Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

LIMOSNA

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En su significado primitivo significa «compasión», «piedad» (hebr., hesed ; griego, ἔλεος), que se practica para con los desgraciados y los débiles, y, concretando, con obras de beneficencia para alivio de los menesterosos (cf. Job 1, 3; 4; 12, 18; Dan. 4, 24; Eclo. 7, 10, etc.). Es la caridad en acto. Varias disposiciones de la Ley de Moisés están dictadas por este espíritu de benéfico socorro a los menesterosos (cf. Éx. 23, 11; Lev. 19, 9 s.; 23, 22, etc.; Dt. 15, 7 s.; 24, 19 s.). «Si hubiere entre vosotros un menesteroso, no se endurecerá tu corazón y cerrarás tu mano.» Los profetas son estrenuos defensores de los pobres (Am. 5, 10; 6, 4). Is. 66, 2; 58, 6 ss., invita a los pudientes a que partan su pan con el hambriento, a que vistan al desnudo. Bien conocidas son las palabras del ángel a Tobías y a su hijo: «Buena es la oración con el ayuno y la limosna... Mejor es dar limosna que acumular tesoros. La limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado. Los que practican la misericordia y la justicia serán colmados de felicidad» (Tob. 12, 8 ss.).

La enseñanza de Jesús puede muy bien considerarse como sintetizada en la formulación de la norma que como juez supremo ha de seguir él al juzgarnos: «Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; peregriné y me acogisteis... Cuantas veces hicisteis esto a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis». Igual norma se da para sentenciar a los malos (Mt. 25, 31-46). Esta visión sobrenatural, y sólo ella (el menesteroso, imagen de Dios, representa al 363Amismo Jesús), comunica a nuestra beneficencia un valor merecedor de vida eterna. Tal es el fin que inculca Jesús, así como la delicadeza en la limosna (cf. Mt. 6, 1-4; 10, 41 s., etc.).

Por tanto, la limosna ha de hacerse con amor y por amor (I Cor. 13, 3; cf. Sant. 1-2, etcétera), y los que la practican se hacen hijos del Altísimo (Lc. 6, 35). La primitiva comunidad cristiana de Jerusalén dió respecto de esto un magnífico ejemplo (Act. 4, 34; 9, 36). El apóstol de la caridad, S. Juan, sintetiza la enseñanza en estas palabras: «En esto, hemos conocido la caridad, en que Él dió su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos. El que tuviere bienes en este mundo , y viendo a su hermano pasar necesidad le cierra sus entrañas, ¿cómo mora en él la caridad? Hijitos, no amemos de palabra... sino de obra y de verdad» (I Jn. 3, 16 ss.). [F. S.]

Bibliografía

P. De Ambroggi, Le epistole cattoliche , 1.ª ed., Torino 1949, pp. 59 ss., 251 ss. G. Pirot, Tobia , 1953, pp. 42 s., 126 s.

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