INFIERNO
En él Nuevo Testamento, ᾅδης («invisible», Platón, Cratilo, 403 a, Fedón, Diferente etimología en Cratilo 404 b; infernus) es el lugar de castigo de los malos después de su muerte . Ya el Precursor hace referencia al castigo: «Todo árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (Lc. 3, 9; cf. Mt. 3, 10; Jn. 15, 6), y añade que el Mesías quemará la paja en un fuego inextinguible (Lc. 3, 17; Mt. 3, 12). La imagen del fuego como pena de los condenados la toma también Jesucristo al decir: «Asi será en la consumación del mundo : saldrán los ángeles y separarán a los malos de los justos, y los arrojarán al fuego» (Mt. 13, 47-50; Ap. 1, 15; 9, 2. Lago de fuego en Ap. 19, 20; 20, 9. 10. 15; 21, 8).
El fuego es eterno (Mt. 24, 41 s.) e inevitable (Lc. 16, 26). Es sinónimo y símbolo del infierno la Gehenna (v.), «donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga» (Mc. 9, 46. 48). Orígenes, Gregorio Niseno, Jerónimo, Ambrosio y Juan Damasceno explican simbólicamente esta expresión y consideran el fuego como imagen de las penas que atormentan a los malos; cf. Lagrange, comentario a Mc. 9, 43; A. Feuillet, en RB, 57 (1950), 189. En algunos textos , el infierno es sinónimo de še’ōl (v.), o sea que indica la morada de los difuntos antes de la resurrección de Jesucristo (Lc. 16, 23; Act. 2, 27. 31 = Sal. 16, 10).
Así Jesucristo tiene las llaves de la muerte y del infierno (Ap. 1, 18; cf. 20, 13; I Cor. 15, 55) en cuanto vencerá a la muerte y dará la bienaventuranza a los justos que están esperando en el še’ōl (v. Retribución). [F. V.]
Bibliografía
P. Antoine, en DBs, III, col. 1071-75. C. Spicq, La Révélation de l’Enfer dans la Ste. Scriture, París 1944, pp. 89-144. F. Cumont, Lux perpetua, ibid. 1949, pp. 224 ss. C. M. Edsman, Ignis Divinus, Lund 1949.