PADRENUESTRO
1. Noción. - - El Padre nuestro es la oración que Jesucristo mismo nos ha enseñado y recomendado: por está razón se llama oración dominical o del Señor. En efecto, leemos en el Evangelio: Vosotros, pues, habéis de orar de está manera: Padre nuestro, etc. (Mat, 6, 9 ss.; cfr. también Luc, 11, 1 ss.). Se compone de un exordio y de siete pe ticiones; se concluye con el Amén. (<Es la oración más excelente, por haber salido de la mente y del Corazón de Jesús y encierra en siete breves peticiones lo que debemos pedir a Dios como hijos suyos y como her manos entre nosotros.» (Catecismo de San Pío X, n. 425.) Es también la oración más eficaz: a) por ser la más acepta a Dios, ya que le suplica mos con las mismás palabras que nos ha dictado su H ijo Divino; b) porque suscita fácilmente en el alma del que la usa senti mientos de humildad, de veneración, de amo rosa y perseverante confíanza y de confor midad con la voluntad de Dios’, que son las condiciones de una oración bien hecha (véa 'C se Oración). Es la regla y el modelo de cualquier otra oración: «si queremos orar recta y conve nientemente no podemos decir ninguna otra ' cosa que no esté contenida en está oración dominical)) (S. Agustín, Ep. ad:P robam, c. 12, en PL.
33, 602).;2.¿El - El e&dfdjo, brevísimo por las palabras que lo componen, es importan tísimo y cargado de misterio por su conteni do (Catechismus ad parochos, p. 4, n. 369); y es lo más a propósito para disponer a Dios a dar y a nosotros a recibir sus dones. Por que en una súplica dirigida a un hombre el exordio para estar bien hecho debe ser tal que disponga el ánimo del suplicado a es cuchar. En cambio, en una súplica dirigida a Dios el que debe más bien disponerse es el suplicante. Es preciso ante todo abrir el ánimo a la confíanza: por esto se dice Padre (cfr. también Mat, 11, 11). Es necesario apartar el egoísmo, hacerse dignos hijos de un Padre «que hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos y hace llover sobre los justos y los injustos» (Mat, 5, 43): por esto se dice nuestro y no sola mente mío. Finalmente, las palabras que estás en los cielos, a poco que* se consideren, mientras que acrecientan la confíanza, inspiran sentimien tos de humildad y de veneración y enseñan a estimar ante todo las cosas celestiales (cfr. Mat, 6, 33) y a buscar las cosas terre nas solo en función de las celestes. 3. T r e s p r i m e r a s p e t i c i o n e s. - En las tres primeras peticiones como buenos hijos de Dios pedimos: a) que en todo el mundo sea conocido y honrado su nombre; b) que venga su reino; c) que los hombres en la tierra cumplan su santísima voluntad lo mismo que los ángeles y bienaventurados la cumplen en el cielo.
Ante todo pedimos que sea santificado el Nombre de Dios, porque la gloria de Dios debe ocupar en nuestro corazón un puesto por encima de todos nuestros bienes y ven tajas. Por reino de Dios se entiende comúnmente un triple reino espiritual: a) el reino de Dios en nosotros mediante su gracia; b) el reino de Dios en la tierra con la difusión y exaltación de la Iglesia católica; c) el reino, de Dios en el cielo con nuestra entrada en el paraíso. < 'C. En la 'tercera petición hágase tu voluntad fisí en la tierra como en el cielo, pedimos la agracia de hacer en todas las cosas y circunstancias la voluntad lie Dios, obedeciendo sus pantos mandamientos tan pronta y fervorosa mente'cómo los ángeles y bienaventurados le obedecen en el cielo; además pedimos la gracia de corresponder a las inspiraciones di vinas y conformarnos con la voluntad de Dios cuando él nos ViSita con la tribulación.
4. C u a t r o ú l t i m a s p e t i c i o n e s. - En las cua tro últimás peticiones como buenos hermanps pedimos para todos: a) el alimento espiri tual y corporal; b) el perdón de los pecados; c) la defenáa en las tentaciones; d f la libe ración del mal. Cada una de las palabras de la cuarta pe tición el pan nuestro de cada día dánosle hoy está llena de profundas enseñanzas. Bás tenos notar: 1) el tono lleno de confíanza del dánosle, en que se siente como el eco de las primeras palabras Padre nuestro; 2) la invitación contenida en la palabra hoy a dese char toda angustiosa solicitud por el dia de mañana (cfr. Mat, 6, 26) y a renovar cada día muestras súplicas a Dios (cfr. Luc, 18, 1;
I Tes, 6, 17). Las deudas de la quinta petición son nues tros pecados que se llaman deudas porque por ellas hemos de satisfacer a la divina justicia en está vida o en la otra. Condición necesaria para que Dios nos perdone es que también nosotros perdonemos a nuestros her manos: aporque si vosotros perdonáis a los hombres sus faltas, también a vosotros os las perdonará vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados» (Mat, 6, 14 ss.; cfr. también la parábola del siervo deudor: Mat, 18, 35 ss.). En la sexta petición no nos dejes caer en la tentación pedimos a Dios que nos libre de las tentaciones o que al menos nos dé la gracia de superarlas (v. Tentación). Con la ultima petición más líbranos del mal pedimos a Dios que nos libre del sumo mal que es el pecado y de la eterna condena ción que es su pena; y también de cualquier otro mal, al menos de los que nos pueden ofrecer ocasión de pecar. Porque no pode mos pretender el quedar exentos en está vida de todo sufrimiento, de todo lo que nosotros creemos mal, sino solo de lo que Dios ve que es para nosotros un mal. En efecto, los sufrimientos de está vida nos ayudan a hacer penitencia de nuestras culpas, a ejercitar la virtud y sobre todo a imitar a Jesucristo nuestra cabeza, al cual es Justo que nos conformemos en los sufri mientos si queremos participar de su gloria (cfr. Mat, 16, 24; Rom, 8, 17; I Ped, 4, 13, etc.).
La palabra amén al fin de la -ultima petipión significa: así sea, tal como hemos pe dido asi lo esperamos, y confirma nuestra confíanza en las promesas divinas: os digo: todas las cosas que pidiereis en la ora ción confíad en obtenerlas y las obtendréis (Marc, 11, 24).
5. Uso en la l i t u r g i a. - En la liturgia es frecuentísimo el uso del Padrenuestro. Desde los tiempos más remotos (cfr. los comenta rios de Tertuliano y de S. Cipriano) el Pa drenuestro se reza en la Sta. Misa como pre paración a la Comunión. Se reza en el Bautismo, al fin de la Con firmación, en la Extremaunción, en la re comendación del alma, en las Exequias y en casi todas las Bendiciones. Frecuentemente en los actos litúrgicos el Padrenuestro se reza todo o casi todo en se creto, esto es, en voz baja: esto debiera excitarnos a un recogimiento más íntimo, y *a renovar en nosotros el verdadero espíritu de oración conformando nuestras súplicas al modelo de oración que nos enseñó el mismo Jesucristo. Ses.
Bibliografía
Bibliografía
Catechismus ex Decreto Concilii TTidentini ad parochos, p. 4, n. 370-424
Sum. Theol, I I - I I, q. 83, a. 9
P. C h lm i n b l li, II Padre nostro. R o m a. 1941 (c o p io sís im a b ib l io g r a fí a)
A. G u b ia n a s, La oració i» dominical, B a rc e lo n a, 1948.