SUBCONSCIENCIA
1. Noción. - El problema de la s. no ha sido resuelto hasta el presente con plena satisfacción: las dificultades provienen tanto del objeto como de la diversa mentalidad de quien estudia su solución. Según Freud (1856-1939, discípulo en París de Charcot, profesor de neuropatología en la Universidad de Viena), a la s. pertenecen todos los fenómenos que han sido en el dominio de la consciencia, de los cuales en aquel momento determinado no se es consciente, a condición de que se puedan fácilmente recordar. El que ciertos hechos olvidados retornen más o menos fácilmente a la memoria y otros no, depende según Freud de una mayor o menor combatividad de estos hechos con ciertas exigencias fundamentales del individuo. Cuando hay incompatibilidad, los hechos pasan al inconsciente, de cuyo campo no vuelven a salir. Pero es necesario distinguir claramente entre consciente y s. La consciencia, en sus múltiples gradaciones, es siempre consciencia, porque el más y el menos no mudan la especie ( plus et minus non mutant speciem ). Se podrá llamar consciencia disminuida, semiconsciencia, pero siempre se tratará de consciencia.
La s. debe abrazar otro campo, el de los fenómenos pertenecientes ya a la consciencia, pero caídos en aquel tiempo determinado en el olvido, como quiere Freud, de quien sin embargo hemos de disentir porque no es el hecho ni siquiera presente, sino futuro, de volver o no volver a la memoria el que hace pasar estos fenómenos al inconsciente; sino la imposibilidad. Entre la consciencia y la s. no se ve el mitológico cancerbero inhibidor. Las imágenes de que dependen el concepto y el pensamiento (la escolástica prueba que el entendimiento depende intrínsecamente de los sentidos) se imprimen en la fantasía (potencia orgánica) más o menos profundamente y se despiertan según ciertas leyes, que valen en aquellas condiciones determinadas, esto es, cuando se verifican ciertos hechos, y estos hechos habrán de tener una fuerza tanto mayor, cuanto menos profundamente está fijada la imagen en la fantasía. Por lo tanto, un hecho extrínseco y futuro no puede mudar la especie, haciendo pasar un fenómeno del campo de la s. al de la inconsciencia.
Se dan también casos en que las imágenes no se pueden despertar, no por una vaga incompatibilidad con las exigencias fundamentales del individuo, sino por el hecho de que la parte del órgano de la fantasía donde está impresa una imagen determinada ha sido lesionada, enferma, destruida, de manera que ya no puede servir. Entonces podemos conceder que no conservándose ya la imagen o siendo inservible también el hecho psíquico pasa al inconsciente. No se debe creer que el subconsciente sea estéril, porque puede tener influencias, incluso considerables, sobre los hechos de la consciencia o al menos sobre las operaciones de un individuo. Podremos comparar, p. ej., el subconsciente a una fuente subterránea que mantiene húmedo y fecundo el terreno superior, al mar que iluminado hasta cierta profundidad esconde más abajo un gran hervor de vida.
Una noticia, aun olvidada, deja tras de sí un estado de contento o de tristeza, según los casos; un hecho en el cual no se piensa ya, mantiene sin embargo viva la esperanza; una decisión tomada, aunque sea momentáneamente dejada de lado, mueve a realizar determinadas acciones para alcanzar el fin que se pretende; una impresión cambia, algunas veces definitivamente, el estado psicológico de un individuo; un ejemplo trabaja a menudo en secreto; un hábito contraído nos mueve inadvertidamente a seguirle. 2. Voluntario y percepción. - La filosofía perenne que desde la Edad Media se ha venido llamando también escolástica, admite el voluntario virtual, el voluntario habitual y el voluntario en causa.
a) El voluntario virtual existe cuando tomada una decisión con advertencia deliberada, bajo el influjo de ésta, aun cuando por distracción o por otras razones no se advierta de momento, se ponen los actos necesarios para realizarla. Ticio decide robar en casa de Cayo y sin pensar ya actualmente en la decisión tomada prepara las llaves falsas y pone por obra los medios necesarios para conseguir su intento.
b) El voluntario habitual consiste en un estado en que el sujeto se encuentra a consecuencia de un acto y dura hasta que este estado sea retractado o cambiado. Así el estado de pecado dura mientras la voluntad no lo retracta, no se arrepienta y no realice ciertos actos necesarios para la santificación. Este estado, aun cuando no se advierta, dispone siempre a cierto relajamiento y quita el mérito a los actos buenos realizados.
c) El voluntario en causa. Hay hábitos contraídos voluntariamente, hábitos naturales, que más tarde fueron ciertamente advertidos, pero no corregidos por incuria porque la pasión nos instaba a seguir con ellos y de esta manera, fueron reforzados. Los hábitos vienen a ser como una nueva naturaleza y nos arrastran a la acción aun inadvertidamente, pero esto no obstante dura siempre el voluntario en causa, hasta que uno no se retracta y pone en práctica todo lo posible para enmendarse. Las aplicaciones de estos principios son múltiples. De aquí se puede fácilmente comprender cómo, aun cuando el estudio de la s. data de poco tiempo acá, su noción de un modo vulgar tal vez, pero claro, era conocida ya de los antiguos escolásticos y por consiguiente usada en los diversos casos. Ver.
Bibliografía
F. Fenu, Freud , Brescia, 1934
E. Bonaventura, Introducción al psicoanálisis , Barcelona, 1947
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D. Wulshauvers, Les mécanismes subconscients , París, 1925
B. Verzeroli, Etica generale secondo i principi della filosofia perenne , Roma, 1937.