MARTIRIO
391AEl término martirio (μαρτύριον, μαρτυρία) y derivados significan «testimonio», y en el Nuevo Testamento son empleados principalmente en ese sentido, al que a veces va unido secundariamente el sentido de padecimiento (cruento o incruento) sufrido con motivo del mismo testimonio.
Pueden distinguirse varios testimonios: 1) El del Padre , que en presencia de la humanidad acredita al Hijo mediante una acción interna en cada individuo (o sea con el don de la fe; Jn. 5, 37 s.; 6, 44 ss.), y mediante las «obras» que Él realiza en el Hijo y por medio del Hijo (Jn. 5, 36; 14, 10, etc.); también el Espíritu Santo, los Profetas y las Escrituras en general, particularmente el Bautista, dan testimonio de la vida y de la doctrina de Jesús (Jn. 5, 33.39.45; 15, 26; Act. 10, 43); 2) el del mismo Jesús , «testigo fiel y veraz» (Ap. 3, 14), respecto del Padre y de su doctrina, que fué dado con la predicación y los milagros ante los Apóstoles , ante el pueblo y ante las autoridades judías, ante el gobernador romano (Jn. 18, 37; I Tim. 6, 13; aquí brilla la idea de testimonio dado con la aceptación consciente de la muerte violenta); 3) principalmente el de los Apóstoles , expresamente constituidos por Jesús para ser testigos autorizados de su resurrección y, en general, de sus enseñanzas, con la perspectiva de las persecuciones llevadas hasta causarle la muerte (Mt. 10, 17-31; Lc. 24, 46 ss.; Jn. 15, 20 ss., 27; Act. 1, 8; 10, 41 ss., etc.).
Ellos se mostraron conscientes de este su deber y lo cumplieron valerosamente (Jn. 19, 35; 21, 24; Act. 1, 21 s.; 2, 32; 5, 29-32; 10, 39-42; I Jn. 1, 1 ss., etc.), dando al mismo tiempo a Dios y a Cristo «testimonio» del mayor amor que cabe (Jn. 15, 13). La afirmación de estos testimonios tiene evidentemente un grandísimo valor histórico y apologético. En sentido algo más lato, son llamados «mártires» los personajes del A. T. que sufrieron padecimientos por mantener su fe en las divinas promesas, dejando así un insigne ejemplo a los cristianos (Heb. 11, 1-12, 1); a ellos pueden añadirse los héroes de la fidelidad a la ley divina, como Eleazar y los siete hermanos Macabeos con su madre (II Mac. 6, 18-31; 7, 1-41). El «testimonio» deberá continuar en la Iglesia hasta su triunfo final por parte de los sucesores de los Apóstoles y de los discípulos de Cristo , que deben transmitir fielmente la doctrina de Jesús , aun a costa de la vida (Ap. 6, 9 ss.; 11, 3-12; 17, 6; 20, 4). Es condición necesaria para ser «confesados», es decir, 391Breconocidos por Jesús en presencia del Padre (Mt. 10, 32). [L. V.]
Bibliografía
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