PRESENCIA (de Dios)
Puede considerarse en relación al lugar y en relación al tiempo. En el primer sentido Dios se halla presente en todos los lugares al mismo tiempo por su infinidad y su inmensidad (v. Infinidad): esta presencia divina se llama ubicuidad. Pero advierte Sto. Tomás que Dios no está esparcido por todas partes, es decir, una parte de Él aquí y otra más allá, sino que por su simplicidad está todo en todo y todo en cada parte del universo.
El título de esta su omnipresencia está en su acción: Dios está presente en toda criatura en cuanto obra (conservando su ser, moviéndola). Y como su acción es idéntica a su esencia, donde Él opera allí está presente en todo su ser. Con respecto al tiempo, Dios está presente a todo momento, pasado, presente y futuro, porque es eterno (v. Eternidad), y como tal trasciende y domina todo el tiempo.
Ésta es la omnipresencia natural, expresada por los Escolásticos en tres fórmulas: por potencia, en cuanto Dios obra en todas las cosas; por presencia, en cuanto es eterno y lo ve todo, según el dicho de la Escritura: «Omnia nuda et aperta sunt oculis eius» (Hebr. 4, 13). Además de esta presencia subjetiva, Dios se halla presente objetivamente en todo entendimiento que lo conoce y en toda voluntad que lo ama.
Finalmente, Dios se encuentra presente de una manera particular en el alma humana santificada por la gracia (presencia sobrenatural), que por ella se ha convertido en templo de Dios (S. Pablo). Sin embargo, aun en este caso la razón fundamental de la presencia divina es siempre una acción de Dios sobre la criatura. Es innegable que Dios se hace presente en el alma santificada aun como objeto de fe y de amor sobrenatural en espera y preparación de la visión beatífica, de la cual es preludio la vida de la gracia (v. Misión, Inhabitación).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 8 y q. 43, a. 3 y 8;
Sertillanges, , París, 1925, I, p. 195 ss.;
R. Plus, , Barcelona, ELE;
v. al pie de Inhabitación.