Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

INTERCESIÓN (de los Santos)

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Es uso antiquísimo de la Iglesia católica invocar a los Santos y encomendarse a su intercesión ante Dios. Los Cátaros, Valdenses, Wicleff, Lutero y recientemente los modernistas, han impugnado la legitimidad de tal uso, acusándolo de idolatría, derogación del culto de Cristo, único mediador entre Dios y los hombres, como dice S. Pablo, de poca estima de la misericordia de Dios, etcétera.

El Conc. de Trento (Ses. 25, DB, 984), resumiendo las razones de la antigua costumbre, reivindica su legitimidad y utilidad y reprueba como impía toda doctrina contraria: «El Santo Sínodo ordena a todos los Obispos y a los demás que tienen el oficio y cura de enseñar, que según el uso de la Iglesia Católica y Apostólica, ya en vigor en los primeros tiempos de la religión cristiana, y según el común sentir de los Santos Padres y los decretos de los Concilios, instruyan cuidadosamente a los fieles sobre todo acerca de la intercesión e invocación de los Santos... enseñándoles que los Santos, que reinan con Cristo, ofrecen sus oraciones por los hombres a Dios, y que es cosa buena y útil invocarlos con humildes súplicas y recurrir a sus oraciones y a su poderosa ayuda para obtener beneficios de Dios por medio de Jesucristo su Hijo Nuestro Señor, que es nuestro único Redentor y Salvador.

Así, pues, los que no admiten que los Santos en el cielo deben ser invocados, o dicen que los Santos no ruegan por los hombres, o que... su invocación es idolatría, o que... es contraria a la dignidad del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, o que es vano suplicar con la voz o con el pensamiento a los que reinan en el cielo; todos éstos piensan impiamente». En este decreto tridentino se encuentra la solución a todos los aspectos de la cuestión.

1.º Los Santos pueden interceder por nosotros, imitando a Jesucristo, que (en cuanto Hombre) vive siempre para interceder por nosotros ante el Padre (Hebr. 7, 25).

2.º La oración que dirigimos a Dios es un acto de culto latréutico (v. esta pal.), porque creemos que Dios omnipotente puede realizar todos nuestros deseos; en cambio, la oración que hacemos a los Santos es un acto de culto de simple dulía, porque no esperamos de su poder el cumplimiento de nuestros deseos, sino de su intercesión ante Dios, el cual nos puede conceder directamente una gracia en vista de su oración y de sus méritos, o puede incluso obrar un milagro por medio de ellos.

3.º Los Santos ven nuestras condiciones y súplicas en Dios.

4.º La intercesión de los Santos se dirige a Cristo Mediador, por el cual desciende sobre nosotros todo favor celestial.

5.º Dios ve nuestras necesidades y, por consiguiente, podría proveer directamente a ellas, pero la divina sabiduría se complace en comunicar sus dones a través de los intermediarios. Después de Jesús, Mediador entre Dios y los hombres, por encima de los Ángeles y los Santos, está María, Mediadora de todas las gracias, a la cual dirige la Iglesia sus súplicas de una manera especial.

Bibliografía

Sto. Tomás, , II-II, q. 83, a. 4;
S. Alfonso, ;
Monsabré, , 1906;
«Prière», en DA y DTC. * A. Rodríguez, , t. I, Madrid, 1940.

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