FENICIOS — Fenicia
En el sentido más amplio, Fenicia designa la zona comprendida entre el Mediterráneo y la sierra del Líbano, limitada al mediodía por el Carmelo y al norte por el golfo de Iso. En sentido más restringido es la zona comprendida entre los mismos límites orientales y occidentales, pero reducidos al sur por la región de Tiro y al norte por el Eléutero (Nahr-el-Kebir). Parece ser que ésta recibió tal nombre del apelativo
Las relaciones culturales y comerciales entre Fenicia y Egipto, de que nos dan testimonio los documentos arqueológicos durante todo el tercer milenio, aparecen con mayor claridad en los comienzos del segundo milenio en documentos literarios como las Aventuras de Sinuhe y los textos de execración de la 12.ª dinastía. El centro de las relaciones fenicioegipcias en este tiempo es Biblos, donde Egipto ejerció ya cierto dominio que se interrumpió en el período de 1750-1550 aproximadamente con la invasión de los hiksos. Cerrado este paréntesis, los egipcios recobran la Fenicia con Ahmosis I, el cual alude probablemente a los fenicios cuando nombra a los Fenh.u que trabajan en sus subterráneos. También Tutmosis I y Tutmosis III recuerdan sus victorias sobre los fenicios; pero la influencia egipcia será especialmente pujante en los tiempos de Amenofis III y decaerá luego rápidamente en el período de El-Amarna. En este período la Fenicia se presenta dividida en numerosas ciudades-estados independientes unas de otras.
Algunas, como Arado, Simira, Sidón, están en continua lucha con Egipto, en tanto que Tiro y Biblos se mantienen fieles vasallos y resisten hasta el exceso a los mismos nacionalistas habiru. El desarrollo de estas ciudades-estados es floreciente sobre todo en los comienzos de la edad del hierro (h. 1200 a. de J. C.). Tiro, Sidón y Biblos, especialmente, se hacen poderosos centros autónomos, gobernados con un sistema monárquico, y adquieren la primacía económica. En los tiempos de Salomón y de David (II Sam. 5, 11; I Re. 5, 15-32, etc.) ostenta Tiro, con su rey Hirán I, tal primacía Ezechiele, 2.ª ed., Torino 1951, pp. 208-23). Un importante aspecto de la vitalidad fenicia desde el primer milenio es la colonización. Inducidos a la exportación y al comercio con el exterior por lo fértil de sus tierras, los fenicios habían fundado ya centros como Ugarit y Arado. Desde el 1200 a. de J. C. en adelante pasaron el mar y fundaron colonias en África (Carago, 800 a. de J. C. aproximadamente), en 215BCerdeña y en España.
Desde el 850 en adelante Fenicia sufrió invasiones de Teglatfalasar III, Sargón II, Senaquerib, Asaradón, que hicieron tributarias suyas a las ciudades y permitieron a los griegos vencer a los fenicios en la posesión del Mediterráneo occidental, y a los árameos hacer prevalecer su comercio y su cultura. Ciro les dejó cierta autonomía (Esd. 3, 7). Después de la batalla de Iso también Fenicia pasó a Alejandro, y pasadas las tormentosas vicisitudes de los Diadocos, la incluyó Roma, en el año 65 desp. de J. C., en la provincia de Siria, si bien dejando cierta autonomía a Tiro, Sidón y Trípoli. Los fenicios se distinguieron en la industria y en el comercio. De ellos recibieron un gran impulso la elab oración de vidrios, colores, tejidos y metales. Minas de hierro las había en la misma Fenicia. El cobre lo importaban de Chipre. El comercio se comenzó con la exportación de maderas y de papiros , pero muy pronto se desarrolló alcanzando incluso géneros de lujo, como púrpura, telas preciosas, vidrios finos (cf. Ez. 27), y se difundio en todas las direcciones con el favor de la posición geográfica de Fenicia, punto natural de coincidencia entre Egipto, Mesopotamia, Asia Menor y Egeo.
Por eso, aparte las evidentes influencias jeteas y mesopotámicas, se destaca la gran influencia de Egipto: marfiles y objetos de metal de la época del 1200-500 a. de J. C. presentan con frecuencia escenas de mitos y hechos históricos egipcios. También en el arte mantuvieron los fenicios su propia genialidad, y así como evitaron lo monstruoso y lo tosco del arte cananeo, también supieron eliminar el convencionalismo del egipcio, abriendo con ello el camino al arte griego. Escritura y lengua. — Aparte numerosos textos descubiertos desde 1929 en Ras Shamra, se conservan muchas inscripciones de los fenicios. Las más antiguas parecen remontarse a los siglos xvi y xvii a. de J. C., y las del sepulcro de Ahiram de Biblos a fecha más reciente. La tradición atribuye a los fenicios la invención del alfabeto (v.). Lo que parece cierto es que el alfabeto fenicio, probablemente padre del nuestro, fue una progresiva simplificación de los signos pictóricos y jeroglíficos egipcios. La lengua fenicia resulta ser del grupo norte semítico, afín al moabítico, al hebreo y a las glosas cananeas de El-Amarna.
Religion y relaciones con los hebreos. — La religión de los fenicios es substancialmente idéntica a la de los cananeos (v.), pero más variada a causa del gran influjo extranjero (216Aespecialmente egipcio; cf. Dio Sid, y la Señora de Biblos = diosa Hathor) ejercido sobre las ciudades fenicias. Los fenicios coinciden con los cananeos incluso en la forma del culto. Al Baal de Tiro, Melqart, se ofrecían sacrificios humanos, según sabemos por la Biblia, y tal uso se practicaba asimismo en las colonias fenicias: en Cartago se inmolaban víctimas humanas a Baal-Hammon. El influjo religioso fenicio sobre la religión popular hebrea es fruto de las relaciones que se iniciaron entre los dos pueblos poco después de la conquista. Las relaciones fenicio-hebreas, mencionadas ya en tiempos de Débora (Jue. 5, 17), y cordiales en el tiempo de David (II Sam. 5, 11), recibieron el mayor impulso con la colaboración de Salomón (v.) e Hiram de Tiro, y más tarde con Ajab, que casó con Jezabel, hija de Ittobaal (v. Israel, Historia de).
No hay por qué extrañarse de que con tantas relaciones no solo la práctica de los sacrificios humanos, sino la misma prostitución sagrada y en general todos los ritos naturalistas llegaran a difundirse por entre Israel (I Re. 14, 24; 22, 47; II Re. 23, 7; Is. 3, 4; Ez. 16, 16; Bar. 6, 42, etc.). Tal sincretismo religioso produjo una especial reacción en los profetas (Elias, Eliseo, en Samaria). Para el llamado profetismo fenicio (cf. I Re. 18), exaltación psicópata, con danzas, incisiones, v. Profetismo. [G. D.]
Bibliografía
W. F. Albright, Archaeology and the Religion of Israel, 2.ª ed., Baltimore 1946. E. Dhorme, Déchiffrement des inscriptions pseudohiéroglyphiques de Biblos, en Syria, 25 (1946-1948), 1- 35. G. Contenau, La Civilisation Phénicienne, 2.ª ed., París 1949.