HACELDAMA
Campo que un alfarero vendio (¿porque se había acabado la arcilla?) al Sanedrín de Jerusalén por 30 monedas de plata que Judas había recibido por su traición y que después, arrepintiéndose, trató de restituir y las arrojó en el santuario. El Sanedrín lo destinó a sepultura de los peregrinos que morían en Jerusalén [Mt. 246A27, 3-10; Act. 1, 18 s.), con lo que se cumplió la profecía de Jeremías y de Zacarías (Jer. 32, 6-15; 18, 2-12; 19, 1-15; Zac. 11, 12 ss.). De «campo del alfarero» pasó a ser conocido entre los habitantes de Jerusalén con el apelativo de «campo de la sangre» (haqel dema’ en arameo. traducido al griego con la consonante final: solo en Act. 1, 19; en Mt. 27, 8, el término es espurio, contenido únicamente en la Vulgata y en unos pocos códices de la latina prejeronimiana), en recuerdo del sangriento efecto producido por el dinero con que se compró y no del suicidio de Judas, que se realizó en lugar desconocido.
La localización de esta finca no ha sido constante en la tradición; pero hay muchos autores que, siguiendo a San Jerónimo, el cual corrige a Eusebio (III, 38, 21; 39, 26), lo sitúan en la vertiente meridional del monte Sión, al sur de Jerusalén, en las faldas del monte del Mal Consejo, en la confluencia de los valles del Cedrón y del Hinnón. [A. R.]
Bibliografía
H. Vincent - F. M. Abel, Jérusalem nouvelle, II, París 1926, p. 864 ss. G. Perrella, I luoghi santi, Piacenza 1936, pp. 297-302.