HELÍ
Sumo sacerdote de la familia de Itamar (I Par. 24, 3; último hijo de Arón; a ella pasó el privilegio del sumo sacerdocio, que primero perteneció a la de Eleazar, mayor de los hermanos, Núm. 20, 25-28; 25, 7-12), y juez de Israel durante 40 años (hebr.; los LXX ponen 20 años; I Sam. 4, 18). Fue el encargado de la custodia del santuario de piedra, juntamente con el Arca, símbolo de la nación, en Silo (ciudad cuyas ruinas se conservan en Seilún, 20 km. al sur de Naplusa; de las excavaciones danesas, 1924, 1929, 1932, resulta ser una aldea habitada desde el Bronce I [2500- 2000], muy próspera desde el s. x ii hasta el x, 255Bsin duda debido a la presencia del Arca; en plena decadencia desde el s. x; después de la muerte de Helí ya no volvió más allí el Arca (cf. Jer. 7, 12; DBs, III, col. 377 s.). Era piadoso y sinceramente devoto.
En I Sam. 1-4 aparece ya anciano (muere a los 98 años), casi completamente ciego y débil de carácter. Es el educador de Samuel, al que acogió de niño en el Santuario, y lo formó en una verdadera y sólida piedad. Sus dos hijos Ofni y Fines (etimologías egipcias: «testarudo» y «el negro») deshonraban al Santuario; el sirviente de ellos sacaba de la olla pedazos de carne sin distinción (mientras que Lev. 7, 30 s., etc., destinaba para ellos solamente la espalda y el pecho de las víctimas), y ni siquiera respetaban la grasa, que era considerada como la porción de Dios (Lev. 3, 14-17; etc.). Era un sacrilegio y un escándalo que inducía al pueblo al desprecio de Dios y del culto. Tenían además tratos ilícitos con las mujeres empleadas en el servicio del Santuario (I Sam. 2, 22). Helí se sintió profundamente afligido al informarse de tales cosas por los rumores públicos. Reprendió a sus hijos ponderando la gravedad de sus culpas y el inevitable castigo; porque si por los pecados contra el prójimo nos alcanzan el perdón la oración y el sacrificio, el abusar de los sacrificios y del lugar sagrado contra Dios con el sacrilegio equivale a privarse irremisiblemente de los medios de propiciación que nos ha facilitado la divina misericordia (I Sam. 2, 23 ss.). Limitóse a la reprensión, incapaz como era de tomar adecuadas medidas enérgicas. Esta su debilidad viene a echársela en cara un profeta anónimo que le predice el castigo divino (I Sam. 2, 27-36): decadencia y empobrecimiento de su familia, que además sufrirá asesinatos y muertes prematuras (asesinato de 84 sacerdotes de Nob: I Sam. 22, 18), muerte de Ofni y Fines, traspaso del sumo sacerdocio a otra familia (con Sadoc, de la familia de Eleazar, a quien Salomón investirá del sumo sacerdocio en lugar de Abiathar, descendiente de Helí: I Re. 2, 27). Idénticas amenazas comunica Dios al joven Samuel.
Al enterarse Helí reconoce que se trata de verdadera profecía y se somete humildemente a la justicia del Omnipotente (I Sam. 3). Y llegó el castigo; luchando con los filisteos son derrotados los israelitas, muertos Ofni y Fines, y el Arca que ellos llevaban es capturada como trofeo. El anciano Helí, que delante del Santuario, lleno de angustia por el Arca, espera sentado la nueva del resultado de la batalla y dirige hacia el lugar de la misma su mirada lánguida, 256Aal informarle de la derrota y de la muerte de sus hijos, y de que ha caído el Arca en manos del enemigo, se desploma hacia atrás, recibiendo una contusión en el cráneo, y muere.
Su nuera, esposa de Fines, muestra igualmente una intensa piedad en el hecho de dar a su parto prematuro el nombre de Icabod, «nada de gloria» = ha pasado de Israel la gloria, por haber sido tomada el Arca (I Sam. 4). [F. S.] L. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu, I, París 1922, pp. 212- 19. A. Vaccari, La S. Bibbia, II, Firenze 1947, pp. 165-77. A. Médebielle, Samuel (La Ste Bible, ed. Pirot, 3), París 1949, pp. 350-67.