Diccionario Bíblico

Francesco Vattioni

LAQUIS

Recursos

(Hebr. Lákis, acadio La-ki-si). Ciudad del suroeste de Palestina , a medio camino entre Jerusalén y Gaza, descubierta por las excavaciones dirigidas por J. L. Starckey (1931-1938) en el emplazamiento de Tell ed-Duweir. El lugar estuvo ocupado antes de la edad del bronce por una población de trogloditas. En el período de los hiksos aparece fortificada. En el bronce III se edifican sucesivamente tres pequeños templos, semejantes a los de Beisán. Durante el imperio de Tutmosis III, Laquis está en poder de los egipcios. Las cartas de El-Amarna nos informan de que durante los reinados de Amenofis III y IV (s. XIV) Laquis estaba unas veces bajo la influencia egipcia y otras se apoyaba en los habiru para sacudir el yugo egipcio. La destrucción de la ciudad debe relacionarse probablemente con la incursión de los israelitas y con el ataque a la ciudad por Josué (Jos. 10, 32). El descubrimiento de un escarabajo de Ramsés III junto a la ciudadela induce a retrasala fecha de la caída. En el s. X Laquis figura entre las ciudades fortificadas por Roboam (II Par. 5, 12) y en el s. VIII es testigo del asesinato de Amasías de Judá (II Re. 14, 19 s.; II Par. 25, 27 s.).

Miqueas (1, 13) reprende a Laquis por ese mismo tiempo, tal vez por razón de prácticas idolátricas. Otra destrucción, cuya fecha se señala arqueológicamente por los alrededores del año 700, puede, según todas las probabilidades, tener conexión con la expedición de Senaquerib, por más que II Par. 32, 9, sólo relate el asedio de Laquis por parte del monarca asirio, aun cuando II Re. 18, 14, no hable más que de mensajeros enviados por Ezequías a Laquis; e Is. 36, 2, recuerde exclusivamente que el rey asirio envió un representante suyo de Laquis a Jerusalén. El asedio y la toma de la ciudad se conservan en el British Museum en un bajorrelieve de Senaquerib.

En el tiempo de Nabucodonosor , Laquis cae dos veces: la primera (579), de la que no se hace referencia directa en la Biblia, puede deducirse de II Re. 24, 2.7.10-17 y nos es revelada por las excavaciones; la segunda (588-586) está mencionada en Jeremías 34, 7. Después de la cautividad los hebreos vuelven a Laquis (Neh. 11, 30). Las excavaciones revelan una villa de la época persa en la cumbre del Tell (s. V-IV). Laquis es famosa sobre todo por las inscripciones en cascos (ostraka), que suelen 353Allamarse cartas de Laquis , así como por las inscripciones egipcias y cananeas en los sellos, cuyos nombres tienen casi todos sus paralelos bíblicos, por los epígrafes en un alfabeto semejante al protosinaítico (s. XVII-XVI), entre los cuales uno que se halla en la chapa de un puñal, no posterior, según Starckey, al 1600.

Las cartas en cascos de arcilla son 21 y pertenecen a los últimos tiempos que preceden a la toma de la ciudad por los babilonios (588 a. de J. C.). Las dimensiones de los cascos completos oscilan entre los 20 x 27 cm. y los 8,8 x 5, 7. Los signos han sido trazados con un estilete de madera o de junco (cf. Jer. 8, 8; Sal. 45, 2) y con una tinta cuya principal composición la forman el hierro y el carbón, en escritura hebrea derivada de la fenicia, muy semejante a la del ostrakon del Ofel. Los documentos son contemporáneos al papiro de Tell Saqqarah, en arameo, descubierto en Hermópolis, en el oeste de Egipto. Según el examen de la cerámica, los ostraka II, VI, VII, VIII, VXIII provendrían de una misma pieza y serían contemporáneos.

Las cartas de Laquis reflejan la crítica situación del reino de Judá en el momento de la inminente catástrofe y confirman admirablemente algunos pormenores del libro de Jeremías . La importancia de ellas estriba en el hecho de ser unos rarísimos testimonios del hebreo antiguo, y muestran de qué manera aparecieron algunos de los libros históricos, proféticos y sapienciales del Antiguo Testamento, compuestos o transcritos en papiro o en pergamino, no en cascos, pero sí con el mismo estilete y con el mismo sistema de escritura.

El lenguaje es enteramente el mismo de los libros anteriores a la cautividad, lo que demuestra que no existía diferencia entre el lenguaje hablado y la lengua literaria, y que, por otra parte, el conjunto de la Biblia representa al dialecto del territorio de Judá tal como se hablaba en la época de la monarquía. El vocabulario de los ostraka no contiene más que una sola palabra desconocida de la Biblia, algunas palabras raras, como mas’éth, «la indicación luminosa», conocida de los benjaminitas de los textos de Mari y de Jer. 6, 1; Jue. 20, 38. El nombre divino se escribe siempre IHWH, como en la inscripción de Mesa. Las cartas de Laquis ofrecen excelentes modelos de estilo epistolar, de lo que la Biblia no conserva sino muy reducidos restos. El formulario se acerca más a la correspondencia oficial asiria del s. VIII que a las cartas babilónicas o de El-Amarna . [F. V.]

353BBibliografía

The Wellcome Arch. Research Exp. to the Near East: Lachish I , Oxford 1938
L. II , 1940
L. III , 1953. A. Vaccari, Le lettere di L. in margine al libro di Geremia , en Bíblica 20 (1939), 180-99. R. Dussaud, Le prophète Jérémie et les lettres de L. , en Syria 19 (1938), 256-71. R. de Vaux, Les ostraka de L. , en RB , 48 (1939), 181-206. M. A. Van den Oudenrijn, Les fouilles de L. et l’étude de l’Ancien Testament , Friburgo (Sv.) 1942. H. H. Rowley, L. in the pre-exilic age , en The Expository Times , octubre 1953, p. 10 s.

Voces relacionadas

Internas