Diccionario Bíblico

Settino Cipriani

JOSÉ (San)

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Esposo de la Virgen María y padre putativo (Lc. 3, 21) de Jesús , proclamado por Pío IX (8 de dic. de 1870) como «patrono de la Iglesia universal». El nombre (hebr. Yósef , apócope de Yehósef , de la raíz de yásaf = acrecentar) significa «Yavé acrecienta». Las fuentes para la vida de San José son casi exclusivamente los fragmentos evangélicos (321AMt. y Lc.) de la infancia de Jesús. Los apócrifos son enteramente legendarios. José era de la casa de David: el ángel lo llama efectivamente «José, hijo de David» (Mt. 1, 20; cf. Lc. 2, 4; 3, 23). Su padre se llamaba Jacob, según San Mateo (1, 16), Helí según San Lucas (3, 23); pero Helí era padre legal, o padre adoptivo (v. Genealogía ). Hegesipo ( Hist. eccl. de Eusebio, 3, 11) menciona también un hermano suyo llamado Clopa o Cleofás . Tal vez fuese oriundo de Nazaret (Lc. 1, 26 s.): su profesión era la de artesano: τέκτων (Mt. 13, 55; cf. Mc. 6, 3), que la Vulgata traduce por faber , palabra que las más de las veces significa herrero, mientras que el término griego alude preferentemente al carpintero, según lo entienden también las versiones siríaca, copta y etíope , y una antiquísima tradición representada por San Justino y muchos apócrifos.

La última opinión parece más probable, aunque no se excluye que, llegado el caso, también hiciese trabajos en hierro, etc. El hecho cumbre de la vida de San José es su matrimonio con María, que se efectuó, con certeza, en la edad juvenil o en la primera edad varonil, pese a cuanto han soñado los apócrifos e incluso algunos escritores eclesiásticos. El Evangelio llama repetidas veces a José esposo (ἀνήρ) de María, y a María esposa (γυνή) de José (Mt. 1, 19.20.24; Lc. 1, 27; 2, 5). Por tanto fue verdadero matrimonio el de José, aun siendo como fue virginal como se infiere del voto de castidad de Nuestra Señora (Lc. 1, 34) y del dogma de su perpetua virginidad. No mucho después de contraer el matrimonio advirtió señales de maternidad en la esposa (Mt. 1, 18 s.) y pensó en «dejarla secretamente», pues «como era justo» (ibíd.), al no tener ni la más mínima sospecha contra la integridad de la esposa, ante lo incomprensible quería ocultar el misterio y eclipsarse personalmente. Un ángel le anuncia la concepción virginal de María (ibíd. 1, 20), y «recibió» (παρέλαβεν) a su esposa en su casa (ibíd. 1, 24).

No se sabe de cierto si cuando sucedieron estas cosas María y José estaban solamente prometidos (como parecen pensar con los Padre s Griegos los más de los exegetas modernos) o si ya estaban casados y por tanto habitaban juntos (como piensan los Latinos y no pocos exegetas modernos). De todos modos adviértase que entre los judíos los esponsales creaban el verdadero vínculo matrimonial. Cuando el nacimiento de Jesús era ya inminente, José va a Belén para inscribirse en las listas del empadronamiento que había 321Bordenado Octaviano Augusto (Lc. 2, 1-7). Estuvo presente al divino nacimiento en la gruta (ibíd. 2, 7) y a la ad oración de los pastores (ibíd. 2, 16). Al octavo día impuso al recién nacido el nombre que había sido revelado por el Ángel (Lc. 2, 21-25). En la presentación de Jesús en el templo, José llevó, como cabeza de la sagrada Familia, la ofrenda ritual correspondiente a los pobres por el rescate del primogénito (Lc. 2, 22 ss.). Estuvo presente al encuentro del anciano Simeón con el Niño y recibió su bendición (ibíd. 2, 23 ss.). Después de la presentación regresó a Belén, donde hallarán los Magos unos meses más tarde a la sagrada Familia (Mt. 2, 1-12).

En la misma noche en que se fueron los Magos se le aparece otra vez un ángel y le dice que huya a Egipto para salvar la vida del Niño de las asechanzas de Herodes (ibíd. 2, 13 ss.), y a la muerte del tirano nuevamente se le aparece el ángel y le exhorta a que vuelva a su patria (ibíd. 2, 19-21). Pensaba establecerse en Belén, pero al enterarse de que reinaba en Judea Arquelao en lugar de su padre, temió ir allí, y otra vez se le aparece un ángel y le avisa que fije su residencia en Nazaret (ibíd. 2, 22 ss.), donde vivió en la oscuridad con María y con Jesús (2, 40) proveyendo a todas las necesidades domásticas. Volveremos a ver a San José con motivo de la peregrinación pascual de Jesús a los doce años (Lc. 2, 41 ss.), sufrió con María por la pérdida de Jesús: «Mira que tu padre y yo andábamos buscándote apenados» (ibíd. 2, 48). Después de esto la sagrada Familia regresó a Nazaret, y de Jesús se dice que estaba sometido a María y a José (ibíd. 2, 51) y que crecía a la vista de ellos, en «sabiduría, estatura y gracia» (ibíd. 2, 52). En este punto desaparece San José del Evangelio.

Su muerte debió de acontecer antes del comienzo de la vida pública de Jesús, y así se explica que mientras la gente menciona a su Madre y a sus primos (Mt. 13, 55; Mc. 6, 3) nunca menciona a José, y al hablar de Jesús lo llama simplemente «el hijo de María» (Mc. 6, 3). Lo único que el Evangelio dice de San José es que era «justo» (Mt. 2, 19), o sea perfecto en sus relaciones con Dios y con el prójimo. La misión que Dios le confió es reveladora de su admirable santidad. [S. C.]

Bibliografía

U. Holzmeister, De S. Joseph quaestiones biblicae , Roma 1945.
S. José M.ª, Comentarios a los vv. 18, 19, 20 y 21 del c. 1.º de San Mateo y deducciones sobre el primer dolor y gozo de San José , en Ejos. (1950), jul.-dic., n.º 6.

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