Diccionario de Teología Dogmática

Antonio Piolanti (A. P.)

SIGILO SACRAMENTAL

Recursos

Es la obligación estrechísima de guardar secreto sobre todo cuanto el penitente expone en orden a la absolución sacramental, y cuya revelación haría odioso y oneroso el Sacramento. El sujeto primario de esta obligación es el confesor; el secundario lo son todos cuantos por casualidad o intencionadamente, legítima o ilegítimamente, oyen cualquier cosa de la confesión. No está obligado al secreto, como es natural, el penitente.

El objeto del secreto está constituido: 1) Por todos los pecados mortales en general y en especial y por todos los pecados veniales acusados en especie. 2) Por todo lo que podría constituir un gravamen para el penitente, si fuera conocido. No entran por lo tanto en este secreto las virtudes, los dones sobrenaturales, etc. Aunque el confesor niegue la absolución, queda obligado al secreto, porque, como enseña el Conc. Later. IV, «Radix unde sigillum nascitur non est absolutio, sed paenitentiale iudicium».

Esta obligación se funda: a) en el derecho natural, porque el penitente no manifiesta sus pecados sino bajo la condición del secreto: es un cuasicontrato entre el penitente y el confesor; b) en el derecho divino positivo. Efectivamente Jesucristo ha instituido el Sacramento de la Penitencia en forma de juicio, que requiere la revelación de las culpas, pero implícitamente ha impuesto el sigilo sacramental. De otra suerte el sacramento se convertiría en algo odioso, nocivo, escandaloso, lo que de ninguna manera podía pretender Nuestro Señor, justicia, santidad y misericordia infinita; c) en el derecho eclesiástico, como consta de la severa legislación canónica. De aquí se deduce que este secreto es tan grande que no puede ser revelado, sin permiso del penitente, ni siquiera cuando la vida del confesor se halle en peligro o el bien público pareciera exigirlo. Históricamente consta que una providencia especial ampara el secreto de confesión; con muy poquísimas excepciones, los ministros del Señor han merecido siempre la confianza que los fieles han puesto en ellos, y en ocasiones la han sellado con su propia sangre, como en el caso del martirio de S. Juan Nepomuceno.

Bibliografía

Sto. Tomás, , d. 2, q. 3, a. 4;
D. Prümmer, , III, n. 443-448;
B. Kurtscheid, , Friburgo (Br.), 1912;
L. Honoré, , Brujas, 1924.

Voces relacionadas

Internas

Externas