INTENCIÓN (del ministro de los Sacramentos)
La intención en general es un acto de la voluntad con el cual determina uno hacer alguna cosa; en el caso del ministro la voluntad de administrar el Sacramento.
El ministro, por ser hombre, es un instrumento libre y en esta su cualidad se encuentra la razón última que explica por qué mientras sus disposiciones morales (fe y estado de gracia) no son necesarias para que el Sacramento produzca la gracia, es de necesidad absoluta la intención, al menos virtual, de obrar como representante de Cristo; en efecto, el constituirse en cada caso instrumento en las manos de Cristo depende de un acto libre de la voluntad del agente racional, cual es el hombre. Añádase que solamente la intención de obrar ministerialmente puede determinar ad unum el significado sacramental del rito externo, susceptible de suyo de múltiples significaciones.
El Conc. de Trento al definir contra Lutero y Calvino la necesidad de la intención (DB, 854) determinó también su objeto: faciendi quod facit Ecclesia. En este inciso, que resume y sanciona una fórmula teológica multisecular, se indica la relación de dependencia del ministro de la Iglesia. La armonía del plan salvífico elegido por Cristo, la manifestación de lo espiritual en lo corporal, caro salutis cardo (Tertuliano), exigía que la actividad del ministro se hallase en relación directa de dependencia de la sociedad visible, la Iglesia, manifestación perenne de Cristo. En efecto, sólo en la dependencia del poder ministerial de la Iglesia, indefectiblemente fiel al mandato de su fundador, encuentran los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares la garantía de la continuidad y de la unidad de los medios de salvación establecidos por el Redentor.
La Iglesia, además, es un cuerpo bien organizado, en que todo movimiento vital, ligado a un rito sensible, debe depender de alguna manera de su Cabeza visible. Es por lo tanto necesario que toda infusión de nuevas energías vitales provocadas por los Sacramentos dependa de alguna manera de la Cabeza visible de la Iglesia y de la Sagrada Jerarquía, que ayuda al Papa «a administrar la Sangre del Cordero por el cuerpo universal de la religión cristiana» (Sta. Catalina de Sena).
Se dice «de alguna manera» porque tal dependencia puede revestir diversas modalidades, desde el máximo hasta el mínimo necesario para salvar el vínculo. En efecto, puede ser explícita, como en el caso del sacerdote católico que absuelve al penitente, e implícita, como en el infiel que ignorante de la Iglesia y de sus ritos es inducido por una súplica a administrar el Bautismo ad intentionem petentis; puede además ser directa, como en todos los ministros en comunión con la Sede Apostólica, o indirecta, cual es la de los herejes y cismáticos, que, por el mismo hecho de que su respectiva secta o iglesia conserva o repite lo que hacía Roma cuando de ella se separaron, en todo Sacramento que administran se unen indirectamente con la Iglesia católica.
Bibliografía
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