LIBERTAD (humana)
Es una propiedad esencial de la voluntad, y consiste radicalmente en el dominio de los actos propios, por el cual la voluntad puede querer o no querer, o querer una cosa más que otra. La voluntad es una facultad apetitiva propia de todo ser inteligente: tiene por objeto el bien, que coincide con el ente y, por lo tanto, no incluye de suyo límites, como la verdad, objeto de la inteligencia. Por lo tanto, la voluntad tiene una potencialidad casi infinita en relación con el bien puro, absoluto. Si la voluntad se encontrase ante el bien absoluto, su objeto y fin adecuado, no podría menos de adherirse a él, más aún, se adheriría necesariamente (aunque no con una necesidad ciega).
Pero encontrándose la voluntad humana en medio de las criaturas, que son entes y bienes limitados, no puede ser determinada necesariamente por ninguno de ellos, más aún, los domina con una indiferencia activa, por la cual puede escoger el uno o el otro, o ninguno de ellos, según el juicio de la razón, que considera aquellos bienes particulares como medios más o menos útiles en relación con el fin. La libertad puede ser de ejercicio o contradicción (querer o no querer), de especificación (querer una cosa más que otra), de contrariedad (querer el bien o su contrario, el mal). Poder hacer el mal es un defecto de la voluntad humana, que de suyo tiende al bien. La verdadera libertad está en la elección del bien.
Ésta es la libertad física o libre albedrío, que se demuestra con el testimonio de la conciencia individual y social: el hombre siente que es libre antes, durante y después de la acción; y basada en esta certeza, la humanidad castiga o premia al que hace el mal u obra bien. Sin libertad no habría responsabilidad, y, por consiguiente, se derrumbaría el mundo moral.
Además de la libertad física, llamada también psicológica, hay la libertad moral, que consiste en la inmunidad de la obligación (ley): esta libertad en sentido absoluto existe solamente en Dios, autor de la ley. En el hombre puede haber la inmunidad de ésta o de la otra ley, pero no de toda la ley, por lo que la libertad moral humana es limitada. Por lo tanto, el hombre, físicamente puede querer a su arbitrio, mientras que moralmente su libertad está subordinada a las exigencias de la ley y del fin supremo de la vida.
Errores: Fatalismo, que subordina el mundo y el hombre a una voluntad ciega y férrea llamada destino (v. esta pal.). Más insidioso aún es el determinismo, según el cual el hombre cree ser libre, mientras que su acción es la resultante de coeficientes psicológicos y externos que le llevan necesariamente a tal acción.
La Iglesia defendió siempre la libertad humana, aun frente a la ciencia y voluntad divina y bajo la acción de la gracia; ha condenado igualmente todo atentado a la libertad (v. Predestinacianismo, Luteranismo, Jansenismo). Cf. DB, 317, 615, 1904.
Sobre la libertad de Dios y de Jesucristo en cuanto hombre, v. Voluntad.
Bibliografía
S. AgustínDe libero arbitrio
Summa Theol.
De malo
De veritate
Psicología
Cursus Philosophiae
La conscience de la liberté
Tratado de psicología empírica