MISIÓN (divina)
Es la procesión de una Persona divina de otra con relación a un efecto particular producido en una criatura, en que la Persona se hace presente de un modo nuevo. La misión divina implica dos notas esenciales: a) que la Persona enviada procede de la otra que envía; b) un efecto nuevo puesto en el tiempo. La misión puede ser visible o invisible.
1) Misión visible: La del Hijo enviado por el Padre a tomar la naturaleza humana (Encarnación): «Cuando llegó la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo» (Gal. 4, 4). La Encarnación del Verbo es un efecto nuevo que, como acción ad extra (v. Operación divina), es común a las tres Personas, pero terminativamente es exclusiva del Verbo, que es el único encarnado. La relación entre Él y la naturaleza tomada (v. Encarnación) no añade, sin embargo, nada a la Persona asumente, que queda inmutable; esta relación es real de parte de la naturaleza asunta a la Persona, pero es sólo de razón de parte de la Persona a la naturaleza. Otra misión visible es la del Espíritu Santo bajo la forma de paloma (en el Bautismo de Jesús) y de lenguas de fuego (en el Cenáculo). Estas figuras eran signos que indicaban la presencia y acción del Espíritu: como efectos extrínsecos se atribuyen a las tres Personas en común; como signos dicen relación solamente al Espíritu Santo. Es evidente la profunda diferencia entre la misión visible del Hijo, que toma por suya la naturaleza humana, y la misión del Espíritu Santo, que se sirve de signos para manifestarse.
2) Misión invisible: Es más difícil y compleja. Se realiza únicamente con la infusión de la gracia santificante, por la cual Dios se comunica a sí mismo y se da al alma humana, que se convierte en su templo vivo, según las palabras del Evangelio: «Vendremos y haremos morada en él» (Jo. 14, 23). Propiamente esta misión invisible conviene al Hijo y al Espíritu Santo, al que la gracia dice relación como luz y como amor; pero en sentido lato se aplica también al Padre, que se da junto con las otras dos Personas.
Algunos quieren atribuir de un modo particular la inhabitación divina en el alma santificada al Espíritu Santo (v. Inhabitación).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 43;
E. Hugon, , Paris, 1930, p. 262 ss.;
P. Galtier, , París, 1933;
Kolipinski, , Friburgo, 1924.