Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

MARCIONISMO

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Herejía del s. II, acaudillada por Marción, contra el cual escribió Tertuliano un libro (Adversus Marcionem), que nos informa acerca del hombre y de sus doctrinas. Marción tuvo algún contacto con los gnósticos (v. Gnosticismo), pero no llegó a ser verdaderamente gnóstico. Su actitud fue antignóstica en cuanto que prefería un ascetismo práctico riguroso, propuesto como único medio de salvación, en lugar de la ciencia soberbia (gnosis).

Considerando las diferencias que existen entre el A. T. y el N. T., Marción acabó por convencerse de que el Evangelio es la antítesis y condenación del A. T. Los Apóstoles no comprendieron a Cristo, sino que adulteraron su pensamiento. Sólo S. Pablo comprendió a fondo al divino Maestro, condenando el judaísmo. El Dios del A. T. es el Dios de la justicia y de la severidad, que siembra dolor y tribulaciones en la humanidad; en cambio, el Dios del N. T. es el Dios de la bondad y del amor, que se manifiesta en Jesucristo, Espíritu Salvador, aparentemente Hombre, que muere por nosotros para librarnos de la tiranía del «Demiurgo» (el Dios del A. T.).

El hombre se une al Salvador por la mortificación de la carne, por la abstinencia de los placeres y del lujo, sufriendo voluntariamente, hasta llegar al martirio. Arrojado de la comunidad cristiana, Marción fundó una organización eclesiástica aparte, con su jerarquía propia. Fueron muchos sus secuaces, atraídos especialmente por la austeridad de su vida. Su obra fue continuada por Apeles, quien introdujo sensibles modificaciones en el sistema de su maestro. Conciértanse con Marción los Encratitas (v. esta pal.), que condenaban el matrimonio.

No se puede negar que a Marción le animó un sincero deseo de perfección ascética para sí y para los demás; pero cometió el grave error de negar las riquezas doctrinales del cristianismo y la genuinidad de la Iglesia apostólica, obra también de los otros Apóstoles, y no sólo de S. Pablo, a quien Marción contraponía arbitrariamente a los otros. Es una exageración evidente y un error de valoración histórica la opinión de algunos que quieren ver en Marción un reformador providencial y hasta un mártir de la Iglesia oficial. En el seno de esta Iglesia hubiera podido encontrar Marción la satisfacción a su tendencia ascética y el freno providencial contra sus aberraciones.

Bibliografía

J. Tixeront, , Paris, 1942, p. 206 ss.;
K. Amann, «Marcion», en DTC;
E. Peterson, «Marcione», en EC, vol. VIII.

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