Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

JOEL

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Profeta, que probablemente fue de familia sacerdotal (cf. 1, 13; 2, 17). El nombre equivale a decir Yavé es Dios ( Yô’ēl ). Por razón de sus frecuentes llamadas a Jerusalén y a Sión colócase su actividad en Judea y precisamente en la capital. De igual modo se intenta fijar el tiempo en que profetizó Joel basándose únicamente en el examen interno. Los antiguos (cf. König, Theis) se inclinaban preferentemente por el tiempo de Joás (836-797). La exégesis moderna (de Merx en adelante) se muestra cada vez más unánime en señalarle los tiempos que siguieron al cautiverio, entre el 500 y el 400 a. de J. C. Efectivamente, en Joel no hay referencias al reino de Samaría, a Damasco, a Asiria y al imperio babilónico, al rey de Judá y particularmente a los pecados de idolatría. El pueblo de Judá es todo Israel (2, 17-27; 3, 2-16; lo mismo que en los Par.). Tiene alusiones a la destrucción de Jerusalén ya consumada, al cautiverio de los sobrevivientes, a la invasión del país por parte de los pueblos vecinos. Se notan en Joel dependencias de los profetas anteriores y especialmente de Ezequiel (Jl. 3, 4-8.9 [en hebr. c. 4], con Ez. 35-36; Jl. 3, 9-17 con Ez. 38-39; Jl. 3, 18 con Ez. 47, 1-12).

Hay quien precisa más colocándolo inmediatamente después de Malaquías, por cuanto en Joel los sacerdotes aparecen como piadosos intercesores (1, 13 s.; 2, 15 s.), en contraste con las conocidas diatribas de Mal. contra sus defectos y falta de celo. El texto consta de cuatro capítulos en el original hebreo; y en la Vulgata está reducido a tres (2, 28-32 de la Vulgata = c. 4 del hebreo). La breve profecía de Joel, después de exponer una terrible invasión de langostas (1, 1-12), exhorta al arrepentimiento (1, 13-20). El azote vuelve a ser descrito en calurosas imágenes y fuertes metáforas, y es presentado como un ejemplo o tipo del «día de Yavé» o manifestación de la divina justicia (2, 1-11); repite la exhortación a recapacitar sobre la propia conducta moral (2, 12-17). A tales disposiciones de Judá responde el Señor prometiendo, además del cese de la plaga, grandes bendiciones temporales (2, 18-27) y espirituales (2, 28-32; Hebr. 3). Judá será libertada de sus enemigos que intentarán oprimirlo, pero serán por ello castigados (3, hebr. 4). 316BEl texto está bien conservado, y el estilo es brillante.

En sustancia, la profecía asegura la realización de las divinas promesas sobre la estabilidad del nuevo Israel, renacido en la tierra de Judá después del cautiverio, y sobre su evolución, complemento definitivo en el reino del Mesías. Cierto que habrá lucha, principalmente la pronosticada por Ez. 38-39, pero intervendrá Dios («día de Yavé») y el triunfo será seguro, y por lo mismo también la existencia de la antigua Economía hasta la venida del Mesías, a cuyo reino se refiere el célebre oráculo (2, 28-32; hebr. 3) que se realizó en Pentecostés en el prometedor comienzo de la predicación apostólica (Act. 2, 14-21; cf. Rom. 10, 12 s.). También Joel trae las grandiosas imágenes tradicionales (cf. Is. 13, 10; Ez. 32, 7 s.) anunciadoras de las conmociones de la naturaleza, para indicar que la intervención divina en la efusión del Espíritu será tan maravillosa que hasta la misma creación se verá afectada (v. Escatología ). Tampoco pasa de ser simbólica la indicación de «valle de Josafat» (v.), valle donde «Yavé juzga» o castiga a las naciones paganas, que no se concretó hasta más adelante (s. IV desp. de J. C.) en el valle de Cedrón. [F. S.]

Bibliografía

L. Dennefeld, Les problèmes du livre de Joël , París 1926. G. M. Rinaldi, Il libro di Ioele , Rapallo 1938. H. Höpel - Miller - Metzinger, Introd. generalis in V. T. , Roma 1946, pp. 498-505.

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