Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

TRABAJO (N.ª S.ª del)

Recursos

1. El t. de María en el magisterio eclesiástico. Es digno de relieve el magisterio de Pío XII sobre el t. de María. «María —dijo él— experimentó en familia... la fatiga cotidiana del trabajo» (Discurso a los nuevos esposos, 10 de mayo de 1939; Cf. Bertetto, Il Magistero Mariano di Pio XII, Ed. Paulinas, 1956, p. 47). Él contemplaba a María en Nazaret «en el cumplimiento del deber de cada día y de los trabajos domésticos, en la paciencia y en la oración» (Radiomensaje a los fieles de Bretaña el 26 de julio de 1954; Cf. Hilario Marín, S. J., Doctrina Pontificia, IV, Documentos Marianos, BAC, 1954, p. 763). Fue Pío XII el que consagró el día primero de mayo (mes de Nuestra Señora) como fiesta cristiana del trabajo en 1957. En 1953 el mismo pontífice delegaba en el obispo de Como para coronar solemnemente en Nuevo Olonio S. Salvador la imagen de «Nuestra Señora del T.». También Juan XXIII invitaba a los trabajadores a acercarse a Ella «en la sublime dignidad del trabajo, que fue patrimonio de la Sagrada Familia en Nazaret» (Disc. del 19 de abril de 1959; Cf. «L’Oss. Rom.»).

2. El t. de María en la Sagrada Escritura. Diciendo explícitamente el evangelio que María era «Madre de Jesús» (Mt. 2, 11; Jn. 2, 1; 19, 25) y «esposa de José el carpintero» (Mt. 1, 19; 1, 20), viene a decirnos implícitamente que Ella, por su pobreza, se dedicaba a los cotidianos trabajos domésticos. María es la auténtica «Mujer» de los Proverbios (31, 10) a la que vemos preparando la «comida» para su familia, «tomando el huso» con sus blancas manos e industriándose «con el lino y la lana». Reflejos de las laboriosas ocupaciones cotidianas de María pueden verse a través de las palabras e imágenes usadas por Jesús en sus discursos (v. Baldensperger, The Immovable East, Londres 1913).

3. El t. de María en la tradición. Padres y escritores han puesto de relieve este aspecto característico de la vida de María. Así, por ej., Tertuliano nos dice que María era «quaestuaria», o sea, que se ganaba la vida con su propio trabajo (De spectaculis, XXX, en Crippa, La M. d. L., p. 71, v. bibl.); Orígenes nos dice que María, «paupercula», ganaba su sustento «hilando» (Contra Celsum, I, 1, 28, ibíd.); S. Basilio M. nos presenta «a María con José y Jesús, dedicada a los asiduos trabajos manuales» (Constitutiones Monasticae, c. IV, n. 6, ibíd., p. 72); S. Ambrosio nos la presenta dedicada al trabajo, «intenta operi» (De Virginibus, 1, II, ibíd., p. 73); S. Jerónimo la llama «tejedora de lana» (Ad Helidorum, ibíd., p. 74); Nicéforo habla del «huso» de María (v. en Bourassé, 9, XXIX, ibíd., p. 74). En la Edad Media, con el florecimiento de los gremios de artesanos, María fue puesta como Patrona, y en su honor los artesanos levantan templos, consagran hospitales y practican varios actos de culto. Así, por ej., en Roma los toneleros reedificaban y decoraban Santa María in Capella del Trastévere; los hortelanos adornaban a Santa María del Huerto.

Los cereros se obligaban a asistir, tres veces al año, al descubrimiento de la imagen de la Virgen del Pórtico (Cf. Fanfani, A., Saggi di Storia economica, p. 283). Casi todos los Estatutos de las artes se inician con el nombre de Nuestra Señora. En Francia, en los primeros siglos después del año mil, 19 corporaciones de artesanos regalaban a la catedral de N.ª S.ª de Chartres 42 vidrieras que hacían ilustre el trabajo de los carniceros, panaderos, zapateros, carpinteros, peleteros, herreros y barrileros. En una de dichas vidrieras se representa a María, sentada, entretenida con la costura, con una cesta donde se descubren los vestidos preparados para Jesús (Cf. Crippa, op. cit., pp. 100-101). El Congreso Mariano de Turín de 1898 hacía votos para que «en todas las fábricas» se formasen asociaciones bajo el título más popular de Nuestra Señora entre las «obreras de la misma profesión», y se propuso que todas las asociaciones obreras fundadas en nombre de María se reuniesen para celebrar una fiesta, «participando en ella con vestido» de trabajo. León Harmel deseaba la unión de todas las asociaciones obreras cristianas bajo el patrocinio de «N.ª S.ª de la Fábrica».

