SIERVO de Yavé
554AEs el asunto de cuatro cánticos de Isaías (42, 1-7; 48, 1-8; 50, 4-9; 52, 13-53, 12) que describen con claridad y pre cisión extraordinarias la misión redentora del Mesías com pendiando las principales caracte rísticas del Salvador, pronosticadas en otras partes del Antiguo Testamento y en el mism o libro de Isaías. La profecía se reviste aq u í de la luz y de la precisión de la descripción, por la que ya San Jerónimo (Praefalio in Isaiam) llam aba «evangelista» a Isaías. Estos cánticos son parte de un solo dram a, cuyo tema es la redención del hombre por obra del Mesías, y cuyos protagonistas son Yavé y su «adorador por excelencia» (= su «siervo»), que tam bién es Dlos y hombre que muere y resucita, ofrece su vida a una muerte crudelísima y alcanza un triunfo absoluto. En este drama tom an p ar te los judíos y toda la humanidad. En el primer canto Yavé presenta solemne mente a su elegido, objeto de sus com placen cias (la misma expresión que repite el Padre ce lestial sobre Jesús en el bautismo y en la tran sfig u ració n: M i. 3, 17; 17, 5), cuyo carácter traza y cuya alta misión especifica.
Su siervo es un profeta, un maestro lleno de pa ciencia y de benignidad para con los débiles (42, 2); está lleno de los dones (v.) del Espíritu de Yavé (cf. 11, 2); propagará el cono cim iento de Dlos y de su Ley entre las nacio nes. Yavé lo ha elegido para ser «la alianza del pueblo», o sea para renovar la alianza con su pueblo (42, 6), e incluso para predicar a las islas (42, 1.5), es decir, a las naciones más rem otas, el derecho divino, o sea el estatuto que intenta darles. D e esta nueva alianza profetizará Jer. 31, 31-34; es el reino del Mesías (Hebr. 8, 7-13), y por lo tanto el derecho divino es la doctrina evangélica. Mediante un a imagen que es habitual en Isaías, la obra del Mesías se presenta como una ilum inación (cf. 9, 2; Mi. 4, 14 ss.). Las ti nieblas del error se disipan y los hombres que estaban en la esclavitud de Satanás recibirán la plena libertad de los hijos de Dlos (42, 6). El v. 4 alude ya a las dificultades que el siervo de Yavé encontrará en su misión.
A la presentación de Yavé responde el mis m o Siervo (2.* canto), manifestando la oposi ción, las persecuciones que tendrá que sufrir por parte de aquellos a quienes es enviado, su com pleta unión con Dios, fuente de su fortaleza y de su triunfo (49, 1-8). No todos incluyen los vv. 7-8 en el cántico. El Siervo, elegido para la alianza del pueblo, se entregó a su dura tarea de predicador entre 554Blos suyos. T rabajó en vano: lo asegura Yavé. Su misión era más elevada que la de convertir únicamente a Israel; la salvación se extenderá hasta los extremos del mundo. Pero el Siervo, despreciado y vejado, acabará po r recibir el homenaje de los reyes. Es, pues, perfectamen te claro que el pueblo de Israel, al que había sido enviado el Siervo para convertirlo, le co rrespondio con el desprecio y la aversión. En el tercer canto (50, 4-9), la situación del Siervo ha llegado a ser más crítica. Aquellos a quienes quería convertir se alzan contra Él y le llenan de ultrajes, a pesar de que no les habla más que lo que Dlos le ha ins pirado (v. 4); a sus instrucciones responden con escarnlos y esputos.
Pide valerosamente que se le caree con sus adversarios, que le llam an a juicio, y confía en el socorro divino. «¿Quién me argüirá de pecado?» (= Jn.
Los que acusan al Siervo son aquellos mis m os a quienes quería reformar, sus compatrio tas. El dram a tiene en el último canto (52, 13 53, 12) un sublime epílogo. Los gentiles apren derán lo ocurrido al cabo de cierto tiempo; sentirán primero asom bro y desdén a la vista del estado lastimoso del S iervo; luego se ad m irarán al conocer cóm o son los hechos antes desconocidos y sus adm irables consecuencias. Los hechos son los padecimientos inefables del Siervo de Yavé, que era una víctima, pero víctima inocente; expiaba los pecados de su pueblo. Por eso el Siervo de Yavé fue entre gado a la muerte y sepultado como un cri m inal.
Esta muerte era un sacrificio expiato rio, aceptado como tal por Yavé (53, 11 s.). «¿Quién creerá lo que hemos oído? ¿A quién fue revelado el brazo de Yavé?» (53, 1) «No hay en él belleza ni gracia... despreciado, varón de dolores, conocedor de todos los que b rantos... Pero fue él quien tom ó sobre si nuestras enfermedades y cargó con nuestros do lores... F ué traspasado po r nuestras iniquida des...El castigo de nuestra reconciliación pesó sobre él... Yavé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros. M altratado se resignaba... Fué arrebatado por un juicio inicuo, y ¿quién re flexiona sobre (quién evalúa o puede evaluar la crueldad de) sus contemporáneos? F ué arran cado de la tierra de los vivientes, y muerto po r las iniquidades de m i pueblo...» «Y el fin queda logrado.
El justo paciente, muerto, ha merecido, ha alcanzado la justicia para los otros. Después de su muerte tendrá una descendencia espiritual que por tiempo indefinido será el instrumento de la salvación 555Aconcedida por Yavé. La resurrección se pre supone en la victoria, expresada a la manera antigua con el símil de una batalla victoriosa, de un botín que se reparte» (Lagrange). Es imposible poner en tela de juicio la co rrespondencia entre la profecía y su realiza ción en N. S. Jesucristo.
Los exegetas, aun incrédulos, se sienten sobrecogidos de emo ción ante este cántico, cumbre de las profecías de Isaías sobre el Siervo de Yavé cuya semejan za con el Sal. 2 (22) salta inmediatamente a la vista. Los Apóstoles citan varlos fragmentos de este cuadro incom parable para dem ostrar su realización en Jesucristo (cf. Mt. 8, 17; Mc. 9, 11; 15,.18; Lc. 22, 3 1; Jn. 12, 38; Act. 8, 32; Rom. 10, 16; 15, 21; I Cor. 15, 3, etc.). La tradición católica (y N ort, entre los mismos acatólicos), es unánim e en aplicarlo todo a Cristo paciente. M. J.
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