ÁNGELES
Es transcripción del griego ἄγγελος equivalente a «nuncio», «mensajero».
Además de este significado (cf. Núm. 20, 14; Jos. 7, 22...) en los LXX toma también el de «nuncio celestial enviado por Dios» (p. ej., Gén. 16, 7...), lo mismo que en la Vulgata, si se exceptúan algunos pasajes (Eclo. 5, 5; Is. 18, 2; 33, 3; Mal. 2, 7). Se les llama: ángeles de Dios (Gén. 28, 12; 32, 1); hijos de Dios (no porque hayan sido engendrados por Dios, sino porque forman parte de su familia (cf. los hijos de los profetas) (Job 1, 6; 2, 1; 38, 7); ejército de Yavé (Jos. 5, 14); ejército del cielo (I Re. 22, 19; Gén. 19, 1, 15, donde sólo son los ángeles que 32Baparecen); forman parte de la corte de Dios (Job 1, 6; 2, 1; I Re. 22, 19); lo alaban (Job 35, 7); se comunican con él (Gén. 28, 12) y constituyen su ejército (Gén. 32, 7; Jos. 5, 13, 14; II Re. 6, 17). Es distinto de éstos «el ángel del Señor» (mal’ak Yavé) que aparece aisladamente y comunica a los hombres los preceptos de Dios (Jue. 6, 11-16); los socorre (Gén. 16, 7-13; I Re. 19, 7; cf. II Sam. 14, 17); es sabio (II Sam. 14, 20); es protector del pueblo de Israel (Éx. 14, 19; Jue. 6, 11-14; 13, 2-5; II Re. 19, 35...), sólo una vez se opone a él (II Sam. 24, 16).
En algunos textos se nota la distinción que hay entre él y Yavé (Núm. 22, 31; II Sam. 24, 16. Éx. 33, 2, 3), y en otros muchos aparece como si fuese el mismo Yavé manifestándose bajo forma sensible (Gén. 16, 7-13; 21, 7-20; cf. B. Stein, en Bíblica, 19 [1938] 286-307). Los ángeles son seres que están entre Dios y los hombres (Tob. 12, 12 ss.); muchas veces tienen un nombre específico: Gabriel (Dan. 9, 21), Miguel (Dan. 10, 13; 12, 1), Rafael (Tob. 12, 5); y también una encomienda determinada (Gabriel explica a Daniel cómo sucederá la plena restauración desde la vuelta del destierro hasta la venida del Mesías: Dan. 9, 21 s.; cf. 8, 15; Miguel interviene: Dan. 10, 13; 12, 1).
Los ángeles instruyen a los profetas (Ez. 40, 3; Zac. 1, 9), protegen al pueblo elegido (Dan. 10, 13; 12, 1), a los individuos (Tob. 12, 3), pero son meros ministros de la venganza divina (Gén. 19, 11; II Sam. 24, 17); intervienen en la promulgación de la ley entre los judíos (Act. 7, 53) (cf. Strack-Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch, III, München 1952, pp. 554 ss.). Los ángeles se comunican con Dios (ofrecen las oraciones: Tob. 12, 12), constituyen su corte (I Re. 22, 19; Job 2, 1; 33, 23; Tob. 12, 15), tienen naturaleza diferente de la humana (Tob. 12, 19; cf. I Re. 19, 21; II Mac. 3, 24; Sab. 7, 23, donde se les llama espíritus), pero son inferiores a Dios y deben obedecerle (Tob. 12, 20).
Su santidad (Sal. 88 [89], 8; Job 5, 1) no es comparable con la de Dios (Job 4, 18; 15, 15). El número de los ángeles es elevadísimo (Gén. 32, 1 s.; Heb. 2, 3; Dan. 7, 10); están divididos en jerarquías (Jos. 5, 13.15; Dan. 10, 13; 12, 1; Job 12, 15), p. ej., el grado de los Serafines (Is. 6, 2) que tienen la misión de alabar a Dios. Tal vez deban incluirse entre éstos los Querubines, los cuales, no obstante, se manifiestan bajo un aspecto no acostumbrado entre los otros ángeles del Antiguo Testamento. En Ez. cada uno tiene cuatro «sagomes» o aspectos, 33Acomo los genios de Babilonia. Es seguro que también éstos son ángeles, pues están en comunicación con Dios y rigen su trono (cf. «Tú que te sientas sobre los Querubines»...).
En el Nuevo Testamento aparecen en el evangelio de la infancia, en la narración de las tentaciones en el desierto y de la consolación de Cristo en Getsemaní. Son también los testigos de la resurrección de Cristo, pero jamás se muestran en su vida pública. Asisten a la Iglesia naciente y la comunican los mandatos divinos (Act. 8, 26; 10, 3; 27, 23); ayudan a los apóstoles y son destinados a servir a los cristianos (Heb. 1, 14; Mt. 18, 10; Le. 15, 10). Son inferiores a Cristo y a él están sujetos (Col. 1, 15 s.); serán ministros suyos al fin de los siglos, disponiendo las cosas para el juicio (Mt. 13, 41; 24, 31); ejecutarán la sentencia (Mt. 13, 39) y formarán el cortejo de Cristo a su regreso triunfante (Mt. 24, 31; Le. 12, 8; II Tes. 1, 7). Manifiéstanse bajo formas humanas, vestidos de blanco, como de un velo que deja transparentar su naturaleza trascendental (cf. Mt. 17, 2-11).
En cuanto a las categorías angélicas es de notarse que en el N. T. se habla de un arcángel cuyo nombre se silencia (I Tes. 4, 16). Otros nombres se leen en San Pablo , como los tronos, dominaciones, principados, potestades. En algunos lugares léense las virtudes en vez de los tronos (Col. 1, 16; Ef. 1, 21). Si a estos nombres añadimos los que están ya en uso en el Antiguo Testamento: ángeles, arcángeles, querubines y serafines, tendremos las nueve jerarquías angélicas. Pero esta opinión no tiene fundamento serio ni en la Sagrada Escritura ni en la tradición patrística (cf. F. Prat, La teología de San Pablo, II, México 1947, pp. 472 ss.). [B. N. W.] J. Touzard-A. Lemonnyer, en DBs , I, col. 242-62. ThWNT , I, 72-86. P. Heinisch, Teologia del Vecchio Testamento , Torino 1950, pp. 139-47.