Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

PRESENTACIÓN DE MARÍA

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Es un episodio de la vida de María narrado, por primera vez, en el apócrifo «Protoevangelio de Santiagoa (v.), del s. ii. I. La P. en la narracion de los apócrifos. El Protoevangelio de Santiago la cuenta así: «Habiendo llegado [María] a la edad de dos anos, dijo Joaquín a Ana: “Llevémosla al templo del Señor para cumplir la promesa que hicimos, no sea que el Señor nos la reclame y nuestra ofrenda resulte ya inaceptable ante sus ojos.” Ana respondió: “Esperemos todavía hasta que cumpla los tres años, no sea que la niña vaya a tener anoranza de nosotros.” Y Joaquín respondió: “Esperemos.” »Al llegar a los tres años, dijo Joaquín: “Llamada las doncellas hebreas que están sin mancilla y que tomen sendas candelas encendidas [para que la acompañen], no sea que la niña se vuelva atrás y su corazón sea cautivado por alguna cosa fuera del templo de Dios." Y asi lo hicieron, mientras iban subiendo al templo de Dios.

Y la recibid el sacerdote, quien, después de haberla besado, la bendijo y exclamd: “El Señor ha engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos [I Pet. 1, 20] manifestará en ti su redención a los hijos de Israel.” sEntonces la hizo sentar sobre la tercera grada del altar, y el Señor la revistid de gracia, y el la danzó con sus piececitos, ha - ciendose querer de toda la casa de Israel II Re. 18, 16]. sBajaron sus padres, llenos de admiración, alabando al Señor Dios [Lc. 2, 20] porque la niña no se habia vuelto atrás. Y María permaneció en el templo como una palomita, recibiendo alimento de mano de un ingel» (Cf. De Santos Otero, A., Evangelios Apócrifos, BAC, Madrid 1956, piginas 157-159). El episodio fue ampliado y dramatizado más tarde por otros evangelios apócrifos. Así, por ej., el ps.-M«o, IV, y el De Nativit« Maríae, VI, 1, hablan de 15 (en lugar de tres) gradas del altar, «porque (segtin declara el De Nativit« Maríae), como el templo estaba edificado sobre un monte, no se podía llegar al altar de los holocaustos, que estaba fuera de su recinto, sino por medio de gradasu (o. c. t p. 266).

Estas 15 gradas se ponfan en relación con los 15 salmos gradu«s (Sal. 119-133). II. La P. en los Padres y escritores de la Iglesia. El episodio de la P. Io cuentan tambien S. Gregorio Niseno, en el s. IV (Orat. in diem Natalem Christi, PG 46, 1139), Teodoto de Ancira, de la primera «>piitad del s. v (Homil. VI in S. Deiparam ef*in Nativ. Dom., PG 77, 1427), el himnOgrafo Jorge, del s. vn (Cf. Pitra, Anal spic. solesm., p. 275). En el s. viii la P. fue celebrada por S. German de Constantinopla (In Praesent. Deip., PG 98, 291), por S. AndrOs de Creta (Or. I in Noth’. B. M. V., PG 98, 815a) y por S. Juan Damasceno (De fide orthod., I, 4, c. 14, PG 94, 1159a). En el s. ix hay el testámonio de Epifanio monje (De Vita B. Maríae, n. 5, PG 120, 1916), de S. Teodoro Estudita (Doctrina chron. Monasterii Studii en mayo, Nova

Bibliografía

Pa - trum, t. II), de Jorge de Nicomedia (Serm. VI de ingressu Virginia in templo, PG 100, 143b), de Simón Metafraste (Or. de
S. María, n. 2, PG 115, 531c). En el s. x hablan de la P. el emperador León el Sabio (In
B. Maríae Praesent at., PG 107, 11-22) y
S. Fulberto de Chartres (De nativ. B. M. V. t PL 141, 324). En el s. xi tenemos a Santiago Monje (Cf. Ballerini, Silloge Monumento - rum ad mysterium conceptionis Immacular tae Virginis Deiparae illustrandum, Roma 1854-56, t. II, 590-632), a Jorge Cedreno (Hist, compend., PG 121, 362c) y a Teofilacto de Bulgaria (PG 126, 144). En el s. xii, la «stáguan Teodoro Prodromos (PG 133, 1177-78) y el autor del Christ us patiens (PG 38, 244). En el s. xiii tenemos a NeOfito Recluso (en el cdd. 1189 del fondo griego de la Bibl. Nac. de Paris) y a BartolomO de Trento (aVita et actus Sanctorum per anni circuluim, cap. 105). Hasta el s. xvr nadie pensó en negar o poner en duda este episodio de la vida de María. Los primeros que lo negaron fueron los centuriadores de Magdeburgo, refutados por
S. Pedro Canisio . Entre los católicos, el primero en dar valor a la negation de los centuriadores fue el dominico P.

Jacinto Serry (1659-1738) en la obra Exercitationes historicae, críticae, polemicae de Christo ei usque Virgine Mat re, Venetiis 1719, cc. 18 y 19, pp. 125-137, obra puesta en el tndice en 1722. Segiin Serry, la P. de María es «dudosa y del todo inciertaa (op. cit., p. 128). EI cardenal Lambertini, más tarde Benedicto XIV, afirma: aNos, que ni siquiera un Ipice queremos apartarnos de la sentencia comiin de la Iglesia, afirmamos que la Bienaventurada Virgen fue presentada en el templo para que alii recibiese una educación adecuada (Delle feste di G. C. (...) e della B. Vergine María, Venecia 1767, pp. 321-24).

III. La P. en la liturgia. La celebración de la fiesta de la P. el 21 de noviembre parece que está en relación con la fiesta aniversario de la dedicación de la iglesia de Santa María erigida por Justiniano I en el año 543 para localizar, segun parece, el acontecimiento de la P. En Occidente, en cambio, ya comenzó a aparecer, aisladamente, por los ss. x y xii (Cf. Low, en «Enc. Catt.», IX, col. 1367). Comenzó después a hacerse universal en el año 1372, por obra de Felipe de Mazières, embajador francés en Chipre. Gregorio XI la incluyO en el Calendario Romano.

Pío IV la introdujo en el Breviario Romano. San Pío V la suprimió, pero Sixto V, en 1585, la prescribió nuevamente a toda la Iglesia. Clemente VIII, en 1602, la elevó al rito de doble mayor. IV. La P. en la iconografía. La primera representación de la P. es la que se encuentra en la «lastra» de S. Maximino de Provenza, donde se lee, encima de la cabeza de la Virgen orante: aMaría Virgo — Ministra de — Templo Gerosolymitanae» (Cf. DALC, X, 2, col. 1787-88). En el s. x se halla el episodio de la P. en una miniatura del Menologio griego del Vaticano (Cf. Rohault de Fleury, La Vierge, I, Paris 1878, p. 52). En el s. xi se halla el mismo episodio en las miniaturas del libro de homilías de Santiago Monje (v. la reproducción en Venturi, La Madone, représentation de la Vierge dans tart italien, París, s. d., p. 108). En el s. xiv se fija, por asi decir, el tema que seri después el dominante, o sea: se ve a la santa niña, acompanada de Joaquín y de Ana -—los cuales se quedan con otros espectadores a la debida distancia—, subiendo ella sola por una escalinata que se alza delante del templo, donde es acogida por el Sumo Sacerdote.

Las más célebres representaciones de la P. son las de Giotto, Tadeo Gaddi, Ghirlandaio, Tiziano, etc.

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