AVARICIA
Índice interno:
1. Naturaleza · 2. Efectos ·
3. Moralidad ·
4. Remedios ·
1. Naturaleza La avaricia, entendida en sentido estricto, consiste en retener el dinero o las cosas materiales que pueden adquirirse con el dinero cuando sería oportuno hacer uso de él, y en hacer uso de él solamente a viva fuerza. Esta tenacidad tiene sus raíces en un apego excesivo al dinero y a los bienes materiales, amados por sí mismos o por fines puramente egoístas: apego que lleva a desear desordenadamente el dinero y a tratar de aumentar cada vez más las riquezas propias, o sea, a la codicia. El amor desordenado al dinero y la codicia se llaman también avaricia en el lenguaje teológico. 2. Efectos La avaricia es obstáculo gravísimo al progreso espiritual: el amor excesivo al dinero causa en efecto muchas inquietudes y preocupaciones, que absorben la mente, y hacen al hombre esclavo de las cosas de la tierra (Mat., 6, 24). La avaricia lleva también a otras muchas culpas, por lo que se cuenta entre los pecados capitales: en efecto, el avaro por no gastar su dinero falta a sus deberes de caridad para con los necesitados; falta a sus obligaciones de justicia; se priva a sí mismo y a los suyos de lo necesario.
3. Moralidad De suyo la avaricia es pecado venial. Pero es culpa grave: cuando se aman los bienes materiales hasta el punto de estar dispuesto a pecar mortalmente con tal de poderlos adquirir o retener; cuando por excesiva tenacidad en el apego a los bienes se falta a un deber grave de justicia o de caridad; cuando se hace uso de medios gravemente ilícitos para adquirir dinero u otros bienes materiales.
4. Remedios La avaricia no es generalmente defecto de los jóvenes, que imprevisores no piensan aún en capitalizar; se manifiesta más bien en la edad madura, cuando surge el conocido miedo a quedar sin medios, fundado acaso en el temor de enfermedades o de incapacidad para el trabajo. La avaricia es un defecto del cual difícilmente se convence uno ya que con frecuencia toma las apariencias de un cuidado prudente por el futuro; por lo que es muy difícil curarse de ella. Los grandes remedios contra la avaricia son: la convicción profunda, fundada en la razón y en la fe, de que las riquezas no son fines en sí mismas, sino simples medios para proveer a las necesidades presentes o futuras nuestras o de los nuestros y para hacer el bien al prójimo; el pensamiento de la muerte, que nos apartará de todas las cosas terrenas (Mat., 6, 19 ss.); una gran confianza en la Divina Providencia; el hacer grandes obras de beneficencia. Man.
Bibliografía
A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística , París, 1930, 891-898
A. Sertillanges, La philosophie de
S. Thomas d’Aquin , París, 1922, p. 326-330.