Diccionario de Teología Moral

Giuseppe Graneris (Gra.)

VOLUNTARIO

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1. Concepto

V. es todo acto nuestro y todo efecto de nuestros actos cuando procede de nuestra voluntad operante a la luz del conocimiento racional. Es por lo tanto conceptualmente distinto de lo querido, que es todo objeto de un acto de voluntad, aunque no proceda de ella.

Como nuestra actividad voluntaria tiene elementos necesarios (v. Voluntad) podemos distinguir un v. necesario y un v. libre: al primero señalamos el aspecto genérico y formal de tendencia al bien o a la felicidad, que es el alma de toda nuestra volición; al segundo atribuimos los elementos determinados y concretos por los cuales la voluntad se dirige a un fin particular y definido. Todo lo que vamos a decir ahora se refiere al v. libre.

La voluntariedad tiene sus grados: es perfecta cuando el sujeto conoce claramente lo que quiere y lo quiere con plena libertad y consentimiento; es imperfecta si al sujeto le falta la claridad del conocimiento o la libertad o la plenitud en la adhesión.

No hay que confundir esta imperfección del v. con la repugnancia que la voluntad puede sentir y debe superar para determinarse. Más aún, la victoria sobre la repugnancia suele ser un signo de mayor fuerza volitiva, si bien vulgarmente se usa decir que en tales casos se obra contra la voluntad, mientras que es precisamente la voluntad la que obra contra otras tendencias y supera sus obstáculos. Así se ha de juzgar, p. ej., el acto de la madre que castiga a su hijo y lo hace sufrir cuando su deseo sería ahorrarle todo sufrimiento. Esto que se realiza en estas circunstancias es absolutamente v., si bien tenga unido un elemento de repugnancia por donde algunos le llaman condicionalmente involuntario, por su involuntariedad condicionada e ineficaz.

2. División

Se puede ser causa de cualquier cosa de un modo positivo o de un modo negativo según que la causalidad se ejercite con una acción o con una omisión.

El v. se distingue también en actual y virtual. El acto de la voluntad misma es siempre v. actual; la distinción se aplica por lo tanto sólo a lo que sucede fuera de la voluntad, pero bajo su imperio. Es v. actual lo que va acompañado y es causado por el acto de la voluntad, como el herir a un enemigo con pleno conocimiento de causa. Es v. virtual lo que no va acompañado, pero es causado por un acto de voluntad precedente y perdurante en su eficacia.

Al v. actual y virtual se suele añadir un tercero, llamado habitual, que sería aquel que ocurre de conformidad con nuestra voluntad, la cual, sin embargo, ni lo acompaña ni lo causa. Resulta por lo tanto difícil dar a esta expresión un sentido moral, ya que faltando toda causalidad voluntaria se tendría un v.-no-v. y no imputable al sujeto. De hecho los teólogos moralistas no recurren a esta forma de v., si no es en materia de sacramentos, cuando no se trata de la moralidad del acto, sino de la validez del rito.

Las denominaciones de v. expreso, tácito, presunto, interpretativo, no se refieren propiamente al v. mismo, sino a su manifestación e interpretación social. Tienen, pues, más importancia en el orden jurídico que en el moral. Baste observar que el presunto y el interpretativo pueden no existir (v. Voluntario en causa).

Gra.

Bibliografía

Sum. Theol.
Theol. moralis
De actibus humanis

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