del cónyuge no comunista. C) Advertencia de 28 julio 1950. No faltan, sin embargo, padres que consienten que sus hijos sean inscritos en las sociedades perversas fundadas por los comunistas para los niños y adolescentes. A esto se dirige el Monitum o advertencia del Sto. Oficio de 28 julio 1950 (AAS, 42 [1950], 563), sobre la obligación de los padres de educar cristianamente a sus hijos.
La advertencia es sólo una aplicación concreta al caso práctico del Decreto. La Sda. Congr. del Sto. Oficio reiteró en abril de 1959 su condena del c. declarando ilícito a los católicos favorecer con su voto electoral a los partidos o candidatos que, aunque no profesen principios opuestos a la doctrina católica e incluso asuman el nombre de cristianos, de hecho se unen a los comunistas y con su acción los favorecen. Pal.
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