LUZ DE LA GLORIA
(latín lumen gloriae): Es una ayuda sobrenatural concedida por Dios al entendimiento de los bienaventurados para hacerle capaz de ver intuitivamente la divina esencia. En la Sda. Escritura se encuentra sólo alguna ligera referencia a esta luz, como p. ej. en el Salmo 35, v. 10: «Y veremos la luz en tu luz»; en el Apoc. 22, 4 ss., se dice que los bienaventurados verán el rostro de Dios sin necesidad de luz, porque el mismo Dios los iluminará.
Los Padres comentando estos textos hablan de un auxilio divino que hace al entendimiento humano capaz de ver a Dios. Así Ireneo, Adv. Haereses, libr. IV, c. 20; Epifanio, Adv. Haereses, 70, 7.
A fines del s. XIII los Begardos y las Beguinas (v. Begardo), sectas de Espirituales, predicaban que el hombre con sus fuerzas puede alcanzar la bienaventuranza, aun en esta vida, sin ningún socorro divino. El Conc. de Viena (1311-12) condena, entre otros errores que se les atribuyen, el siguiente: «el alma no tiene necesidad de la luz de la gloria que la eleve hasta ver a Dios y gozar felizmente de Él» (DB, 475). El Magisterio eclesiástico declara con estas palabras la existencia de la luz de la gloria, sin entrar en la cuestión de su esencia.
Basados en estos datos, los Teólogos han desarrollado toda una doctrina en torno a la luz de la gloria: todos convienen, especialmente después del Conc. de Viena, en admitir la existencia, pero no todos están de acuerdo en determinar su naturaleza.
Algunos, inspirándose en el Nominalismo, hablan de la visión beatífica como una cosa increada que se actúa por virtud de Dios en el alma bienaventurada, la cual permanece simplemente pasiva: por esto la luz de la gloria sería el mismo Dios en cuanto ilumina. Esta teoría es antipsicológica, por no tener en cuenta que el conocimiento lo mismo en el orden natural que en el sobrenatural es un acto vital y por lo tanto debe brotar de las potencias del alma y quedar en ella como propio.
Santo Tomás, en armonía con el análisis de la visión beatífica y los principios de la psicología humana, enseña que el entendimiento creado, no siendo proporcionado a la intuición inmediata de la esencia divina, debe ser dispuesto y preparado a ella con una energía inherente y permanente. En un lenguaje más claro reduce la luz de la gloria a una cualidad habitual (semejante a una virtud), infusa por Dios en el entendimiento de los bienaventurados, para elevarlo operativamente a la visión inmediata de la esencia divina. Esta cualidad infusa forma un solo principio operativo con el entendimiento, de manera que el acto vital de la visión beatífica procede totalmente del uno y del otro bajo diverso aspecto. Esta doctrina es común en la actualidad. La luz de la gloria (= id sub quo) no suprime la inmediación de la Visión, y es más o menos intenso según el grado de gracia santificante en que se encuentra el alma a la hora de la muerte.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 12, a. 5;
, III, cc. 53-54;
J. B. Terrien, , Madrid, 1943;
A. Chollet, , Paris, 1900, c. 6;
A. Piolanti, , 1950, p. 92 ss.;
S. M. Ramírez, , Madrid, 1942.