Diccionario de Teología Dogmática

Antonio Piolanti (A. P.)

SEPTENARIO SACRAMENTAL

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El Conc. de Trento definió (DB, 844) que los Sacramentos instituidos por Jesucristo son siete, ni más ni menos, a saber, Bautismo, Confirmación, Penitencia, Eucaristía, Extremaunción, Orden y Matrimonio.

La Sda. Escritura y los Padres hablan de siete ritos en que se verifican las notas distintivas del Sacramento; son, pues, siete, ni más, ni menos, los Sacramentos instituidos por Cristo. Concedemos que ni la Biblia ni la Tradición enuncian en forma abstracta y exclusiva el número septenario y que es preciso llegar al siglo XII para encontrar la enumeración global de los siete Sacramentos. Pero esto no quiere decir que los antiguos no la conocieran, sino que, aunque admitiendo y usando los siete ritos, no tuvieron ocasión ni modo de señalar su catálogo.

No tuvieron ocasión, bien porque la falta de errores a este propósito no dio lugar a estudios más profundos, bien porque la índole práctica de tales ritos les movía más a inculcar su recto uso que a teorizar sobre ellos; ni tuvieron modo: conocieron, es cierto, que el Bautismo, la Confirmación, etc., están constituidos por un rito simbólico, al que va aneja la eficacia de producir lo que significan, pero era éste un conocimiento concreto y cuando Orígenes y S. Agustín iniciaron el proceso de las abstracciones, su adhesión a la filosofía neoplatónica, que gustaba de pararse en el simbolismo más que de profundizar en los misterios de la causalidad, les hizo fácil aplicar a nuestros siete ritos la noción de signo, pero no les incitó a seguir desenvolviendo la idea de causa. Nació así el concepto abstracto de Sacramento como «signo sagrado», concepto de contornos tan vagos que permitía colocar en el mismo cuadro todos los símbolos, en que tanto abundaba la liturgia. Sólo cuando en los s. XII y XIII los Escolásticos, auxiliados por la filosofía aristotélica, añadieron a la idea de signo, como nota discriminante, la de causa, se hizo fácil reservar el nombre de Sacramento a aquellos signos, que eran al mismo tiempo causa de lo que significaban, y agrupar bajo el mismo título los siete ritos productivos de la gracia.

Por otra parte el hecho de que, apenas redactado el catálogo de los siete sacramentos, fuera acogido por todos los teólogos y se difundiese en muy breve tiempo por todo el mundo católico, demuestra que no era una novedad, sino que respondía a cuanto la Iglesia había practicado y enseñado explícitamente hasta entonces. A esta práctica y enseñanza se agregaba la eficaz confirmación de las antiguas sectas heréticas (Nestorianos, Monofisitas, Jacobitas, etc.), que, aunque separadas en el s. V y VI de la Iglesia Católica, venían profesando el septenario sacramental. Así, pues, ya en aquellos siglos remotos la tradición de los siete Sacramentos estaba profundamente enraizada, porque si hubiera sido posible una sola duda sobre su origen apostólico, la animosidad contra Roma les hubiera movido a abandonar esta cifra para crear una fosa cada vez más profunda entre las dos Iglesias.

Bibliografía

Sto. Tomás, , III, q. 65;
Card. Franzelin, , Roma, 1911;
H. Hurter, , Oeniponte, 1900, v. 3;
P. Pourrat, , Paris, 1910;
A. Michel, «Sacrements», en DTC;
, t. IV, Madrid, 1951.

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