MARTIRIO
(gr. μαρτύριον, de μάρτυς = testimonio): Es el testimonio que un fiel rinde a Cristo y a su doctrina, afrontando voluntariamente la muerte, o, por lo menos, tormentos graves, infligidos en odio a Cristo y a su religión.
Este concepto lo encontramos ya en el Evangelio; Jesús mismo exhorta a sus Discípulos a ser testigos de su vida y de sus palabras (Jo. 15, 27; Lc. 24, 26). Es más, les predice con todo detalle su suerte futura: serán arrojados de la Sinagoga, entregados por sus consanguíneos, acusados y llevados delante de los Reyes y Gobernadores, condenados a muerte por su nombre (Mt. 10, 17 y 24; Lc. 21, 12). Los Apóstoles manifiestan frente al mundo que son los Mártires, los testimonios de Cristo y afrontan serenos la muerte (Hechos 2, 32; I Petr. 5, 1).
El martirio de los Apóstoles y de sus más inmediatos discípulos y sucesores es una cruenta certificación de la realidad histórica del Evangelio, como hecho, y de su verdad como doctrina de Nuestro Señor. Aquellos mártires atestiguan con su sangre lo que han visto y oído y lo que creen. En cambio, el valor del martirio de los que murieron en los siglos sucesivos es más moral que histórico.
El martirio en conjunto constituye un motivo apologético y un argumento de la verdad de la fe cristiana. El nombre sagrado de mártir no compete, sino a quien da testimonio de la verdad divina, que se encuentra solamente en Cristo y en su Iglesia: este generoso testimonio de sangre fundado en la fe es tal que según la doctrina cristiana puede sustituir al Bautismo y hacer al alma del mártir digna de entrar inmediatamente en el Paraíso. La Iglesia ruega a los mártires y nunca ha permitido que se rogase por ellos.
Fuera de la Iglesia no hay verdadero y propio martirio: un hereje de buena fe que muriese por Cristo podría tal vez ser puesto en el número de los mártires; pero no es mártir el hereje contumaz que muere por su secta, porque el suyo no es testimonio de la verdad divina, sino de una doctrina humana.
Bibliografía
Sto. Tomás, , II-II, q. 124;
D. Marsiglia, , Roma, 1913;
P. Allard, «Martyre», en DA;
más exacto desde el punto de vista teológico, R. Hedde, «Martyre», en DTC;
P. Allard, , Madrid, 1943;
Zameza, , Madrid, 1943.