LIBRE EXAMEN
Es el principio fundamental del Luteranismo (v. esta pal.). Suprimida la autoridad de la Iglesia y su Magisterio infalible, Lutero pone al creyente ante la Biblia como única fuente y norma de su fe. Entre Dios y el hombre no hay intermediario ninguno; el fiel se acerca a los libros Sagrados, los lee, los examina libremente y saca de ellos las verdades que ha de creer, y las leyes que ha de observar.
Muy pronto se dió cuenta el mismo Lutero del peligro que envolvía aquel principio: cuando vió multiplicarse las opiniones y las tendencias, según el arbitrio individual de los fieles, alzó la voz para imponer su credo, sin advertir la incoherencia de su modo de obrar; incluso llegó a recurrir al brazo secular de los Príncipes. Pero el libre examen había conquistado ya las conciencias y producía sus frutos amargos: al desprecio de la autoridad eclesiástica sucedía ahora el desprecio a toda autoridad, la rebelión contra toda ley y contra todo principio impuesto de fuera.
El libre pensamiento hasta llegar al absurdo y toda la marea demagógica, que infesta el s. XVIII y XIX, tienen su primera raíz en el libre examen luterano. En el terreno religioso este funesto principio ha producido las innumerables sectas protestantes, ninguna de las cuales ha llegado a conseguir detener este fatal proceso de cariocinesis. El libre examen no tiene fundamento alguno en la Sagrada Escritura, más aún; la institución del Magisterio de la Iglesia lo excluye.
Bibliografía
V. al pie de Luteranismo, Protestantismo;
Ch. Bouvier, «Réforme», en DA, col. 801 ss.