Diccionario Bíblico

Giuseppe Turdessi, O. S. B.

COLOSENSES (Epístola a los)

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Lo mismo que Ef., Flp., y Flm., fue escrita durante el primer encarcelamiento romano del Apóstol (61- 63). Pablo está encadenado y en prisión, pero disfruta de cierta libertad de palabra, de acción y de movimiento. Es cierto que no puede alejarse personalmente si no es en compañía de un soldado que lo lleva atado por el brazo, pero él tiene conciencia de que no se puede mantener así atada la palabra de Dios. Sus cadenas son su gloria y la gloria de la Iglesia; sus padecimientos completan lo que falta a la pasión de Cristo por los elegidos de Dios. Y tiene la esperanza de que presto se verá enteramente libertado. Todo este complejo de circunstancias parece adivinarse ya al final de los Actos (28, 16-31). El contenido ideal de este grupo de cartas encaja perfectamente en el ambiente romano, tal como podía ser apreciado por el Apóstol. En la calma relativa de la prisión, su espíritu se entrega a la contemplación de Cristo y de su obra, la Iglesia. Así como el inmenso imperio de Roma tiene en esta ciudad su centro unificador y propulsor, de igual suerte Cristo es la Cabeza y la cúspide de todo ser, y lo es de una forma trascendentalmente más real.

Cristo no es solo una realidad histórica sino que es el 115Acentro de la historia; realidad infinitamente amable para sus fieles; tan amable y cercana que, sin intermediario, une entre sí a sus seguidores y los hermana de tal forma que no constituyen más que un solo cuerpo místico animado del divino Espíritu, y que vive y respira para la gloria del Padre . Ef., Col. y la esquela a Filemón son contemporáneas; Tíquico es el portador de las tres. Como en la Epístola a los Filipenses se expresa más abiertamente la esperanza de una inminente liberación, juzgamos que ésta debió de ser escrita después de las otras. 113ALa iglesia de Colosas, situada en Frigia, y más concretamente en el valle del Lico, no había sido fundada por el Apóstol, que ni siquiera la había visitado. El apóstol de Colosas había sido el griego indígena Epafra, a quien Pablo colma de elogios; y tal vez lo había convertido a la fe en Éfeso. Epafra se llegó a la prisión de Pablo y le puso al corriente de los problemas que agitaban a su tierra para recibir de él consejo y ayuda.

La ocasión próxima y el contenido de esta epístola aparecen bastante claros en los puntos fundamentales; pero es muy difícil determinar con precisión cuál fuera el sistema de aquellos innovadores que agitaban a esta prometedora cristiandad, desconociendo la dignidad única de Cristo. Parece descubrirse un deletéreo influjo judío, al que se unen especulaciones de otro origen y de índole diferente, que a menudo hallaron en Frigia un terreno muy propicio. Expónese el argumento en una primera parte dogmática (1, 15-2, 23), salpicada de puntos polémicos. En la segunda parte, «parenética» (3, 1-4, 6), sácanse las consecuencias prácticas de la exposición dogmática. En un breve exordio (1, 1-14) tienen lugar los rituales saludos cristianos, acompañados de la acción de gracias a Dios pola fe y la caridad de los colosenses, a lo que sigue la promesa del Apóstol de rogar por ellos. En el epílogo (4, 7-8) vienen saludos, la bendición y una alusión a la misión de Tíquico y de Onésimo.

No cabe duda de que la parte más interesante y característica de esta epístola es aquella en la que, en un estupendo desahogo lírico, canta el Apóstol las glorias de la obra y de la dignidad de Cristo en relación con Dios, con toda la creación y con la Iglesia, fruto de su sangre (1, 15 ss.). Esta sección tiene alguna semejanza de ideas y de palabras con algunos pasajes del Evangelio de San Juan (principalmente en el prólogo) y del Ap., si bien San Pablo introduce un estilo muy suyo y personal, y se muestra mucho menos irenista que el Discípulo amado. 115BSe enseña claramente la preexistencia del Hijo, imagen sustancial del Padre, y su carácter de Cabeza del cuerpo místico como Verbo Encarnado. Todas las cosas fueron creadas en Él, que es causa ejemplar y eficiente de todas ellas, y «Él es antes que todo, y todo subsiste en Él. Él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia; Él es el principio, el primogénito de los muertos, para que tenga la primacía sobre todas las cosas. Y plugo al Padre que en Él habitase toda plenitud y por Él reconciliar consigo, pacificando por la sangre de su cruz, todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo» (1, 113B17-20).

Asentadas estas premisas, Pablo pasa ágilmente a la acción concreta de Cristo en sus fieles, santificados y reconciliados con Dios mediante su Sangre, por lo que deberán permanecer firmes en la fe, inamovibles en la esperanza de aquel Evangelio del que Pablo ha sido constituido ministro. En el fragmento 1, 24-2, 5, muestra el Apóstol cómo su acción y sus sufrimientos tienden a hacer perfectos a todos los hombres en Cristo. Sobre el profundo significado de la palabra «misterio», v. Efesios. En la última sección de la parte dogmática (2, 6-23) Pablo se presenta fuertemente polémico, e impugna a los falsos doctores mostrando la falsedad teórica y práctica de sus enseñanzas. Pasando a lo concreto, el Apóstol demuestra cuál ha de ser la nueva vida de los fieles (3, 1-4, 6), quienes, por haber sido incorporados a Cristo, deben llevar una vida enteramente celestial y santa, sea cual fuere el estado en que haya de desenvolverse su existencia. Se pasa revista a los deberes de los cónyuges, de los hijos, de los padres, de los señores y de los esclavos, y a todos se recomienda oración , vigilancia y prudencia.

La genuinidad de esta epístola, no solo es admitida por los católicos, sino también por la inmensa mayoría de los exegetas acatólicos modernos. La conocieron Ignacio, Policarpo y Justino: y la atribuyen expresamente a San Pablo, San Ireneo, Tertuliano, el fragmento Muratoriano y los Padres posteriores. Esta epístola, lo mismo que su gemela a los Efesios, expresa toda la admiración conmovida y el amor sin límites de San Pablo a su adorado Maestro y Redentor. [G. T.]

Bibliografía

P. Médébielle, en La Ste. Bible (ed. Pirot, 12), París 1928 (1946), pp. 102-126. Höpl-Gut-Metzinger, Intr. spec. in N. T., 5.ª ed., Roma 1949, pp. 396-404.

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