Y en 1884 el Congreso Social de Francia se concluía confiando todo «a la poderosa y misericordiosa intercesión de N.ª S.ª de la Oficina». En 1894 el Congreso de Amiens recomendaba la «archicofradía de N.ª S.ª de los Campos» y la asociación «Nuestra Señora del Trabajo». Actualmente existen en la Iglesia unos quince institutos que llevan el título de «N.ª S.ª del T.», dedicados al apostolado social. Son también numerosos los grupos de Trabajadoras Domésticas, organizadas en las ACLI con el nombre de «N.ª S.ª del T.» en sus insignias y banderas (ibíd., páginas 102-103). Entre las iglesias erigidas a «N.ª S.ª del T.» o «Protectora de los Trabajadores», recordemos la de París (en el barrio obrero de Plaisance) y la erigida en Bolonia por el cardenal Lercaro. En Calolziocorte se venera, desde finales de 1480, la «Madonna del Lavello», y en Osio (Bérgamo), desde finales del s. XVI, se da culto a «N.ª S.ª de la Escoba» (porque, según la tradición, muchas veces se vio a María con la escoba en la mano, barriendo los sagrados lugares abandonados). El 5 de mayo de 1901, con ocasión de la primera fiesta de «N.ª S.ª del T.» (ideada por D.

Guanella en el territorio de la colonia agrícola por él fundada en las cercanías de Colico), fue bendecida una imagen que representaba a la Inmaculada en actitud de proteger con la derecha a un herrero arrodillado, mientras un labrador le besa la mano izquierda. En aquella circunstancia se repartió una plegaria a «N.ª S.ª del T.» indulgenciada por el obispo de Como. El 11 de diciembre de 1955, en el santuario de N.ª S.ª de Guadalupe (Méjico), un obrero y empresario, ante más de 200.000 trabajadores y contratistas de trabajo, ceñía con una corona de oro las sienes de la Virgen Morena, proclamada «Reina del T.». El 24 de mayo de 1959, en Loreto, con ocasión de la peregrinación nacional, las trabajadoras domésticas organizadas en las ACLI repartían también ellas la consagración a María y enviaban un mensaje a todas las obreras del mundo para que, dirigiéndose con el pensamiento a la casa donde Ella trabajó, honrasen y venerasen en ella a «N.ª S.ª del T.».

4. El t. de María en la iconografía. También aquí la Virgen Trabajadora ha precedido a la representación de Cristo Obrero y de S. José Obrero. La primera representación de María relacionada con el trabajo se remonta al s. V y se halla en el arco triunfal de Santa María la Mayor: María está hilando la purpúrea lana que sale del cesto enhiesto que está a su lado. Tanto en Oriente como en Occidente, en las antiguas representaciones de la Anunciación (por ej., en la basílica de Parenzo, s. VI; en la cátedra de marfil de Ravena, entre el 546 y el 556), se representa a María con la rueca y el huso; sólo en el s. XI la rueca y el huso son sustituidos por el libro, abierto o cerrado, entre sus manos o sobre las rodillas. En un mosaico de la iglesia de Kahrie-Giami de Constantinopla, del s. XIV, María está recibiendo de manos del Sumo Sacerdote la madeja de púrpura para tejer el velo del templo. En una vidriera de Pürgg, de 1300 (que se conserva en el museo de Viena), se la representa tejiendo. En el evangeliario de Sciaffusa, de 1330-40, bordando. En un cuadro de la catedral de Barcelona (de la escuela catalana) se la representa cortando y confeccionando un vestido para Jesús.

Han representado a la Santísima Virgen entretenida en las labores de costura Bernardino Luini (en Brera), Juan Francisco Caroto (pinacoteca estiense y academia de bellas artes de Venecia). Murillo la presenta, en la Sagrada Familia, entretenida en hilar (museo del Prado). Lo mismo hacen Juan Borgogna, Jacinto Espinosa, Gerardo delle Notti, Carlos Le Brun, Bernardo Castello (santuario de la Misericordia en Savona), F. Lozza, A. Donaducci, etc.; Guido Reni la representa en actitud de coser el equipo para el Hijo que espera (Quirinal). La escuela de Caravaggio la representa aprendiendo a coser con su madre Santa Ana (Roma, Palazzo Spada). En el s. XIX el tema se representa con mayor frecuencia. Son notables las pinturas de Enzo Canestrato, Jorge de Chirico, Carlos Carrá, Efisio Oppo, Pío Fantini, etc. En 1957 la oficina central de asistentes ACLI promovía un concurso sobre Nuestra Señora del T. que tuvo feliz éxito. BIBL.: Zampogna, G., Maria, Regina del Lavoro, en «Lettera agli Assistenti», abril de 1958; Crippa, E., La M. d. L., Edizioni Paoline, 1959, 143 pp.

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