PRINCIPIOS MARIOLÓGICOS
Entre los factores que han contribuido notablemente al desarrollo de la mariología, la historia de esta parte de la ciencia teológica enumera también la determinación cada vez mis precisa de sus principios, asi como de los fundamentos y del valor de los mismos. Examinemos dos puntos: 1) la importancia de tales principios para la ciencia mariana; 2) la evolución histdrica de tales principios en la mariología.
I. La importancia de los P. M. aPrincipio» (de primum capere), etimoldgicamente significa aquello que viene primero (en el orden cronológico), o aquello que es comienzo, origen del ser (en el orden ontológico), o aquello que es comienzo de conocimiento (en el orden lógico). Por consiguiente, una cosa puede ser antes que otra de tres maneras: 1) o en el orden cronológico; 2) o en el orden ontológico; 3) o en el orden lógico. 1 El principio comprendido en el primer modo (o sea, en el sentido de primero en el orden cronológico) ha llegado a quedar como muy secundario, casi fuera de uso. Se usa mucho mis, sin comparación, en los otros dos significados (en el orden ontológico y en el orden lógico). En estos dos sentidos ha tomado, precisamente, el nombre de «principio de Aristóteles* (Met.
I, 3 ss.). En efecto, segun dicho filósofo «es principio primero aquel por el cual una cosa es o se cambia (principio ontológico), o es conocida (principio lógico)n. Y aplicando esta su definición, es decir, poniendo un ejemplo, dice: ttSon, pues, principios la naturaleza, los elementos, el pensamiento, la deliberación, la sustancia, el fin» (1. c., V, 1).
Por consiguiente guiente, todas las causas son principios. Y coma los principios lógicos son también causa en el orden lógico, Aristóteles desarrolla con cierta amplitud la doctrina o teorfa que a ellos se refiere. Para Aristóteles, principio lógico o «principio de la demostración es la proposición inmediata, o sea, aquella que no se deriva de otra proposición» (Anal. Post. I, 72, n. 7). Tales proposiciones, o axiomas, o principios inmediatos, «son por si y es necesario que sean indemostrablesi) (1. c., cc. 3 y 2). Entre estos principios, en el orden lógico, sobresale el principio llamado principio de contradicción «sobre el cual, como advierte Santo Tomis, se fundan todos los otros principios» (S. Th., I-II, q. 94, a. 2). Los principios son como alas semillas de las ciencias >. Cuando hablamos de P.
M., intentamos hablar, evidentemente, de principios en el orden lógico (no en el orden cronológico u ontológico), o sea, intentamos hablar de proposiciones de por sí evidentes, sin previa demostración. Estos P. M. son conocidos, no con la razón, sino mediante la revelación, como todos los demás principios teológicos. Así como entre los principios ade razón> hay uno que es el primero entre los primeros y que es la base de todas las demostraciones y del cual todos los otros dependen (el llamado principio de contradicción), así entre los diferentes principios arevelados» tiene que haber uno que sea el primero entre los primeros y que sea como la base de toda la ciencia mariana. Esto supuesto, la singular importancia de los principios en el desarrollo de la ciencia mariana es obvia. En la mariología ocurre lo que suele suceder en otras ciencias o en parte de las ciencias, como ha puesto de relieve eficazmente Francisco Chiesa: «El mundo estl lleno de casos en los cuales, puesto un principio, se derivan consecuencias admirables* (aLectiones Theologiae dogmaticaea, vol. Ill, Alba Pompeiae 1930, p. 315).
II. Evolución histdrica de los P. M.
La cuestáón sobre los principios de la mariología ha sido tratada ex professo principalmente por maridlogos postridentinos. En efecto, en el perfodo que precede al concilio de Trento, el primero y Ultimo en tratar ex professo de los principios fundamentale de la mariología fue el cdlebre canciller de la universidad de Paris, Juan Gerson (f 1420) (v.), en la Epistola Cancellarii Parisiensis de susceptione humanitatis Christi allegorica et tropologica («Opera, Parisiis 1606, t. I, col. 451 ss.). Despuds del concilio de Trento, particularmente en los ss. xvi y xvn, desarrollaron, con mayor o men or riqueza, un tal tema, S. Lorenzo de Brindis (1559-1619), Bartolomd de los Rios, O. E. S, A. (v.) (en el prefacio a su Hierarchia Maríana, Antuerpiae 1641), Tedfilo Raynaud, S. J. (1582-1663), en sus Diptyca Maríana, Juan María Zamoro, O. F. M. Cap. (en la obra De eminentissima Deiparae perfectione, Venetiis 1629, L. I, cap. 22, nn. 6, 85). S. Lorenzo de Brindis (v.) fue quien empezd a distinguir el primer principio de la mariologla (la divina m«rnidad) de los principios secundarios (la singularidad, la conveniencia, la eminencia y la analogfa o La Mariología di S.
