INFINIDAD
Es la ausencia de límites o términos.
La indeterminación puede tomarse en dos sentidos: a) como privación de determinación que debiera tener naturalmente una cosa; p. ej. la materia prima privada de toda forma; b) como negación de determinación, que una cosa ni tiene ni exige, p. ej., una forma sin materia. Evidentemente el infinito privativo implica imperfección, en cambio el infinito negativo importa una perfección verdadera y propia, por lo que se puede llamar también positivo: la negación de los límites significa riqueza extraordinaria. El acto y la forma, de suyo infinitos negativa y positivamente son limitados por la potencia y la materia en que son recibidos. Su infinidad por lo tanto es relativa, porque está circunscrita por un género o especie; pero si el acto trasciende los géneros y las especies, entonces es infinito absoluto. Y éste es solamente Dios porque Él solo es esencialmente ser, el mismo ser subsistente (v. Esencia). Esta infinidad de Dios, positiva y absoluta, no excluye su determinación, la cual sin embargo significa distinción personal y no limitación.
De la infinidad divina se derivan otros dos atributos: la inmensidad y la ubicuidad. Dios es inmenso en cuanto por su infinidad excluye todo límite y medida; por consiguiente Dios está en todas partes y ninguna cosa creada puede sustraerse a su presencia. La razón formal de esta ubicuidad (omnipresencia) es la acción que Dios ejercita sobre el universo para mantenerlo en el ser y moverlo a la operación. De esta manera se resuelve el problema de la relación entre lo finito y lo infinito, sin caer en el panteísmo: Dios, en cierto sentido, es inmanente en el mundo y el mundo en Dios sin confusión, permaneciendo firme la distinción entre el uno y el otro, como entre efecto y causa.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 7-8;
R. Garrigou-L., , París, 1928, p. 383 ss.;
íd., , Roma, 1923;
A. D. Sertillanges, , París, 1925, I, páginas 139 ss.