Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

POBREZA

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1. Desprendimiento de los bienes materiales. - Una de las tres grandes llagas de la naturaleza caída es la sed insaciable de bienes materiales, los cuales una vez adquiridos fácilmente se convierten en objeto de angustiosas preocupaciones y no rara vez se adueñan del corazón humano hasta hacerle renunciar a Dios antes que a una parte de estos bienes. Esta esclavitud es todo lo contrario de lo que Dios quiere y que debiera constituir una verdadera realeza para el hombre. A fin de restablecer el orden descompuesto por el pecado el Señor aconsejó la renuncia a la posesión de los bienes de la tierra (Mat, 19, 21; Marc, 10, 21; Luc, 12, 33; 18, 32). La p. efectiva no es materia de precepto ni condición esencial para la perfección; pero es necesario estar desprendidos al menos internamente de los bienes de la tierra: desprendimiento que constituye una p t espiritual, alabada por el Señor en el Sermón de la Montaña (Mat., 5, 3), y sin la cual la misma p. efectiva no aprovecharía al alma. El desprendimiento interno de los bienes materiales consiste en amar y querer estos bienes sólo en la medida en que son realmente necesarios o útiles para alcanzar nuestro verdadero fin, que es Dios, y en estar pronto a sufrir, si ésta fuese la voluntad del Señor, la pérdida de los bienes materiales sin murmurar o rebelarse contra las disposiciones de la Divina Providencia.

Amar más los bienes materiales es excesivo apego y por lo tanto pecaminoso. La culpa sería mortal si se amasen los bienes terrenos hasta el punto de estar dispuestos a pecar de cualquier modo gravemente por razón de ellos. Los medios para llegar al desprendimiento interno de los bienes materiales son: el pensamiento de nuestro fin y de la caducidad de las cosas terrenas; la sed de los bienes eternos; una gran confianza en el Señor (Mat, -25 ss.).

2. D e s p r en d i m i en t o de lo s d i en e s su p e r i o r e s. - Hay también una p. interna que tiene como objeto los bienes superiores: los conocimientos propios, los talentos recibidos del Señor, la estima y el afecto que nos manifiestan los demás, las alegrías y gozos que nos procuran nuestras buenas obras. Es necesario estar también internamente desprendidos de estos bienes si se desea aspirar a la perfección cristiana. Para el voto de p, v. Votos religiosos. Para la pobreza en el sentido de falta o deficiencia de bienes, v. Miseria. Man.

Bibliografía

Bibliografía

R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior. Buenos Aires, 1944, p. 695 ss.
F. Maucourant, Prueba religiosa sobre la pobreza. Bilbao, 1947
A. Peinador, El voto y la virtud de la pobreza, en Vida religiosa (1947). 12, 140, etc.

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