CONCUPISCENCIA
Se entiende psicológicamente en general como una función del apetito sensitivo que se divide en irascible (frente al bien o mal difíciles) y concupiscible (frente al bien o mal fáciles). En este sentido la concupiscencia, como todas las pasiones sensitivas, es una propiedad natural buena que puede, sin embargo, servir al Bien o al mal.
Moralmente la palabra concupiscencia significa una inclinación desordenada a los placeres sensibles contra el orden racional: más estrictamente equivale a la sensualidad. La concupiscencia entendida en sentido moral se llama también fomes (del pecado). Lutero (v. Luteranismo) sostenía que esta concupiscencia (de la cual habla también S. Pablo, Rom. 7, 18) es pecaminosa en sí misma e invencible. Pero la Iglesia enseña que la concupiscencia, aun siendo consecuencia del pecado original (v. Integridad), no es pecado en sí misma, sino que solamente inclina al pecado, mas no irresistiblemente, pues el hombre puede vencerla con la buena voluntad y la gracia de Dios, ganando así méritos con esta lucha. Cfr. Conc. Trid., DB, 792.
Hubo algún escolástico que, llevado de una mala interpretación de alguna frase de S. Agustín, opinó que el pecado original consistía en la concupiscencia. A lo que responde Sto. Tomás: la concupiscencia entra en la constitución del pecado original no como elemento formal, sino como elemento material. Pervive aún después del Bautismo ad agonem (Conc. Trid., l. c.).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I-II, q. 82, a. 2;
B. Beraza, , Bilbao, 1924, p. 133 ss.;
G. Boyer, (al di Trento), en «Gregorianum», 1945, p. 65 ss.