INFIERNO
En sentido propio es el estado y lugar de los condenados, o sea de los que, muertos en pecado mortal, sufren una pena eterna. A veces en los Sagrados Libros y en los Santos Padres se extiende el significado del infierno al Limbo y al Purgatorio (como el Hades de los paganos y el Sheol de los hebreos). La Revelación evangélica, completando y desarrollando los elementos dispersos por el A. T., ilumina plenamente este misterio. Bastaría la descripción del juicio hecha por el mismo Jesús (Mt. 25), con la sentencia de los réprobos: «Id, malditos, al fuego eterno». Con frecuencia recuerda el Salvador el infierno con imágenes eficaces (Gehenna de fuego, tinieblas exteriores, llanto y crujir de dientes, horno ardiente, fuego inextinguible). Es también expresiva la parábola del rico epulón. El contexto de estos y otros pasajes no deja duda sobre el sentido propio de la palabra eterno (gr. αἰώνιος).
Tradición: es unánime acerca de la existencia y eternidad del infierno, si exceptuamos alguna voz discorde determinada por las opiniones personales de Orígenes entre el s. III y V. Orígenes pensaba que probablemente después de largas expiaciones todas las criaturas serían purificadas para unirse a Dios eternamente. Algún Santo Padre sufrió su influjo, pero S. Agustín, haciéndose eco de otras protestas, refutó en nombre de la Tradición y de la Sda. Escritura tan extrañas opiniones. El Origenismo fue condenado por el Papa Virgilio (Sínodo Constantin. 543 y Conc. Constantin. II, 553: DB, 230 ss.). Por lo demás la doctrina de la Iglesia es clara y constante: Símbolo Atanasiano, Conc. Later. IV, Conc. II de Lyon, Conc. Florent. y Trident. (DB, 40, 429, 464, 693, 835).
Naturaleza del infierno: a) pena (v. esta pal.) de daño, la más grave consiste en la privación de Dios, fin supremo natural y sobrenatural; b) pena de sentido, es decir, que procede de cosas externas, de las cuales se sirve Dios para afligir a los demonios y a las almas de los condenados (después de la resurrección alcanzará esta pena también a los cuerpos). La pena principal del sentido es el fuego, no metafórico, sino real, que atormenta el espíritu per modum alligationis, dice Sto. Tomás, es decir, por un vínculo puesto por Dios entre el fuego y el alma. La pena del infierno es sustancialmente inmutable: algunos teólogos admiten una mitigación accidental, que es sin embargo difícil de probar. No se puede decir nada acerca del lugar del infierno. V. Condenado, Demonio, Pena.
Bibliografía
Sto. Tomás, , Suppl., q. 97 ss.;
, IV, 90;
James Mew, , Londres, 1903;
Bautz, , Mainz, 1905;
A. Piolanti, , Turín, 1950;
íd., «Inferno», en EC, vol. VI, col. 1941 ss.;
Richard, «Enfer», en DTC. V. la bibliografía citada en la palabra Escatología.