ASCENSIÓN
El misterio comprende dos aspectos y dos modos: 1) la exaltación celestial, invisible, pero real, de Cristo resucitado que volvió al Padre a tomar posesión de su gloria, ya en el día de la resurrección; 2) la manifestación sensible de esta exaltación a los Apóstoles , después de las diversas apariciones, que tuvo lugar en el momento de su última separación en el Monte de los Olivos . El vocablo está reservado propiamente a esta última manifestación, conforme al uso establecido por la Iglesia, especialmente en la liturgia. Son muchos los pasajes neotestamentarios que afirman unánimes la exaltación de Cristo resucitado a la diestra de Dios, e implícitamente la Ascensión: Mt. 28, 18 (Jesús ha recibido todo poder en el cielo); I Tes. 1, 10; 4, 16 s.; II Tes. 1, 7; Rom. 8, 34; Col. 1, 18 ss.; Fil. 2, 9 ss.; 3, 20 s.; I Pe. 1, 3 s.; 21, etc. Otros afirman sencillamente la Ascensión sin determinación alguna: Act. 2, 33 ss.; 5, 30 s.; Ef. 4, 8; I Tim. 3, 16; Hebr. 6, 19 s.; 9, 24, cf. 1, 3-13; 2, 7 ss.; 10, 12 s.; 12, 2; I Pe. 3, 22.
La Ascensión invisible aparece inmediatamente enlazada con la resurrección, en Jn. 20, 17; cf. San Jerónimo, Ep. 59 ad Marcellam 4; Ep. 120 ad Hedyliam 5; Lc. 24, 26. — Cf. también Ep. Barnabae 15, 9; Apol. de Aristides c. 15 (texto griego y siriaco); Test. 12 Patri., Benjamín 9, 5. La Ascensión está emplazada a una distancia más o menos larga de la resurrección: Lc. 24, 51; Mc. 16, 19; Act. 13, 31. Esa distancia está fijada en cuarenta días en Act. 1, 1-12, que es la principal narración.
En el v. 9 se describe el modo sensible de la Ascensión de Jesús (sobre el monte de los Olivos, Act. 1, 12; cf. Lc. 24, 50 en Betania, en el camino de Jerusalén al sobredicho monte): «Didendo esto y viéndole ellos, se elevó (Jesús), y una nube le ocultó a sus ojos» (alusión en Jn. 6, 63). El acercamiento invisible, que transciende de Cristo resucitado para una vida gloriosa, es la parte esencial del misterio. La Ascensión visible es más bien la última ida o separación de sus discípulos. Después de la exaltación celestial propiamente dicha, Jesús había vuelto aún varias veces para conversar con ellos: ahora los deja de un modo definitivo. Su Ascensión es la preparación inmediata para la venida del Espíritu Santo (Jn. 16, 7). Por eso la narración de Act. 1, 9 no lleva los 61Acolores de un triunfo ni los de otras teofanías. La Ascensión visible es una preciosa confirmación de la exaltación ya realizada.
La crítica ha querido contraponer los dos aspectos y los dos modos, lanzando a la pugna la consabida evolución: la glorificación espiritual habría acabado por ser materializada tal como la vemos en el relato de Act. 1, 1- 12. Semejante evolución presupone la negación de la resurrección corporal de Cristo y la composición de los Actos en una época muy posterior, como sería el s. II: presuposiciones insostenibles, enteramente arbitrarias, contrarias a todas las fuentes inspiradas y a toda la tradición de la Iglesia primitiva, cuando el mismo Harnack, apoyado únicamente en la crítica interna, establecía la autenticidad de los Actos como escritos por Lucas no más acá del año 63 desp. de J. C. [F. S.]
Bibliografía
V. Larrañaga, L'Ascension de Notre Seigneur dans le Nouveau Testament (trad fr.). Roma 1938. P. Benoit, L’Ascensión, en RB, 56 (1949) 161-203. J. Renié, Les Actes (La Ste. Bible, ed. Pirot, 11. 1), París 1949. pp. 38-42.