CONCUPISCENCIA
De suyo el hebreo ta’-wáh, el griego ἐπιθυμία = deseo o ansia de un objeto cualquiera. Dícese del deseo de la sabiduría (Eclo. 1, 39 = LXX, 1, 26), del amor a la ley divina (Salmo 119, 20); Jesús lo empica para expresar el ansia profunda con que esperó la llegada de la última cena; ἐπιθυμίᾳ ἐπεθύμησα , he deseado ardientemente (Lc. 22, 15). Pero las más de las veces concupiscencia se refiere a deseos y ansias contrarios a la recta razón, en el campo de la pppppsiquis y especialmente de la sensualidad (Tob. 3, 16; Jdt. 12, 16; Eclo. 23, 6; Ez. 23, 16; Col. 3, 5). La razón de la preferencia por este uso está en que en el N. T. la concupiscencia toma un sentido abiertamente definido y entra a modo de jalón en el dominio de la teología. Y es San Pablo su principal artífice, al establecer, aunque sin romper la unidad sustancial de la naturaleza humana, lo que podríamos llamar dos principios de acción en el hombre: la carne y el espíritu ( σάρξ-πνεῦμα )t los cuales luchan inconciliables por destruirse el uno al otro, apoyándose cada uno en las respectivas filas de seguidores, cuales son las obras de la carne» y los «frutos del espíritu» (Gál. 5, 16-25).
La concupiscencia no es la tentación ni el pecado, sino aquella «ley» que, con ser repugnante a la mente, liga los miembros del hombre, es decir, su pppppsiquis, su sentimiento y su todo físico, haciéndolo esclavo del pecado (Rom. 7, 23). Esta «ley» de esclavitud se reveló en los miembros del hombre inmediatamente después del pecado original (Gén. 3, 7 ss.). Para romper esta cadena de servidumbre y volver al pleno equilibrio del ser, es preciso renacer a una vida nueva, mediante la muerte mística, juntamente con Cristo en el bautismo, del que se resucita, igualmente con Cristo, convertido en una «nueva creatura» [Rom. 6, 6; Gál. 6, 15). [N. C.]
Bibliografía
Büchsel, en ThWNT, III, pp. 168-72.