TIBERIO Claudio Nerón
El emperador du- rante cuyo reinado se efectuó la Redención; sólo se nombra una vez en Lc. 3, 1. Nació en Fondi el 42 a. de J. C., en el 23 fue hecho cuestor y en el 13 cónsul.
En el año 7 a. de Jesucristo mereció el triunfo tras las afortuna- das expediciones a Panonia, Dalmacia y Germania. Cuando nació el Mesías en Belén, Ti- berio estaba retirado en Roma. El año 4 desp. de J. C. fue llamado a Roma por Augusto, a quien, al morir, sucedio en el imperio, del 14 al 37. Cuando Jesucristo fue condenado a mo- rir en la cruz en Jerusalén en nombre de Ti- berio hacia el 18 de su gobierno, hacía ya algún tiempo que estaba retirado en Capri, desde donde gobernó el imperio durante no menos de 11 años. Sus principlos fueron más bien demo- cráticos y restituyó al Senado la máxima auto- ridad. Administró con sano criterio la hacienda y se preocupó del ejército. Tuvo un espíritu moderado y caritativo, tanto que mereció que Tertuliano, y otros a su imitación, lo calificaran de anima naturaliter christiana (cf. Apologéti- ca»! V, 2; XXI, 24). Tuvo también sus defec- tos y cometió errores, en muchos de los cuales incurrió instigado por L. E. Seiano, que al fin fue también depurado. Su figura es duramente tratada por los primeros historiadores (Tácito, Ann. I-VI; Suetonio, Vita Tib.; Dion Casio, Hist. Romana, 57-58).
Bibliografía
E. C ia c e r i, Tiberio successore di Augusto. Roma 1944.