Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

MUERTE

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Consiste en la separación del alma, que continúa viviendo, del cuerpo, que se disuelve en sus elementos. El alma es inmortal por su naturaleza, por ser espíritu puro, y por lo tanto simple e incorruptible. El cuerpo, como todo ser material, está sujeto por ley natural a la corrupción. Dios, sin embargo, había provisto con un especial privilegio a la integridad e incorruptibilidad del cuerpo humano: Deus creavit hominem inexterminabilem (Sap. 2, 23). La muerte corporal es consecuencia del pecado, según la amenaza divina: «El día que comiereis de aquel fruto, moriréis». Y S. Pablo dice explícitamente: «Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte» (Rom. 5, 12).

La muerte es ley universal, a la que quiso sujetarse el mismo Cristo. La muerte es el término no sólo de la vida terrena, sino también del tiempo útil para merecer. En efecto, Cristo, hablando de la muerte, la llama «noche en la que ninguno puede trabajar» (Jo. 9, 4). Y S. Pablo (Hebr. 9, 27): «Está determinado que los hombres mueran una vez, después de lo cual será el juicio». Ahora bien, el juicio decide inexorablemente la suerte del hombre. Esta verdad ha sido ampliamente desarrollada por la Tradición y, aunque no definida, el Magisterio ordinario de la Iglesia la ha enseñado siempre (DB, 530 ss. y 693; cfr. también 203 ss., donde se condena la opinión de Orígenes sobre la posibilidad de una redención final después de la muerte).

Fisiológicamente el momento de la muerte real no coincide, sino que sigue al de la muerte aparente. Una reciente teoría («iluminación de los agonizantes») sostiene que el alma entre esos dos momentos puede experimentar una benéfica crisis de conversión bajo un especial influjo divino, pero esta teoría, que ensancharía tan notablemente el camino de la salvación, no ha encontrado favor entre los Teólogos.

Bibliografía

(V. );
A. Michel, «Mort», en DTC, donde se tocan las últimas cuestiones relativas a la muerte aparente. Sto. Tomás, , IV, 95, en que se estudia la delicada cuestión de la inmutabilidad del alma inmediatamente de la separación del cuerpo;
A. Piolanti, , Turín, 1950, p. 2 ss.

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