SINTOÍSMO
1. Noción y datos históricos. - La religión nacional del Japón se llama Kami-no-michi , esto es, la vía de los Kami (= dioses) y también Sinto, con el mismo significado, para distinguirla del Butsu-do , vía de Buda. Kami significa alto, superior y es un epíteto que se aplica a todas las cosas que están materialmente en alto, como los cabellos, o que tengan un poder que las haga considerar superiores a los demás, como el jefe de la tribu, como los espíritus de los antepasados convertidos con el tiempo y por influencia de la China en objeto de adoración verdadera y propia comenzando por el Emperador (Mikado), o como los espíritus que personifican los fenómenos y las fuerzas de la naturaleza, entre todos el primero el Sol, Amaterasu, concebido como una divinidad femenina, reguladora de los cielos, tronco de la familia imperial cuyo soberano ha revestido, hasta el final de la segunda guerra mundial, prerrogativas divinas.
Un paganismo por lo tanto estrictamente nacional y que como tal ha subsistido siempre, aun cuando la cultura china y después el budismo hayan elevado el nivel cultural incluso desde el punto de vista religioso. La cultura indígena del país no ha sabido elaborar filosóficamente los datos de la mitología tradicional y ha tenido que ceder ampliamente frente a la más elevada visión moral del budismo.
Este, penetrando de China en el Japón por Corea en 552 p. C., fue ampliamente favorecido primero por las clases cultas para las cuales se presentaba muy superior al grosero naturalismo del Sinto, y después también por el pueblo, cuando dos monjes, Denghio y Kobo (s. IX), supieron injertarlo en la religión indígena del país, dando así origen al Riobusinto, Sinto de doble aspecto o bilateral, en cuanto que las divinidades eran consideradas como manifestaciones diversas, respectivamente sintoísta o budista, de la misma figura divina. El Riobusinto tuvo valor por más de un milenio hasta su abolición ocurrida después de la revolución de 1868.
2. S. de Estado. - De espíritu nacionalista, la revolución volvió a poner en vigor el sintoísmo puro sin conseguirlo por cuanto que el budismo había penetrado ya demasiado profundamente al cabo de trece siglos en el alma japonesa, organizándose en sectas (Tendai, Sin-gon, Zen, Giodo, Sein, Niciren), todas ellas encaminadas a ofrecer a los fieles un refugio en Buda, frente a las perpetuas agitaciones suscitadas por las guerras civiles. De suerte que para mantener firme la estructura de la nación, después de varias alternativas, vista la imposibilidad de imponer el s.
como religión nacional, el gobierno terminó por reconocer (1877) la autonomía de las corporaciones budistas y en 1926 declaró los templos del Estado ( Gingia ) monumentos nacionales y los sacerdotes oficiales del Estado, el homenaje prestado en los templos del sinto una pura ceremonia civil que por medio de las antiguas ceremonias mantiene viva en el pueblo la tradición del país y la devoción al soberano. Basándose en esta declaración formal del gobierno japonés, es decir, que el sinto del Estado es sólo un rito civil, la Iglesia católica declaró (1939) la licitud para los católicos de participar en las ceremonias civiles del sinto del Estado e incluso en los ritos privados con ocasión de matrimonios, funerales, etc., de la vida religiosa del Japón. Este s. laicizado y conservado con objeto de mantener sólida la estructura de la nación ( Koku-tai ) cuenta cerca de 110.000 Gingia , todos dependientes de la Oficina de templos sintoístas, anejo al Ministerio del Interior; el más importante y sagrado es el de Ise, donde se venera la diosa Amaterasu, antepasada de la casa imperial.
3. S. sectario. - Junto al s. del Estado encontramos el s. sectario o religioso. Este comprende trece sectas, jurídicamente reconocidas, nacidas casi todas en el s. XIX, controladas por la Oficina de Religiones, dependiente del Ministerio de Educación Pública, al igual que las demás corporaciones religiosas budistas o cristianas. Los dogmas y el culto de estas sectas se asemejan, salvo modificaciones y adaptaciones, al del s. tradicional.
Sus santuarios no pueden llamarse Gingia , sino Kiokai (iglesia) al igual que los de las demás religiones. El s. sectario, que cuenta en conjunto unos 16.000.000 de adheridos, representa una religión popular no exenta de prácticas supersticiosas. 4. Moral. - La moral del sinto es de tipo aristocrático en cuanto que es emanación de la clase de los caballeros ( Samurai ). El código no escrito, sino traspasado por tradición, se llama Bu-shi-to , vocablo que significa la vía que los caballeros deben seguir. Sus preceptos, de una ética puramente civil, están tomados de la doctrina de Confucio.
Exaltan la rectitud que permite decidir según la justicia y que es el sostén de la vida moral, como el esqueleto sostiene el cuerpo; el valor compuesto al mismo tiempo de audacia y de tolerancia; la benevolencia que hace al hombre sensible al dolor ajeno; la cortesía, siempre que vaya acompañada de sinceridad, de sentimiento del honor, el dominio de sí mismo. El sinto originario puro no se preocupa de la vida interior del individuo para nada. Las antiguas tumbas demuestran por los objetos contenidos en ellas que se creía en una supervivencia del alma, a la cual se le proporcionaba por lo tanto todo lo necesario: supervivencia que se demuestra también por el culto tan difundido de los antepasados.
Pero acerca de la suerte del alma y por lo tanto acerca del premio o castigo en la otra vida el s. se muestra mudo;
cosa que debía influir en la moral, la cual más que de pureza interior se preocupa de pureza física y ritual, considerando como fuente de impureza el contacto del cadáver o de la sangre, las enfermedades como el albinismo y la lepra; en una palabra, todo lo que es molesto, incómodo, repugnante para los sentidos y que se puede cancelar con una purificación ritual. Naturalmente se trata aquí del s. original y no del posterior, que ha desarrollado su doctrina moral con la ayuda del confucianismo y del budismo.
5. Estadística. - Los sintoístas, según los cálculos del P. E. d’Espierres (1934) recogidos en la Guida delle missioni cattoliche (Roma, 1934), son unos 18.000.000, de los cuales 16.500.000 se encuentran en Asia y 1.500.000 en Australia y Oceanía. Tur.
6. Datos críticos. - El s. sectario, considerado como secta, esto es, religión, es puro paganismo, que culminaba hasta hace poco tiempo en la adoración del hombre vivo, el Mikado, y todavía hoy perpetúa la adoración de los difuntos (los antepasados). El culto está embebido además de prácticas supersticiosas. El s. de Estado, no debiéndose considerar ya como religión, no es más que la forma exterior de un encendido nacionalismo que a veces ha justificado todo exceso, hasta el suicidio en beneficio de la nación (v.). La moral sintoísta, como hemos visto, más que inspirarse en la perfección interior consiste en una rectitud externa y en una pureza ritual. Las mismas evoluciones posteriores en contacto con el budismo y con el confucianismo han hecho que con la parte positiva fuese recibida por el s.
también la parte negativa de aquellas religiones. Pal.
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