Lorenzo da Brindisi, Padua 1951, pp. 16-62). Justamente a principios de este siglo, el P. G. B. Terrien, S. J., desarrolld notablemente la teoria de los P. M., basdndose sobre todo en Gerson. En el libro tercero del primer volumen de su obra La Madre de Dios y Madre de los hombres (2 vols., Madrid 1928) tratd ampliamente de la am«rnidad divina», dignidad en cierto sentido infinita, como «principio, centro y clave de los privileges todos de María b, o sea, de todos los privileges ade naturaleza, de gracia y de glorias, ya que todos están incluidos, al menos virtualmente, en el título de madre de Dios. En prueba de eKo aducfa tres razones, a saber: 1) porque los reclama, a título de ((disposición» a su dignidad sin par; 2) porque su unión con el principio de la gracia es la mis estrecha de todas; 3) a causa del amor de la madre al hijo y del hijo a la madre. Una vez determinado el primer principio de la mariología, el P. Terrien pasa a determinar otros dos principios o areglasB, como £1 las llama, cutilfsimas para determinar las prerrogativas par- ticulares pertenccicntes a la m«rnidad divina», o sea, el principio de teminencia» y el de a conveniencia».
Y no falta una fugaz alusión al principio de a analogfa b o semejanza con Cristo (L. Ill, cap. 1, n. 1). Veinte años más tarde, en 1920, la cuestáón de los P. M. era reanudada por Girard, con el artículo aPrincipes directeurs de la théologie mariale», en la «Revue du Clergd Frangaisn, 12 (1920) 5 ss. En 1931 (el año del XV centenario del concilio de £feso y de la definición dogmitica de la m«rnidad divina) la cuestáón de los principios de la mariología y, de una manera del todo particular, la cuestáón de un primero y supremo principio capaz de reducir a orgánica unidad el tratado ««de Beata», recibid un fuerte impulso por parte del Can. Jos 6 Bittremieux, profesor de la universidad católica de Lovaina e iniciador de las jornadas marianas (a Maríale Dagen») de Tongerloo, en Bélgica. En las a«Ephemerides Theologicae Lovanienses» (7 [1935] 249-251) publicd un artículo sobre el «De principio supremo Mariologíae». Luego reanudaba la cuestáón en la misma revista (8 [1936] 607-609) y en la obra aMaríalia» (Bruselas 1936, pp. 16-29). A Bittremieux hicieron eco: en España el P. Bover, S.
J. (Sintesis orgdnica de la Mariología en función de la asociación de María a la obra redentora de Jesucristo, Madrid 1929), en Alemania el prof. Feckes (Das fundamentalprinzip der Mariologie, en a«Scientia Sacra», a. 1935, pp. 252-276), el P. Deneffe, S. J. (Het grond-princiep der Mariologie, en «Maríale Dagen van Tongerloo», 6 [1936] páginas 70-82), el P. Nuy, S. J. (Ibid., 6 [1936] pp. 23-41), en Bélgica el P. Druwd, S. J., en Francia (Position et structure du Traite Ma - rial, en ««Bull. Soc. Franç. Et. Mar.», a. 1936, pp. 16-29). En 1933 el P. E. Neubert, marianista, en la obrita Marie dans le dogme (Paris 1933, pp. 273-326), exponfa con discreta amplitud los principios fundamentales de la mariología (el principio de conveniencia y el principio de analogfa o semejanza con Cristo). En el año 1938 el P. Carlos Balić, en su opúsculo De Regula fundamentali Theologiae Maríanae Scotisticae (Sibenik 1938), aclaraba ampliamente el llamado «principio de conveniencia, que ha jugado un papel tan importante en el desarrollo de la teología mariana entre los escritores franciscanos». En el mismo año 1938 el P.
Keuppens, en su Mariologíae compendium (pp. 14-19), hablaba con discreta amplitud tanto del primer principio como de los demás principios fundamentales de la mariología (conveniencia, eminencia, analogfa). Dada la fundamental importancia de la cuestáón, en 1940 el autor de este diccionario reanudaba y trataba de un modo mis profundo la cuestáón de los principios de la mariología, tanto la del primero como la de los secundarios, y publicaba De principiis fundamentalibus Mariologíae (Extracto de «Maríanum», vol. II, a. 1940, pp. 217- 250; 362-385). Y hablando de los principios secundarios, a los tres principios bien conocidos —conveniencia (v.), eminencia (v.) y analogfa (v.) o semejanza con Cristo— añadía un cuarto, que había de ser antepuesto a los otros tres, o sea, el principio de «singularidad trascendente» (v.), que coloca a María, en virtud de su singular misión, por encima de todas las demás pur as criaturas, reivindicando privilegios enteramente singulares. Este cuarto principio mariológico ha sido después aceptado por no pocos.
La «Sociedad Mariológica Española», en efecto, en su tercera semana mariana, la de 1944, tomaba como tema general la cuestáón de los principios fundamentales de la mariología. Las diferentes relaciones fueron publicadas en el volumen II de <Estudios Maríanos» (Madrid 1944). Fue sometido a discusión y a revisión crítica todo cuanto había sido ya expuesto, sobre la cuestáón, en el sobredicho trabajo. El ejemplo de la «Sociedad Mariológica Española» fue imitado por la «Sociedad Mariológica Americana» en la reunión celebrada en P«rson del 5 al 6 de enero de 1959 (v. ««Mar.-St.», 10 [1959]).